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Nowruz

Tres dedos, un bote de miel, enciendo la vela y saboreo el dulce néctar cobijada por el silencio de mi cocina. Esto me preservará de la enfermedad, como lo han hecho tres mil años de tradición del otro lado del globo terráqueo.

El 21 de marzo señala el momento exacto en el que el sol cruza el ecuador celestial, dirigiéndose hacia el hemisferio norte. Un equilibrio perfecto entre el día y la noche, antesala a una temporada de renacimiento, crecimiento y renovación en muchas culturas.

En distintas partes se celebra este día pero hoy mi mirada se ha postrado en países  con una fuerte influencia cultural persa, como  Afganistán, Albania, Azerbaiyán, India, Irán, Pakistán, Tayikistán, Turquía, Uzbekistán, y partes de Irak. La riqueza cultural de cada país agrega sus propias creencias, leyendas y ritos, componentes que enriquecen un convite que simboliza la  limpieza espiritual y renovación personal.  Se desechan las viejas tensiones y se abrazan las nuevas oportunidades.

El hombre actual ha cambiado la fiesta por el rendimiento, el trabajo ha suplantado todo lo demás, en “La desaparición de los rituales”. Byung-Chul Han aborda este tema destacando que no es simplemente un período de juerga y distensión, sino que representa una forma de terminación que da inicio a un tiempo completamente distinto. Advierte lo fundamental, que es el que no perdamos la importancia en el significado profundo del festejo, como un momento sagrado y de sosiego, que contrasta con la totalización del tiempo de trabajo en la vida contemporánea. Yo no puedo estar más de acuerdo, y por eso me doy a la tarea de conocer los rituales y las fiestas de otros lugares. Mi casa se viste de día de muertos, navidad, festejo los cumpleaños, el día de la madre, del padre y hago mis rituales cuando sale la luna llena, en los solsticios y encuentro momentos para festejar. Sin ello la vida se torna monótona, dura y la mirada se fija en todo aquello que no hay.

Así que con la intención de conocer distintas maneras de festejar el equinoccio, decidí acercarme al otro lado del mundo. Si algo bueno tiene esta era digital, es que me puedo trasladar al mundo persa sin moverme de lugar. Si a esto le añado la idea loca de que mientras mi mente viaja, mi cuerpo puede comenzar a sentir el peso de la ropa colorida y sus accesorios, que puedo oler las especias, las hierbas y el perfume con olores a mandarina fresca, jazmín, orquídea y rosa, entonces tengo un escenario completo que me hace creer que de verdad estoy ahí.

Puedo bailar con las mujeres y entrar en alguna casa donde los elementos simbólicos de Nowruz incluyen el Haft-Seen, una mesa decorada con manzanas, espejos, peces y trigo germinado, cada uno con un significado especial que representa la renovación y la prosperidad, entonces me siento agradecida.

Cuando me incluyo en algún otro lugar, adquiero la capacidad de entender su idioma, de conocer un poco de las tradiciones porque no quiero ser irrespetuosa. Hoy hace un calor seco que me molesta, odio  el calor, me da sueño, me hace sudar y baja mi presión. Así que decidí buscar donde encontrar una sombra. Frente a una casa pintada de blanco está Istar, una mujer bellísima de ojos negros, con el vientre abultado, saludo y le pregunto si puedo pasar, y como hoy es fiesta y es costumbre invitar, me señala con la mano y entiendo que puedo hacerlo.

Al entrar veo el patio central lleno de flores que han comenzado a brotar los primeros días del mes, pasamos a una habitación a la que llaman Iwan, llena de tapetes, cojines y mesas bajas, un par de ventanas de diseño arqueado y abovedado dejan pasar la luz y una brisa fresca,  me sienta en el piso sobre unos cojines bellamente bordados, me ofrece un vaso de Doogh, una refrescante mezcla a base de yogur, agua, sal y menta. Los iraníes valoran mucho la privacidad, por lo que separan arquitectónicamente los espacios personales de los espacios públicos, donde se llevan a cabo reuniones sociales y familiares. Escucho a los niños entrar y salir de la casa, su risa se impregna en la fresca vivienda.

Pregunto si pudiera contarme cual es significado de los elementos que hay sobre la mesa, entonces con una delicadeza sorprendente me señala a los brotes germinados de trigo, cebada, judía mungo o lentejas,y me dice “esto es Sabzeh representan el renacimiento y el ciclo de la vida, habla de crecimiento y la renovación, marcando el comienzo de un nuevo ciclo. Este budín de trigo germinado es Samanu: Simboliza la dulzura y la abundancia en la vida, la prosperidad y la buena fortuna para el año venidero, pero según mi abuela tiene más bien un significado de poder y  fuerza. El espejo invita a la  autorreflexión. Los pescados son vida y fertilidad.

Señalando me dice: “Senjed un fruto del espino cerva”, para mí es más bien una aceituna. “Este  se asocia con el amor y la conexión espiritual. Representa la unión entre las personas, fomentando relaciones armoniosas”.

“Este lo reconozco es un ajo le digo emocionada”  “Seer representa la salud y la protección. Es un símbolo de protección contra enfermedades y malas energías, promoviendo la salud y el bienestar”. En ese momento una sonrisa cruza mi rostro, pues el ajo en otros lugares sirve para mantener a los vampiros alejados, o como en México que se relaciona con rituales para alejar energías negativas, protegerse de la envidia y el mal de ojo.

“Manzana” le digo y ella responde  “Seeb simboliza la belleza, representa la fertilidad, tanto en términos físicos como espirituales, y se relaciona a la armonía. Este le llamamos Somāq”, al olerlo me entra un olor fuerte que conozco, “es una especia triturada de bayas de zumaque que simboliza la salida del sol, pero mi abuela dice que representa sabiduría, simboliza la paciencia necesaria para superar los desafíos, así como la sabiduría adquirida a lo largo de la vida, y por último Serkeh”  este lo reconozco, huele a vinagre, “simboliza el poder divino y las bendiciones divinas que guían y protegen a las personas en su camino”. Con esto quedó pensativa, los elementos han incluido las creencias de diversas culturas, pues según me dice una de sus abuelas es Turca, la otra nació en Afganistán. Mi mente me lleva a mi altar de muertos, que ahora incluye calabazas sumándole un elemento del mundo celta.

En esta tierra, hoy algunos limpian su  hogar y reciben la visita de  familiares y amigos, pero también se hacen donaciones a los necesitados. Mientras, las calles se cubren de espectáculos callejeros de música y danza, rituales públicos con agua y fuego, deportes tradicionales y elaboración de artesanías.

Su huella histórica la convierte en mucho más que una simple celebración: es una tradición arraigada que une a comunidades en todo el mundo en un espíritu de alegría y esperanza para el futuro, pero también ha sido marco de protestas por las libertades en países extremistas como en Irán, aprovechando un escenario que impulsa la demanda de cambios y renovación. Las Naciones Unidas habla de Nowruz como una fiesta que se ha celebrado por más de 3,000 años en los Balcanes, la cuenca del Mar Negro, el Cáucaso, Asia Central, Oriente Medio y otras regiones.

Sus raíces se encuentran en el zoroastrismo, una antigua religión practicada en Persia, que veía la llegada de la primavera como un triunfo sobre la oscuridad.

La riqueza de las leyendas que  rodean los orígenes de Nowruz,  es sorprendente, así se destaca a un mítico rey persa llamado Jamshid. Unos creen que ascendió hacia los cielos el primer día de primavera, inspirando a la gente a conmemorar ese día,  otros hablan de como derrotó a su hermano gemelo, Ahriman, personificación de la oscuridad y la muerte, trayendo prosperidad a su reino ese mismo día. Así  instauró nuevas  reformas religiosas y se dice que construyó un carro que cruzaba los cielos.

También se habla  de una figura folclórica iraní, un personaje cómico elegido para gobernar durante “los últimos cinco días del año”. Este “rey temporal de cinco días” llamado Mir Nowruzi, se encargaba de dirigir la ciudad con un grupo de cantantes y bailarines, llevando a cabo una especie de desfile festivo. También hay quienes apuntan a que estas festividades tienen sus raíces asociadas al dios mesopotámico de la agricultura y los rebaños, Tammuz (sumerio Dumuzi).

Es hora de marcharme, me hace falta estar por aquí más que un rato, leer, investigar, preguntar, conocer, para entrar en lo profundo y llenarme de la riqueza de estas tierras, me llevo una embarradita apenas de la grandeza de esta cultura, invitada a regresar en otro momento, agradezco a mi anfitriona el permitirme entrar en su recinto.

Antes de partir me dice que espere, saca de un bello baúl un pequeño pergamino y me lo entrega, se hace hincapié de que no lo puedo leer hasta llegar sana y salva a mi lugar de origen. Las muestras de afecto como los besos en público no son comunes debido a las restricciones culturales y religiosas, así que coloco mi mano en el corazón en son de agradecimiento, agacho la cabeza, me doy la vuelta y salgo a recibir el caluroso sol que se posa sobre mi piel.

Son las cinco, he regresado, me siento en el piso ya no traigo la ropa, y el olor a hierbas que impregnaba mi piel ha desaparecido. Desenrollo el pergamino hay un poema de Rumi Rumi, conocido como Jalāl al-Dīn Rūmī,  un destacado místico y poeta sufí en lengua persa, que nació alrededor 1207 en Balkh (ahora en Afganistán), conocido por su poesía lírica y su epopeya didáctica “Masnavi”. Tuvo una influencia significativa en el pensamiento místico y la literatura en todo el mundo musulmán. Sus profundos conocimientos sobre el amor, la espiritualidad y la experiencia humana llegan hasta mí desde hace mucho, y es inevitable sentirme serena y en paz .

 

Susurros de amor

El Amor susurra a mi oído:
“Es mejor ser presa que cazador.
Sé el Tonto mío.
¡Deja de ser el sol y se un grano de arena!
Reside junto a mi puerta como indigente.
no quieras ser vela, sé polilla,
para que pruebes el sabor de la Vida
y conozcas el poder secreto del servicio.”

Lo leo tres veces y pienso, tal vez Rumi personifica el amor, retratándolo como un susurro que aconseja abrazar la vulnerabilidad y la humildad. A mí me viene muy bien recordarlo. Las líneas “Es mejor ser presa que cazador”, me sugieren que es más beneficioso ser capturado por el amor, que perseguirlo agresivamente. Y soy fiel testigo de ello.

¿Un tonto en el amor, deshacerse del ego para volverse tan insignificante como un grano de arena? Cuando uno se rinde humildemente a las puertas del amor, se abre la posibilidad de experimentar la esencia de la vida, y comprender el poder transformador del servicio.

Cuando habla de ser una polilla en lugar de una vela, implica la importancia de buscar guía e inspiración internas, en lugar de validación externa, esto sobre todo esto es algo tan complejo, me da la impresión que uno pasa la vida así, buscando pertenencia. La belleza de entregarse al amor, abrazar la simplicidad y descubrir el profundo impacto del servicio desinteresado es sin duda, una lección para recordar. Para mí un suspiro de tierras lejanas, un recordatorio de para qué estoy aquí. El próximo iré a un retiro con un maestro Sufi, le preguntaré si mis elucubraciones están cerca del profundo significado, o si hay algo que no he entendido.

Lo voy a guardar en un lugar donde me sea fácil encontrarlo, seguramente me servirá cuando necesite recordar, cuando comience a perderme en la vorágine de la vida citadina.

DZ

Nota al margen Novruz, Navruz, Nooruz, Nevruz, Nauryz o Nowruz, el nombre y pronunciación varía dependiendo cada lugar, fue inscrito en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO y cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional del Nowruz.