Un último comentario: con las agencias anticrimen estadounidenses se sabe cómo empieza la relación, pero no se sabe cómo termina. Le deseo la mejor de las suertes
LIC. OMAR GARCÍA HARFUCH,
SECRETARIO DE SEGURIDAD Y
PROTECCIÓN CIUDADANA:
Los reportes en medios indican que le fue muy bien en la gira oficial que realizó en Washington, D.C., como representante del Gabinete de Seguridad mexicano. La información vertida sobre sus entrevistas sostenidas en el FBI y la CIA es políticamente correcta, pero no dice nada más: “Reafirmamos la cooperación bilateral, basada en la reciprocidad, el respeto a la soberanía y la responsabilidad compartida”.
Primero fue su entrevista con Terry Cole, director de la Agencia para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), un funcionario de carrera dentro de la organización, según se describe en el portal de la DEA.
Podría decirse que le llevó un buen regalo, pues mientras ustedes platicaban, siete mexicanos de mala calaña fueron extraditados a los EUA. Todos ellos contaban con delitos graves imputados en diversas Cortes de los EUA, pero lo sorprendente es que fueron arrestados en distintos lugares del país, como Lagos de Moreno, Apodaca, Piedras Negras, Mexicali y Acatlán. Qué mejor muestra de cooperación con EUA y con otras agencias como la Interpol.
Después de su reunión con Cole tuvo usted una entrevista con el Director del Buró Federal de Investigación (FBI por sus siglas en inglés), Kash Patel. Mientras que los puntos de vinculación con la DEA son muy claros, con el FBI son más complejos, pues el ámbito de competencia del Buró es muy amplio. Abarca terrorismo, ciberseguridad, corrupción pública, crimen organizado trasnacional, delitos de cuello blanco, contrainteligencia y espionaje, armas de destrucción masiva y derechos civiles. Excepto los dos últimos, todos los demás ámbitos caen en la esfera del crimen organizado, así como sus vínculos con el poder político y el poder empresarial.
Mientras usted estaba en D.C., México dio otra muestra de que sí hay un cambio de paradigma en lo que al combate del crimen organizado. En uno de los operativos fue detenido Esteban Aguilar Morales, alias “El lobo menor”, líder y sicario de una poderosa banda ecuatoriana, quien es acusado de narcotráfico y de ser el autor intelectual del asesinato del candidato a la Presidencia de Ecuador, Fernando Villavicencio, en 2023. Se dice que su banda tiene fuertes lazos con el Cártel Jalisco Nueva Generación.
En otro operativo, también llevado a cabo el miércoles, 11 miembros de “Los Mayos” fueron abatidos en Culiacán; no queda claro quién inició la agresión, pero el resultado fue palmario. Tampoco quedó claro por qué en una primera instancia fue detenida Mónica Zambada, hija de “El Mayo”, y después fue liberada. Quienes realizaron el operativo no la tenían en su lista, pero resulta que el Departamento del Tesoro sí la tiene inscrita en la lista de su Oficina de Control de Activos Extranjeros; al parecer, en EUA consideran que estaría involucrada en el manejo de recursos ilícitos a través de diversas empresas. A ver qué respuesta da el Gabinete de Seguridad a sus contrapartes.
En otra acción más de tipo judicial, la Fiscalía General de la República solicitó oficialmente a El Universal la narconómina hallada por uno de sus reporteros en las cabañas de Tapalpa, Jalisco, donde fue abatido “El Mencho”. Dicha narconómina proporciona claros indicios de que Nemesio Oseguera daba sobornos a las policías de Jalisco y de Chiapas. Los documentos podrían ser desestimados en un juicio, pero sin duda son la hebra de la madeja para armar otras carpetas de investigación y combatir la connivencia de autoridades con el crimen organizado. Por cierto, en la narconómina se encontraría la recién estrenada con bombos y platillos Fuerza de Reacción Inmediata Pakal, de Chiapas.
Todo lo que aquí narro tuvo lugar en un día y se suma a los 46 mil detenidos que ha reportado la dependencia a su cargo. ¿Será suficiente para convencer al gobierno estadounidense del cambio de estrategia del gobierno de la doctora Sheinbaum? Me temo que no, don Omar. Y, sobre todo, a quien menos convencen es al inquilino de la Casa Blanca. Fueron seis años de “abrazos, no balazos”.
Celebro que haya usted sostenido entrevistas tan importantes, pero las sonrisas de las fotos habría que tomarlas con escepticismo. Los analistas expertos en las agencias anticrimen de EUA dan cuenta de que éstas operan con agendas propias, a veces traslapadas y, más delicado todavía, al interior de ellas se repite la fragmentación. Y a eso es a lo que se ha de enfrentar el Gabinete de Seguridad.
Un último comentario: con las agencias anticrimen estadounidenses se sabe cómo empieza la relación, pero no se sabe cómo termina. Le deseo la mejor de las suertes.
+ Con la colaboración de Upa Ruiz
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