Un simple maestro de danzas

Un día la descubrí escudriñando dentro de mis entrañas, buscando un lugar para anidarse. Entonces sin saberlo le permití volverse una huésped indeseable, una que fue encontrando cómo alimentarse para no morir, tomando poco a poco más espacio instalándose por décadas, transformándose lentamente en una imagen.

Cuando había tomado suficiente espacio, ahora se fue adueñando de mis sensaciones, de mis emociones y un día comenzó a tener voz. Así que comencé viéndome a un espejo y preguntándole a mi inquilina, si no era demasiado provocativo lo que me había puesto, si me veía ridícula o fuera de mi edad. Apareció de pronto una imagen distorsionada, demasiado gorda, demasiado grande, demasiado patética.

Como una plaga se fue adueñando de todo y no voy a olvidar cuando al desnudarme como lo había hecho tantas veces, me sentí incómoda con mi cuerpo, y cada vez fue en aumento al punto de cerrar los ojos para bañarme y taparme aunque estuviera sola. De ahi como dueña y señora, aprendi a consultarla antes de abrir la boca, no fuera ser que dijera algo inapropiado, algo estúpido y ese dia deje de hablar. Deje de tomar la iniciativa, deje de decir que no, de decir que si. Un día ya no me quejaba, pero tampoco me sentía orgullosa. Como una manta me cubrió una sensación de deshonor.

La vergüenza se apoderó de todo, se hizo cargo de mis piernas y ya no pude bailar, de mi risas y las carcajadas a las guarde en un cajón. Deje de ver a mis amigos, el negro se volvió mi color favorito para vestirme, deje de pintarme, de arreglarme el pelo. Me fui volviendo transparente para el mundo y comencé a caminar con un grillete en el cuello que solo yo veía.

Sentada en una banca viendo al atardecer una tarde de invierno, se sentó junto a mi un hombre de ojos penetrantes, por el rabillo del ojo fui agudizando mi percepción, era una presencia intimidante que me seducía lo suficiente para no salir huyendo. Olía a lavanda, tendría unos sesenta años.

“Hablar de un desarrollo armónico es tocar la búsqueda del hombre desde que tuvo conciencia de sí mismo.” Comenzó a decir sin preámbulo alguno. Volté hacia los lados, era imposible que se dirigiera a mi.

“Si es verdad que estamos divididos interiormente, podría ser que lo que pasa es que hay una pluralidad en nuestro ser. Desde esta premisa entonces quizá no exista un “yo” ‘quien actúa, si no que dentro nuestro habitan muchos ‘yoes’ y muchos de estos son contradictorios.”

No entendía, me daba la impresión que hablaba solo, pero al rotar mi cabeza, me ncontre con sus ojos negros y entonces ya no pude moverme más.

“¿Cuándo nos dividimos? Al nacer; en ese momento no sabemos que somos un solo cuerpo, creemos que el mundo es solo nuestra madre, somos un apéndice de ella, pero a medida que crecemos, vamos cayendo en cuenta que somos otro y ahí comienza el proceso de individuación y nos vamos transformando con experiencias que nos van nutriendo. Muchas de ellas dolorosas, pues comenzamos a sentir la amenaza, a darnos cuenta que nuestra madre puede dejar de querernos, que no nos presta suficiente atención, o que nos asfixia pensando que algo terrible nos va a pasar.”

Guardó silencio e inhalo profundo, emanaba una fuerza interna difícil de explicar, su voz era fuerte pero serena, era alguien que hablaba con certidumbre.

Vestido con una túnica blanca comenzó a silbar una tonada. Sacó un cuaderno y comenzó a escribir en un pentagrama notas que se derramaban sobre el papel, como si solas supieran donde acomodarse.

“¿Es usted un compositor?” Pregunté distrayendo a mi verdugo, de pronto la cara se me puso roja como si hubiera dicho algo impropio.

“Amo la música, pero me considero un simple maestro de danzas.”

De piel aceituna un bigote negro ancho y cabeza rapada, mi interlocutor comenzo a tener tintes de maestro, sus palabras me sonaban conocidas.

“Nacemos con un temperamento con una dimensión biológica e instintiva de la personalidad que lleva cargas de la herencia genética, del nivel de alerta cerebral que influyen en el sistema nerviosos y endocrino donde neurotransmisores y hormonas juegan un papel muy importante y que se manifiesta antes que el resto de los factores. Después se va forjando el carácter, una coraza que desarrollamos para protegernos de lo que nos pasa. Disfraces que vamos usando para salir al mundo a presentarnos y con ellos cubrimos nuestra esencia, perdiendo la pureza original con la que llegamos al mundo. Esto lo sé ahora, entonces cuando comencé a pensar en estas cosas y aprender de los sabios de oriente, todo estaba arraigado en un conocimiento ancestral del que pocos tenían acceso.”

La verdad es que esta conversación comenzaba a sentirse interesante, no sabia porque se estaba dando y aun asi, decidi ponerle atención. Mientras escuchaba sus ideas, algo comenzó a moverse dentro mío, Vergüenza estaba incomoda, enojada, quería que me marchara, pero lo que escuchaba era más fuerte, un bálsamo que adormecía mi voluntad impidiendo moverme.

“El hombre es una compleja máquina que ingiere impresiones y excreta conductas y se alimenta de comida, aire e impresiones sensibles para impulsar cinco cerebros o centros que actúan en forma independiente: estos son el intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual. Cada uno cumple sus funciones sin considerar a los otros, por lo cual la máquina humana inconsciente es ineficiente y está atrapada en la mecanicidad.

La atención, la observación de sí y el recuerdo de sí mismo, permiten al hombre liberarse de las identificaciones e imaginaciones que lo mantienen sumido en un estado de sueño hipnótico. Sólo un hombre en el más alto estado de ser es un hombre completo. Todos los otros son meras fracciones de hombre.”

Sin saber de dónde vino de mi boca salió un hilo de voz que dijo “Estas hablando del cuarto camino.”

El maestro sonrió y yo le dije: “He escuchado cómo esta filosofía es peligrosa, como se ha adueñado del pensamiento de Europa durante este siglo; hoy ha permeado sin que se pudiera evitar, muchos la consideran una secta. Un lugar donde el principio del trabajo personal es visto como algo que impulsa el egoísmo.”

Pero él no contestó, no hizo ninguna réplica, siguió hablando como si yo nunca hubiera dicho nada.

“Entonces querida, quizá no seamos uno, no tenemos control sobre nosotros mismos. No controlamos nuestro propio mecanismo y aprendemos a no recordar quienes somos. El trabajo para unir cada fracción comienza con las preguntas esenciales, para que estoy, quien soy y a donde voy. La manera en la que interpretamos el mundo, así como lo percibimos está permeado por fracturas que tocan el abandono, la humillación, la traición, el rechazo, el abandono, la injusticia y desde ahí vivimos como víctimas o victimarios. Vaciarnos para llenarnos de nuevo, nos vuelve protagonistas de nuestra existencia. ”

Vergüenza no pudo más, como una escencia inmaterial de color gris salio por uno de mis oidos. Se colocó en medio de los dos como una barrera para que yo no escuchara más, una nube obscura amorfa que mostraba su fuerza en una energía densa; un demonio, sin duda. Como los son la envidia, la gula y tantos otros que habitan dentro nuestro, es curioso como nuestras fracturas nos llevaron a construir pequeños infiernos aquí en la tierra.

“ ¿Cuando permitiste que ella habitará en ti?” La pregunta cruzó sin que Verguenza pudiera detenerla y entonces como una semilla que cae en suelo fértil comenzó a abrirse camino y comencé a reflexionar.”

“Párate”, entonces mi cuerpo siguió la orden. Colocó una pequeña bocina junto a mi y me pidió que bailara, al sentirme incapaz, cerró mis ojos y me dijo “no hay nadie aquí. Todas las manifestaciones de la vida del hombre son expresadas en formas de movimientos y actitudes, o sea posturas. Desde la más ordinaria hasta las de un nivel superior, cada posible manifestación tiene su propio movimiento y su propia actitud. Un pensamiento tiene un movimiento y una forma que es propia de él. Para una acción sucede lo mismo. Nuestra educación entera consiste precisamente en aprender un completo repertorio de actitudes de pensamiento y sentimiento, y actitudes de movimiento. Este repertorio constituye nuestro automatismo. Pero no lo sabemos. Y aquí hay un lenguaje que no entendemos. Pero no creas nada de lo que digo, cuestiona, pregunta, investiga.”

Al compás de una danza con tambores tribales, mis piernas comenzaron a moverse, mi cuerpo fue tomado por ella, tendones músculos, brazos y cadera. Durante veinte minutos el tiempo se alargó, se transformó en otra cosa, dejó de ser importante, deje de sentir la gravedad y ahi justo ahi mientras el sudor cubría mi espalda llegó una idea.

“No eres suficiente.”

La música comenzó a ser más suave, se fue deteniendo y con ella todo mi cuerpo.

“Respira me dijo, inhala y exhala. Así bailan los derviches, tocando la esencia misma de la vida.”

Cuando abrí los ojos, algo había pasado, una ligereza se adueñó de mi produciendo mucho sueño. Vergüenza no estaba en la silla pero aunque la sentía no lo ocupaba todo. Sorprendida voltee a mirar al maestro; ya no estaba.

Me senté y volví a mirar al horizonte, un sin fin de preguntas me abordaron pero decidí que no buscaría respuestas, simplemente me quedaría ahí por un rato más. Esto no se lo contaría a nadie, sería difícil que me creyeran.

Al poco tiempo en la universidad buscando sobre el cuarto camino, vi su foto. Un simple maestro de danzas de nombre George Ivánovich Gurdjieff maestro místico, escritor y compositor nacido en Alexandropol en Armenia en el siglo XIX, o sea que se me apareció 71 años después de su muerte… Imposible.

En la Introducción de Perspectivas desde el mundo real. Málaga: Ed. Sirio, España, pág 8. encontré un párrafo que dice así “Gurdjieff mostró que la evolución del hombre, es el resultado del crecimiento y desarrollo interior individual; que tal apertura interior es la meta de todas las religiones, de todos los caminos, pero que requiere un conocimiento directo y preciso, y sólo se puede adquirir con la ayuda de algún guía con experiencia y a través de un prolongado estudio de sí y del trabajo sobre sí mismo».

Inhale, desde el día de mi encuentro con él, ahora respiro mejor, estoy más presente, ahora sé que fue él, uno de mis múltiples maestros. Así me he dado a la tarea de escudriñar en mi infancia, de buscar cuando se instauró en mí esa idea loca de no ser suficiente. Un introyecto que acompañó gran parte de mi vida y que invito a Vergüenza a anidarse. Ahora aparecía con menos frecuencia, ya no es dueña, simplemente es un apéndice mio con el que he aprendido a convivir, así he comenzado a transformarse, a recordar quien soy.

He buscado maestros de Eneagrama, me encontré con Claudio Naranjo y descubrí la sombra de cada eneatipo. La mente humana me apasiona, ahora sé que sin afecto no hay sinapsis y que para mi el no ser suficiente, se instauró en mi fractura con mi madre.

Sigo en eso, encontrando y limpiando mi casa interior. Me he dado cuenta que el proceso de transformación es para toda la vida, que uno no termina de conocerse del todo, que es como pelar una cebolla hasta encontrarse uno con su propia esencia, reconociéndose así como es, luz y sombra.

Y Dios sigue estando presente en mi alma y su sonrisa acompaña mi corazón, no he expulsado todavia como había sido advertida si seguía aprendiendo de maestros como Gudjief.

Por DZ

Claudia Gómez

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