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Hoy, que el presidente rechaza a los inversionistas con origen en países democráticos, y los sustituye con empresarios chinos (con origen en un país de dictadura comunista), es de recordar que el fin del gobierno de Peña inició al dar un contrato a una empresa china.

La desaparición de los 43 y la información de la Casa Blanca, coincidieron con el momento en que Peña dio a China la construcción de un tren bala, primero en su tipo en América Latina, con valor por tres mil 750 millones de dólares.

Peña estaba en la cúspide mundial del Mexican Moment, pero todo se le vino abajo y tuvo que cancelar a las carreras la construcción del tren rápido México-Querétaro, dejando colgada a la empresa China Railway Construction Corporation. Y él jamás levantó cabeza.

Y, en los casi dos años y medio de gobierno actual, es México el mayor receptor de inversión china en América Latina. Incluso, el presidente le dio a China la niña de sus ojos: la empresa China Communications Construction Company construye el Tren Maya.

La licitación para construir esa obra estrella del presidente mexicano (por valor de 13 mil 400 millones de pesos) fue otorgada a consorcio Mota-Engil México, que está asociado con la compañía china.

Pero se trata de una decisión de Estado, pues la entidad más importante para el presidente en su juego de sucesión dentro de su partido, la CDMX, dio a la empresa china CRRC Zhuzhou Locomotive la reparación la Línea 1 del Metro, por mil 850 millones de dólares.

Tanto así que quien divulga la relación estratégica empresarial con China es un académico del régimen, Enrique Dussel, el exrector de las universidades improvisadas por el hoy presidente en la CDMX, y que actualmente dirige el Centro de Estudios China-México.

Según Dussel, en 2019 fue México fue el país de la región con mayor de inversión extranjera directa china. Y es una decisión de Estado, porque al hacerlo se pasa por encima del T-MEC firmado con estados Unidos y Canadá.

El capítulo 32, artículo 32.10, del T-MEC, prohíbe acuerdos comerciales con economías que no sean de mercado. Es el carril titulado Non-Market Country y se refiere a China, sin género de dudas.

Aunque, poco después de rubricado el tratado, el embajador de China en México anunció, en una encuentro con el canciller mexicano, que su gobierno financiaría con 600 millones de dólares la refinería de Dos Bocas.

El presidente nombró embajador en China a Jesús Seade, su negociador del T-MEC, lo cual demuestra el nivel de compromiso con China, que es curiosamente muy a lo chino: sin levantar olas, dándole los contratos a empresas mexicanas, pero forzosamente relacionadas con chinas.

Mientras, Washington está muy atento.