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Respetable público, pelearán, los rounds que sean necesarios, por el título de la lengua más letal de la región. En esta esquina, de 70 litros y 0.56 por ciento del título nacional de todos los pesos en el 2006, el (c)rudo, que durante su sexenio le apostó al combate al crimen organizado con un saldo que ronda los 100,000 muertos: Felipe Calderón Hinojosa.

En la otra esquina, con una deuda estatal de 323,000 millones de pesos, el estilista y bailarín con la cara dura y el estómago de lavadero (de dinero) que regresa al estado que dejó endeudado, después de su exitosa gira por España: Humberto Moreira Valdés.

Hechas las presentaciones, dichas las características más destacadas de los contendientes, dejémoslos que hagan uso de su retórica porque, valga la advertencia, ésta no será una pelea donde se utilicen los puños; tampoco un combate de lucha libre con piquetes de ojos, topes voladores y espaldas planas. Permítaseme reiterar que este encuentro sensacional y único será de boca hasta que se maten o acaben las elecciones -lo que ocurra primero-.

El esposo de la señora Margarita, el michoacano exinquilino de Los Pinos, aceptó esta pelea con el único fin de ayudar a su correligionario blanquiazul Anaya. Anaya el bueno, por supuesto, porque Anaya el malo es Ricardo, el presidente de Acción Nacional, y un serio competidor de la señora Zavala en la batalla panista para llegar a las grandes ligas de la carrera presidencial. Pero de eso se hablará en su momento.

Por lo pronto, Felipe, que no oculta sus deseos de próximamente dirigir el Sistema Nacional del Desarrollo Integral de la Familia (DIF), el domingo, estuvo apoyando a su compadre Guillermo Anaya, candidato a gobernar Coahuila. De ganar, el compadre de Calderón, y amigo de Enrique Villarreal, alias el Grande, un narco extraditado a Estados Unidos, sería el sucesor del otro Moreira, es decir de Rubén. (Por cierto Humberto y Rubén Moreira Valdés no se ponen de acuerdo para saber quién es el hermano incómodo del otro y no se ponen de acuerdo porque según lo que ellos han declarado se odian y no se dirigen la palabra. También hay quien dice que lo del “odio” es un ardid para que los coahuilenses en particular y los mexicanos en general no pensemos que en realidad son cómplices).

El compadre Guillermo Anaya ha sustentado su promesa fundamental de campaña hacia la gubernatura en algo que a estas alturas suena a puro jarabe de pico. Anaya ha dicho: “Los Moreira van a pagar, ni les debemos ni les tememos, van a responder por sus actos y sus ilícitos. Los Moreira van a devolver lo robado. Y sobre todo: van a enfrentar a la justicia, los voy a meter a la cárcel”. (Este discurso, que pusieron de moda Jaime Rodríguez el Bronco y Miguel Ángel Yunes, ya está en desuso según lo pueden atestiguar los prófugos Duarte y los amparados Medina y Borge).

Por su parte Calderón, según el diario Reforma, habló y acusó a Humberto Moreira de haber protegido a narcotraficantes cuando gobernó la entidad norteña (2005-2011): “Cuando vinieron los marinos del gobierno federal a defender a las familias coahuilenses, a defenderlas de la inseguridad, del secuestro, de la extorsión, del abuso, del asesinato, cuando vinieron los marinos a liberar junto con el Ejército mexicano a los coahuilenses de ese yugo, ¿saben qué me dijo el gobernador Humberto Moreira? Me habló muy indignado, que retirara a los marinos de Coahuila, que no tenían que estar aquí, que Coahuila no tenía mar, que sacara a los marinos”.

Pero Calderón no le estaba pegando -es un decir- a un manco, en su turno al habla, el exgobernador y expresidente del PRI, que contenderá para ser diputado local plurinominal por el Partido Joven de Coahuila, según el diario electrónico sinembargo.mx, dijo: “Que no se haga tarugo, Calderón se robó la Presidencia, se la robó a Andrés Manuel López Obrador en el 2006 (…) es muy parecido a Victoriano Huerta, igual de borracho, igual de ratero, igual de usurpador, igual de hocicón, igual de represor, igual de asesino, ese es Felipe Calderón”.

Se me ocurre preguntarles a los declarantes cómo sabiendo lo que han expresado no hicieron las acusaciones pertinentes en su momento. Y si alguien me pidiera mi opinión sobre los dos boxeadores-habladores, les contestaría lo mismo que le contestó Luis Castillo a Paco Malgesto.

El acorazado de bolsillo

Así le decían al boxeador Luis Castillo, por su baja estatura y fortaleza. Boxeó desde 1940 hasta 1957 y fue doble campeón nacional: gallo y pluma.

El prestigiado periodista Julio Hernández López, autor de la columna Astillero, atribuye la anécdota que contaré al ciclista mexiquense Porfirio Remigio. Está equivocado; lo sé porque siendo muy joven trabajé con Paco Malgesto y, varias veces, lo escuché platicar el chistoso y, en su momento comprometedor, suceso, que aquí va:

Por ahí de 1953 o 54 surgieron como ídolos de la afición Raúl el Ratón Macías y Ricardo el Pajarito Moreno. En una función de box transmitida por televisión, en vivo, no había videotape, el cronista Paco Malgesto le preguntó a Luis, cuyos días de gloria ya habían pasado, su opinión sobre el Ratón y el Pajarito, Castillo le contestó: “Pues mire, Paquito, pa’mí que los dos son ojetes”.