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Ayer vimos un retrato de la soberbia, vileza degradante de la 4-T, cuando al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, sus ayudantes le limpiaron los zapatos en la calle, públicamente y él, petulante, lo toleró vergonzosamente
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El uso de datos tributarios con fines migratorios podría disuadir a millones de personas de cumplir con sus obligaciones fiscales por temor a represalias
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El mensaje respondió a declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que ya se hablaba con representantes de Cuba
Nacional México amplía diálogo sobre minerales críticos con Canadá, Japón y UE, tras pacto con EE.UU.
"Tendremos un diálogo muy similar sobre minerales críticos con otros países del mundo en los próximos 60 días", indicó Marcelo Ebrard
Nacional Balacera en el Centro de Monterrey deja siete personas lesionadas
Entre los lesionados se encuentran cuatro mujeres de alrededor de 40 años, una menor de 15 años y dos hombres de 45 y 55 años

Invitado a hablar a una comunidad de empresarios sobre los riesgos del populismo, propuse usar no solo la palabra “riesgo”, sino también la palabra “tentación”.

Porque, social y políticamente hablando, el populismo no es solo algo que muchos temen como un riesgo, sino también algo que muchos otros ansían como una tentación.

El populismo es una continua tentación de la política latinoamericana, porque suele surgir de un hecho histórico también frecuente en nuestras sociedades: el de modernizaciones inconclusas.

Los sociólogos latinoamericanos han entendido y descrito bien esto: el populismo es una especialidad de la política latinoamericana porque las modernizaciones inconclusas son una especialidad de América Latina.

Las modernizaciones inconclusas: procesos de desarrollo trunco o incompleto. Grandes transformaciones de la economía y de la sociedad que terminan dejando fuera más de lo que incluyen.

Son grandes cambios que desacomodan todo, pero no incluyen a todos. Queda fuera de sus beneficios una masa heterogénea descolocada de sus antiguos referentes: viejas reglas, viejos negocios, masas urbanas empobrecidas, minorías étnicas marginadas, antiguos oficios, restos de la economía tradicional.

Piénsese en el gigantesco reacomodo que fue el proceso de industrialización y urbanización de los años 50, 60, 70, del siglo pasado. O en los reacomodos que ha traído la globalización de las décadas recientes. O en los cambios tecnológicos del último cuarto de siglo.

Esto es lo único verdaderamente común a los populismos latinoamericanos: todos son intentos políticos de dar respuesta a la diversidad de lo excluido, lo insatisfecho, lo marginado, esas consistentes mayorías desprovistas que pueden uniformarse en la palabra “pueblo”, un concepto vacío pero de extraordinarias resonancias emotivas, justicieras, originarias.

No es casual que dos valores constantes en el discurso populista sean de un lado la estimulación del resentimiento social, del otro la promesa de revancha.

El populismo es una respuesta política a estos contingentes desplazados del desarrollo. Una forma de organizar sus demandas de inclusión política y económica. Una forma de exigir mayor parte en los bienes privados y en las rentas públicas.

(Mañana: 2. Hartazgo y promesa)