Minuto a Minuto

Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo
Nacional Caída de precios de agave deja campos abandonados y plagas, dicen tequileros
El presidente del Consejo Regulador del Tequila afirmó que aún no existe un censo sobre la superficie abandonada de agave tequilero
Internacional Dos empresas llevan a Trump ante los tribunales; ¿qué pasó y cuál es su argumento?
Ambas aseguraron que sus cadenas de suministro son transparentes y criticaron que los nuevos aranceles perjudican a negocios "responsables”
Internacional Trump ordena colocar advertencia en museo de historia de EE.UU. por “sesgo ideológico”
Trump calificó al Smithsonian de estar bajo una "captura ideológica" por presentar, según él, una visión negativa y parcial de la historia de EE.UU.
Ciencia y Tecnología México impulsa una IA que amplíe derechos y proteja la dignidad humana
El canciller sostuvo que un modelo entrenado únicamente desde perspectivas hegemónicas puede reproducir desigualdades y sesgos

Norm Ornstein fue el único politólogo estadunidense conocido que no se rió de las pretensiones electorales de Trump en 2016.

Desde mayo de 2015, a Orstein le pareció que Trump debía ser tomado en serio porque las condiciones del Partido Republicano eran propicias para un outsider populista.

En su libro de 2012 sobre el Partido Republicano, It’s Even Worse Than It Looks (“Es mucho  peor de lo que parece”), escrito con Thomas Mann, Orstein describió al Partido Republicano como “un rebelde atípico (insurgent outlier): extremista ideológicamente, desdeñoso de la negociación, impermeable a la realidad de los hechos, las evidencias o la ciencia; y descalificador de la legitimidad de sus adversarios”. (The political scientist who saw Trump’s rise coming, Mayo 6, 2016, Vox).

Estas señas de identidad republicanas, según Orstein, tienen su origen en la estrategia diseñada por Newt Gingrich, a finales de los 1970, para revertir la mayoría demócrata en el Congreso y el dominio electoral de ese partido en la mayoría de los estados de la unión.

La estrategia de Gingrich fue asumida por el Partido Republicano en su conjunto, y triunfó: deslegitimó al Congreso y al liderato demócrata, convenció a la gente de que los demócratas eran arrogantes y corruptos, y de que el proceso político de Washington era tan malo que cualquier cosa sería mejor.

Tribalizó la política. Reclutó candidatos y les enseñó a decir cuán repugnantes, despreciables, inmorales o antipatrióticos eran los demócratas. Ganó con esa estrategia la mayoría republicana en el Congreso en 1994. Lo que siguió fue un intento de reventar y deslegitimar al gobierno, no sólo al presidente, sino a las acciones mismas del gobierno en Washington.

Fue un tiro por la culata. Perdieron. Clinton floreció. Pero el discurso antigobierno y anti-Washington floreció también entre los republicanos, durante la presidencia de Obama, bajo la forma del Tea Party y la cadena Fox News.

Los republicanos volvieron a ganar la mayoría del Congreso en 2010. Su trabajo fue demoler la presidencia de Obama.

Quien cosechó toda esta historia de antipolítica no fue un republicano, sino un outsider anti-Washington: Donald Trump.

Si el Trump de 2016 pudo hacer lo que hizo, entre otras cosas, recobrar la presidencia, el Trump de 2024 podrá más. Hay que tomarlo en serio.