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¿Qué le dice la palabra México a los mexicanos? ¿Cómo resuena en sus emociones, qué asocian al oírla?

Nos responde Julia Isabel Flores en el ensayo preliminar de su encuesta de valores e identidad, “Sentimientos y resentimientos de la nación”, uno de los 25 tomos publicados esta semana por la UNAM: Los mexicanos vistos por sí mismos.

Las tres palabras más asociadas a la palabra México son “país”, “cultura” y “corrupción”. Les siguen en el flujo asociativo: “orgullo”, “tradición”, “inseguridad”, “comida”, “bandera”, “patria”, “nación”.

En la serie saltan las palabras “corrupción” e “inseguridad”. Todas las otras parecen asociaciones afectivas normales frente al nombre, a la vez trivial y sagrado, del propio país.

“Corrupción” e “inseguridad” no son una adhesión, sino una crítica, no hablan de una pertenencia, sino de una distancia, incluso de un rechazo. Esta dualidad recorre toda la semántica nacional de la palabra México.

Es una muestra clara, dice Julia Flores, del “abanico de sentimientos y reacciones encontradas que México suscita, la variedad de afectos que es capaz de movilizar”.

La lista de opuestos sigue. A las notaciones positivas como “orgullo”, “costumbres”, “tradiciones”, “historia”, “cultura”, “alegría”, “satisfacción”, “felicidad”, se oponen “sentimientos negativos y vivencias cotidianas que representan lo que no queremos para México”: “inseguridad”, “violencia”, “corrupción”, “injusticia”, “impunidad”, “desigualdad social”, “apatía”, “ignorancia”, “desencanto”.

Se diría un país dual en sus afectos hacia mismo.

Algo similar suscita la palabra mexicano. Por una parte han quedado atrás los estereotipos del mexicano crepuscular, solitario, encerrado en sí mismo. También las caricaturas populares del valentón borracho, parrandero y jugador.

Las primeras asociaciones que suscita la palabra mexicano son: “trabajador” y “orgullo”. Pero la dualidad reaparece de inmediato.

“Se afianza”, dice Julia Flores, “una imagen muy positiva del nuevo mexicano que empieza a surgir: “honesto”, “leal”, “responsable”, “comprometido”, en abierto contraste con el estereotipo del mexicano “flojo”, “ignorante”, “conformista”, “irresponsable” (voces que hace 20 años se encontraban entre los primeros lugares de mención); pero paradójicamente se combinan con la imagen negativa de “corrupto”, “transa”, “gandalla” y “maldad”, que aparece con el crecimiento de la delincuencia”.

(El texto de Julia Flores aquí: http://www.nexos.com.mx/?p=26746)

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