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Nadie va a declararle la guerra a nadie por las diferencias que en materia eléctrica tienen México y Washington, pero las diferencias quedaron claras este fin de semana.

Como que no le gustó a la secretaria de Energía estadunidense, Jennifer Granholm, la versión que el gobierno mexicano dio de las conversaciones que sostuvieron durante su visita a la CdMx.

Apenas dejó nuestro país, la señora Granholm emitió una declaración cordial pero claridosa, estableciendo posiciones difíciles de conciliar con la política eléctrica del gobierno mexicano y su anunciada ley en la materia.

“En cada una de nuestras reuniones”, dijo la secretaria, “transmitimos expresamente la preocupación real de la administración Biden-Harris por el impacto negativo que las propuestas de reforma de energía en México pueden tener sobre la inversión privada estadunidense”.

Sobre “la inversión privada estadunidense”, escribió la secretaria, no sólo sobre la inversión en electricidad. “Estados Unidos”, siguió Granholm, “valora mucho su relación con México y ve una enorme promesa en las energías renovables para potenciar la competitividad de América del Norte”.

Muy claro, salvo que los ejes de la contrarreforma eléctrica mexicana no son las energías renovables ni la competitividad, sino las energías fósiles y el control estatal del sector por decreto, no por competencia.

“México ha sido bendecido”, sigue la secretaria, “con abundantes fuentes renovables de energía, las cuales, de realizarse a fondo, podrían multiplicar la energía del país más de 10 veces, crear millones de empleos bien pagados y desarrollar una extraordinaria industria de exportación ajustada a un mundo urgido de energías limpias”.

Muy claro también, y esperanzador, salvo que las energías limpias son las que está combatiendo la política eléctrica de México, cuyo propósito es que impere en la industria una compañía como CFE que produce sobre todo energías sucias. Las preocupaciones de la secretaria Granholm fueron endosadas el fin de semana por la secretaria de Comercio, Gina Raimondo, y por la representante comercial de aquel país, Katherine Tai, quien vigila entre otras cosas el T-MEC.

Las diferencias no son bélicas pero son serias. Son visiones encontradas que no caben juntas en la misma vía y al acercarse echan chispas.