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Pareció como una reacción inmediata de la 4T ante el mensaje que llevó a Palacio Nacional el embajador de Estados Unidos en nuestro país, Ken Salazar, y que después él mismo confirmó a través de su cuenta de Twitter: “… Expresé serias preocupaciones de #EEUU…”.

Minutos después de este posteo del diplomático estadounidense, el coordinador de los morenistas en la Cámara de diputados, Ignacio Mier, pareció quitarle toda esa prisa que tenían por someter a votación la contrarreforma energética de López Obrador y habló de abril del 2022 para que, según él, quede aprobada esta barbaridad.

Sonó pues muy lineal y automática la reacción del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ante la primera reacción clara, directa y específica del gobierno de Joe Biden en contra de esta intentona legislativa de echar abajo la reforma energética.

Había también en el ambiente político de ayer una carta más de un importante grupo de legisladores estadounidenses en la que denuncian las acciones discriminatorias que hoy sufren las empresas de su país en el sector energético.

Una misiva muy bien documentada y con la fuerza política suficiente como para que no pase desapercibida en La Casa Blanca.

Pero no, no es esa presión estadounidense la que hizo que le bajaran a la prisa, que no a la soberbia, en torno al intento de aprobación de la contrarreforma energética.

Al interior de ese grupo legislativo, conformado por morenistas, petistas y verde ecologistas, empiezan a surgir reclamos internos.

Y es que ese estilo mesiánico de subir al monte de las mañaneras y descender con las tablas de las iniciativas presidenciales como si fueran mandamientos parece ya no alcanzar entre estos grupos parlamentarios que han sido hasta maltratados por un grupo dominante.

Todos hablan de cómo doblar al PRI para que apoye esta aberración legislativa, pero no hay que perder de vista qué es lo que quieren los grupos satelitales de Morena en el Congreso.

A la par del tuit del embajador Salazar, el coordinador del Partido Verde en San Lázaro, Carlos Puente, decía esto: “Tenemos un principio que nos lleva a analizar esta iniciativa del Ejecutivo federal y es que nosotros sostenemos ante tantas acusaciones y señalamientos que hay, que en el grupo parlamentario privilegiaremos que no se dé ni un solo paso atrás en las energías renovables”.

Y si algo afecta y rechaza la contrarreforma de López Obrador son las energías limpias. Así que, por simple principio, hasta por nombre, ese partido debería ser el primero en oponerse.

Pero más que una repentina iluminación ecológica de este grupo, hay un mensaje claro de que una cosa es apoyar al mejor postor, apoyar a la 4T, y otra muy diferente es estar al servicio y al mal trato del grupo en el poder.

Ya viene el relevo en la gubernatura de Quintana Roo, que tanto ha acariciado la cúpula del Partido Verde y esa podría ser una buena razón para ver con mejores ojos la contrarreforma energética.

Así que, aunque la voz de preocupación y hasta de oposición de Estados Unidos empiece a escucharse, por ahora los problemas en el paraíso de la 4T parecen ser internos en la ruta de esa contrarreforma, que nunca hay que perder de vista que es tan dañina para el país.