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Como si se tratara de un triunfo de la selección de futbol, muchos festejaron que la moneda mexicana se recuperara unos centavos después del debate presidencial que claramente ganó la demócrata Hillary Clinton.

Puede generar un poco de tranquilidad que el peso se tome un respiro tras varias semanas de pérdida constante de su valor frente al dólar, pero tampoco hay nada que celebrar.

La baja de 2% del dólar frente al peso, a la par que Clinton se imponía a Trump durante los 90 minutos del debate, no es otra cosa que parte de la misma volatilidad que ha hecho presa a la moneda mexicana.

Implica tanta especulación que se deprecie porque Trump suba un punto en una encuesta a que se aprecie 50 centavos porque responde mal en el debate.

Es verdad que el peso amaneció, en su cotización interbancaria, en 19.50 por dólar. Pero apenas 20 días antes estaba en 18.20 pesos por cada billete verde.

Lo que demuestra el comportamiento volátil de las últimas horas del peso mexicano es que el factor Trump sí es determinante para la cotización, simplemente por la amenaza que un gobierno de este personaje implicaría para los intereses mexicanos.

Pero el fin de la volatilidad cambiaria y la eventual recuperación del peso superan por mucho la alegría momentánea de ganar un debate por parte de la opción menos mala para México.

Las elecciones presidenciales estadounidenses son tan sólo un factor de una larga lista de presiones para los mercados del mundo.

El propio Donald Trump le dio otro abollón al buen nombre de la Reserva Federal y a su presidenta Janet Yellen, al presentar a esta mujer y a esta institución al servicio de los intereses financieros de Barack Obama.

Anticipó que su país está en medio de una gran burbuja financiera que ha creado el banco central como consecuencia de condescender a una presión de la Casa Blanca de mantener bajo el costo del dinero.

Esto, que es una aberración, es un mensaje que llega a este público objetivo de Trump que compra con facilidad estos discursos de confabulaciones y complots.

Al hecho irrefutable de que Trump tiene mucho tiempo para recuperarse de la derrota del debate, hay que sumar la larga lista de temores internacionales que ahí están amenazantes.

Podría situarse enseguida, tras las elecciones y la Fed, la situación que enfrenta una parte de la banca europea. Con epicentro en Alemania e Italia, el sistema bancario de la Unión Europea está en peligro. Esta factura es mundial.

Si fracasan los productores de petróleo agrupados en la OPEP en su intento de frenar la producción desmedida en la que han caído, hay que sumar más malas noticias a los mercados.

Y en lo interno, si el Congreso mexicano hace algo diferente a lo correcto de iniciar la corrección presupuestal, hay que añadir varios centavos más a la presión cambiaria. No es gratuito que el secretario de Hacienda haya insistido durante estos días sobre el peligro de no comprometerse con la corrección presupuestal.

En fin, que la ínfima recuperación que tuvo el peso nos regala tan sólo un pequeño respiro, pero no hay nada de qué alegrarse.

Podrá el peso eventualmente estabilizarse y hasta recuperar algo del terreno perdido, pero todavía no se ve que eso pudiera ocurrir en el corto plazo.