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Como en estos 642 días de gobierno van 443 conferencias mañaneras y por lo menos siete “informes” de gobierno, la verdad es que ya no hay sorpresa en lo que dice el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Tiene una misma línea discursiva desde la campaña y la va aderezando conforme necesita reforzar los mensajes propagandísticos que le permitan tratar de mantener su popularidad.

Lo de hoy, con el escándalo Lozoya, es retomar el discurso del combate a la corrupción. En la retórica no tiene oposición, así que podrá darle la vuelta a cualquier escándalo que involucre a su primer círculo y hacerlo girar hacia sus adversarios.

Pero en materia económica no será tan fácil que las palabras presidenciales pasen la prueba de la cruda realidad.

Llama la atención que la 4T reviva la política de sus aborrecidos adversarios y retome la misma estrategia de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray de responsabilizar al exterior de los errores económicos internos.

Así el priismo del sexenio pasado les llamaba a sus malas decisiones económicas: “la crisis que vino del exterior” y la 4T le llama “la crisis económica de la pandemia”.

En lo que sí es más osado el gobierno actual es en pretender compararse con otras economías que a su parecer están peor que la mexicana. Y no cualquiera, para López Obrador estamos mejor que Italia, España o el Reino Unido, que tuvieron caídas porcentuales de su Producto Interno Bruto superiores a la de México.

Y que algo peor todavía. Porque desde su perspectiva aquellos países cometieron el error de aumentar sus deudas para ayudar a sus ciudadanos a sobrellevar la crisis. A diferencia de México que los dejó morir solos, porque hoy ya no se rescata a los de arriba.

En el mensaje presidencial de ayer 1 de septiembre, volvió a aparecer la ya famosa “V” de la recuperación que espera el presidente López Obrador para la economía. Es un rebote que López Obrador debe saber, porque así lo ha hecho público su secretario de Hacienda, que es imposible de alcanzar, pero que alimenta ese discurso de una realidad paralela.

La crisis económica tan profunda, claro que tiene que ver con la pandemia. Pero hay que tomar en cuenta que el SARS-CoV-2 encontró a México con una enfermedad económica preexistente.

Durante todo el tiempo que va de esta administración la industria se ha mantenido en recesión, la construcción en depresión y el consumo permanentemente a la baja. Y la inversión fija bruta no ha crecido un solo mes en todo el gobierno.

Así, la recesión ya estaba aquí cuando llegó el primer caso de Covid-19 a México. La desconfianza ya reinaba entre los inversionistas cuando se tomaron las medidas sanitarias de confinamiento y la caída se hizo más profunda por la falta de apoyos gubernamentales a los agentes económicos.

Va a ser la realidad la que confronte el discurso de la 4T. Cuando pasen los años y las economías con las que hoy nos compara López Obrador estén en pleno crecimiento y México no logre alcanzar los niveles económicos que tenía en el 2018, antes de su primera conferencia mañanera como presidente.