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MANIAC

Me sucede con frecuencia que cuando confío en alguien que tiene mis mismos gustos, no averiguo mucho de que se trata cuando de libros estamos hablando,  me tiro al vacío y me zambullo en el contenido para recibir normalmente grandes sorpresas. Este fue el caso.

Últimamente estoy teniendo poco tiempo para leer, la ciudad de México y sus traslados eternos, el trabajo y el quehacer cotidiano me dejan poco margen para hacerlo. Así que oigo lo que puedo en una aplicación que es buenísima y tuve suerte, encontré la recomendación; una joya llamada MANIAC de Benjamín Labatut.

La aventura comenzó con la carátula del libro, está despertó  mis primeras preguntas, generando una inevitable posibilidad de hacerme alguna idea, esto más el nombre fue tejiendo internamente un diálogo interno. ¿Se tratará de un psicópata que va a usar una bomba? Pero las siglas me parecían conocidas, MANIAC fue la primera computadora capaz de almacenar programas en memoria, leyendo a partir de tarjetas perforadas, lo que permitió un cambio rápido en los programas y una mayor eficiencia en la ejecución de tareas.

Cuando se da a luz un libro como este, uno se pregunta ¿qué más es posible?

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Nací con la explosión de la tecnología, me tocó ver el primer hombre en la luna, estudiar programación en una máquina llamada Burroughs modelo B5000 que se encontraba en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1980. Soñaba con irme a La Estación Espacial Internacional (EEI) y quedaba anonadada leyendo a Isaac Asimov Asimov cuando planteaba la idea de robots con capacidades cognitivas avanzadas. Pero fueron sus Tres Leyes de la Robótica, que establecen que un robot no puede hacer daño a un ser humano, debe obedecer las órdenes de los seres humanos y debe proteger su propia existencia siempre y cuando no entre en conflicto con las dos primeras; entonces se me puso la piel de gallina. ¿Qué pasaría si los robots se sublevaran y rompieran estas leyes?

Kubrick confirmó  mis locuras desafiandome, el día que abrazada en una butaca me transportó frente a la gran pantalla a acariciar la posibilidad de que una máquina con inteligencia artificial llamada HAL 9000 L, se revelaría en un viaje a Jupiter matando a dos astronautas.  Era Odisea 2001 que me dejó con la boca abierta.  Durante muchas semanas estuve buscando respuestas para los monolitos negros, esos dispositivos multipropósito que podian transmitir información, manipular biológicamente a los seres vivos y distorsionar dimensionalmente desde que el hombre aparecio en el planeta y no, no llegue a nunguna respuesta que convenciera.

Me tocó ser testigo de la condensación de las grandes máquinas al primer ordenador de pantalla HP 150, lanzado por Hewlett-Packard en 1983, de ahí al teléfono celular, las tablets a contar ahora con Chat openai y Perplexity entre otras.

Tras este recorrido es entendible porque MANIAC me ha parecido extraordinario. Una novela que desafía los límites de la razón en términos de tecnología,  atravesando los delirios inquietantes de la ciencia ficción y materializando nuestra capacidad de creación en materia de la inteligencia artificial.

Labatut en una entrevista refiere que uno no puede escribir si por dentro no ha vivido un evento transformador. Quizá es así, sigo convencida que uno no aprende si no ha tenido que atravesar el pantano de lo doloroso, acompañado de las fauces del sufrimiento. Es a través de ellos que podemos evolucionar, no hemos aprendido a hacerlo de otra manera y sin duda la sangre derramada de millones en la segunda guerra mundial nos dió las herramientas para los avances tecnológicos que hoy tenemos.

La pregunta existencial si la inteligencia artificial es un arma que hemos construido y terminará por destruirnos, sigue rondándome. Ahora los Líderes de la industria de la IA como Geoffrey Hinton, considerado el “padrino de la IA”, han renunciado a sus trabajos para advertir sobre los peligros de esta tecnología, diciendo que hay posibilidades de que esta inteligencia nos lleve a la extinción en las próximas tres décadas. Lo mismo piensan algunos de la Cumbre de CEO de Yale agregando que IA será lo suficientemente avanzada para volverse “potencialmente incontrolable”. Todo esto me genera nuevamente  inquietud; hoy esta inteligencia artificial, ya tiene la capacidad de intuir, ¿cuánto falta para que aprenda a sentir?

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Pero vamos a hablar de la novela, sin duda la forma de llevar narrativamente genera mientras uno se pierde en ella, muchos cuestionamientos en cuanto a la forma, a mi a diferencia de algunas críticas que he leído, me pareció muy bien lograda, extraordinariamente bien documentada y sobre todo que me cautivo acariciando los recuerdos de mi admiración y mis preocupaciones  sobre la tecnología. Debo confesar que pese haber estado gran parte de mi vida sumergida en ella, no conocía nada de  la vida de Jhon Von Newman.

Arrancar una novela con un sacrificio me parece audaz. A partir de ahí fui perdiendo el marco referencial del presente manejando por instrumentos a mi destino ya que escuchar un libro genera una forma distinta de lectura.  Alcanzo a ver a Paul Ehrenfest físico austriaco, íntimo amigo de Einstein,  con su bigote y cara de melancolía, uno de los físicos teóricos más importantes de principios del siglo XX, Puedo imaginar la época, el cine ha hecho lo suyo y la literatura sobre la segunda guerra mundial me ha dado imágenes que son la referencia para trasladarme.

Corre en el almanaque 1933, mata a su hijo Vasily que tiene síndrome down y que además está enfermo, antes de suicidarse. Quizá lo hizo pensando que no lo podría seguir cuidando, atravesando tribulaciones acerca de la física cuántica que le generaban confusión y frustración. Esto, sumado al nazismo y su inestabilidad emocional, minaban su salud mental. La tensión que se genera con el disparo y la mala suerte de que el chico no muriera en ese preciso momento, me pareció desgarrador.

De ahí conocemos al personaje central del libro que  es Jhon von Neumann, un matemático húngaro que sentó las bases matemáticas de la mecánica cuántica, trabajó en el Proyecto Manhattan que diseñó las bombas atómicas que acabaron con Hiroshima y Nagasaki y creó el primer computador moderno.

La novela va siguiendo la vida de von Neumann desde su meteórica carrera hasta su muerte, acompañado de las voces de su segunda esposa y su hija, zambullido  en el engranaje clave del complejo industrial-militar americano. Mientras luchaba con el cáncer que acababa lentamente con él, al ser expuesto a la radiación de las pruebas de la bomba nuclear como sus compañeros. Von Neumann contempló ideas que podrían amenazar la primacía de la especie humana.

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El libro culmina con la batalla entre un hombre y una máquina, representada por la disputa entre Lee Sedol, un gran maestro de Go considerado uno de los juegos más antiguos y complejos del mundo, con una historia que se remonta a más de 2.500 años, y el programa de inteligencia artificial AlphaGo que aprende no procesando datos humanos sino aprendiendo de sí mismo. Esta batalla sirve como advertencia sobre los retos que nos enfrentaremos a medida que nuestras creaciones tecnológicas adquieran cada vez mayor independencia.

Terminar  en el último párrafo con Alpha0 lanzado en 2018, me ha dejado pensando, brillante comenzar un libro con un ritual de sacrificio para terminar con el nacimiento de algo más grande.  ¿Será que intuyendo el peligro en el que estamos, podamos  darle la vuelta para que la tecnología no sea nuestra propia arma de autodestrucción?

DZ