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Si los mercados hubieran tomado en serio las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador de buscar la modificación del sistema de ahorro para el retiro y regresarlo a un esquema contributivo piramidal y con cargo a las finanzas públicas, ayer 9 de enero, se habría presentado un día de derrumbe bursátil y pánico cambiario.

Pero no, la verdad es que, a pesar de que todo el mundo le reconoce al presidente la capacidad de tener ocurrencias y la posibilidad de que sus irreflexivos legisladores le cumplan los caprichos, hay claridad de que por ahora López Obrador está en su 4C, su cuarta campaña presidencial y es capaz de decir lo que sea, porque su clientela le cree todo.

Las finanzas públicas terminan el sexenio sobrecargadas por los costos de los programas asistencialistas, la edificación de obras de infraestructura a sobrecostos y con garantía de vivir subsidiadas y con enormes transferencias fiscales, directas e indirectas, a Petróleos Mexicanos.

No habría espacio, ni tiempo, para que una contrarreforma al sistema de pensiones como la que se le ocurrió al Presidente, el fin de semana pasado, aguantara la primera semana de vigencia.

Además, todo se trataba de colocar en el discurso la frase bonita de López Obrador en su 4C para que los potenciales electores escucharan “ya nunca más” o “es inhumano”, con aquello de pretender una propuesta para que los trabajadores reciban en el retiro el mismo salario que perciben en activo.

El Presidente promete, y seguramente debe saber que es imposible, una tasa de reemplazo del 100 por ciento. Lo que sí sabe y muy bien es que ese tipo de políticas populistas del viejo priismo que él respalda son las que han acabado con la salud financiera de empresas como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad.

Los contribuyentes cargan con esos desproporcionados esquemas de retiro y con todos los demás. Este año todo el sistema de pensiones contributivas del sector público le costarán al erario 1,500 millones de millones de pesos.

No habla en serio el Presidente, porque si realmente hubiera tenido intenciones de una barbaridad así lo habría hecho desde el principio de su sexenio. A no ser que, claro, realmente su plan sea quedarse otros seis años usando la presencia de alguien más.

De hecho, López Obrador sí hizo una reforma al sistema de pensiones. Fue a finales del 2020 cuando se aprobaron reformas más bien tibias en el sistema de cuentas individuales y nunca se habló de regresar al esquema anterior ni de tasas de reemplazo de 100 por ciento.

Menos semanas de cotización para recibir una pensión, aumento condicionado de las aportaciones obligatorias, una mejor pensión mínima garantizada y, el escándalo, una reducción por decreto de las comisiones de las Afore. Esa fue su reforma.

Es verdad que hace falta una modificación legal profunda para aumentar las cuotas de ahorro obligatorio, porque también es cierto que los montos calculados de retiro para las primeras generaciones de pensionados de las cuentas individuales serán insuficientes. Para ello se necesita usar capital político y no sólo frases populistas.

Pero eso nada tiene que ver con ocurrencias de campaña de regresar a un esquema contributivo que ya es imposible y menos con tasas de reemplazo de 100 por ciento. Esos solo son desplantes de la 4C.