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No solo se han abierto ya de par en par las pistas para que empiece la carrera del futurismo político, vale decir, la adivinación y busca de los futuros candidatos presidenciales.

También está abierta la pregunta sobre qué nuevo proyecto de futuro puede tener el país, pues ya es claro a la mitad del sexenio que el de la llamada 4T ha sido un experimento más destructor que creativo. Podría corregir mucho de su deriva río abajo y evitar al menos el naufragio completo.

Pero corregir no parece estar en el corazón apasionado del proyecto, sino persistir. No hay en la llamada 4T espíritu de autocrítica ni hay, por lo mismo, ánimo de corrección.

En el número que circula de la revista Nexos hemos hecho un primer balance de las destrucciones del proyecto en marcha, que capturó las ganas de creer de los votantes en 2018, pero que es ahora una fuente de desencanto, cuando no de rechazo. Una encuesta reciente sobre la revocación de mandato registró un aumento de 10 puntos en la gente que quiere que el Presidente deje su puesto. Entre el mes de mayo y el mes de junio de este año, el contingente revocatorio creció de 31 a 41 puntos (El Financiero, 5/7/21).

Conviene precisar que los revocadores están diciendo algo mucho más fuerte que una desaprobación. Están queriendo que el Presidente deje el poder, asunto mayúsculo que nunca se ha planteado en México y que se abre ahora como una posibilidad por iniciativa del propio Presidente en funciones.

Es distinto decir No apruebo lo que hace, a decir: Que deje el puesto. El rechazo puede deberse a muchos factores, pero lo que se va imponiendo como causa fundamental es la pobreza de los resultados del gobierno. También, cada vez más claramente, la pobreza esencial de su proyecto.

El rechazo puede deberse a muchos factores, pero lo que se va imponiendo como causa fundamental es la pobreza de los resultados del gobierno. También, cada vez más claramente, la pobreza esencial de su proyecto.

Es un proyecto que mira al pasado. No puede ser una oferta de futuro. Pero su paso demoledor es tan intenso que va estableciendo ya, como prioridad primera del siguiente gobierno, incluso si es un gobierno de Morena, la misión de reconstruir, reparar, corregir el rumbo.

Solo ese proyecto, bien planteado, podría abrir a los votantes una opción de futuro, algo en lo que volver a creer mayoritariamente.