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#LaPeorMamá Soy mala madre hasta para mi perra

#LaPeorMamá Soy mala madre hasta para mi perra - #LaPeorMamá Lo que puede lograr un niño
Foto de Archivo

No solo de mis hijos, me di cuenta que también puedo ser #LaPeorMamá de mi perra

Como algunos de ustedes saben, tengo 2 hijos humanos y uno perruno; bueno una. Y no, no la trato como humano, pero sí la adoro. Hannah lleva conmigo más de 12 años, prácticamente lo que llevo casada.

Hannah nos ha acompañado en todos nuestros cambios de ciudad y casa y es lo máximo. Siempre entiende perfecto en donde tiene que ir al baño. No importa si hay jardín, patio o un baño de visitas, ella lo logra a la perfección. 

Tiene sus cosas, es una perra bastante grande ya. En años humano ella ya tiene más de 80 años. ¡Son un montón!

Y sí, ya tiene achaques de viejita. 

En este último cambio de ciudad, de plano de dió el viejazo. O quizá ya lo había dado y ahora se hizo más evidente.  

La realidad es que yo estaba muy pendiente de la reacción de mis hijos ante el cambio de ciudad y casa. Hablé mucho con ellos y pláticamos sobre lo que nos hacía sentir dejar Monterrey y llegar a la CDMX, de lo bonito que sería estar cerca de la familia y lo triste que era dejar a los amigos y la escuela, en fin de todo.  

Realmente no me detuve a pensar demasiado en mi perra. Por supuesto que se tomaron decisiones incluyéndola como viajar en coche y no en avión, rentar un lugar en donde ella pudiera estar, etc.  

El día que comenzó todo el rollo de la mudanza, y llegaron los señores a empacar, yo llevé a Hannah a pensión, pues para ella es muy estresante ver gente agena a su casa. Se pone muy nerviosa y todo mundo se quiere comer.  

Así que estuvo de lunes a jueves con el veterinario de Monterrey, que la verdad la consiente un chorro, tanto que se la lleva a su casa en lugar de dejarla en la veterinaria.  

El jueves viajamos a la CDMX y aguantó como las grandes las 10 horas de camino. Se quejó menos que los niños la verdad.

Al llegar, le llevé a la pensión de una amiga pues aún no íbamos a quedarnos en nuestra casa nueva, sino con mis papás. Y en su casa, no pueden estar los perros adentro. Por supuesto que si la dejo afuera llora toda la noche y nadie duerme. 

Mi amiga la recibió de lo mas amorosa y la cuidó los días que duró la llegada y acomodada de muebles en el nuevo hogar. Una semana más. Si, mi culpa crecía cada día más por no tenerla conmigo.  

El día que la recogí, salió cojeando; cosa que no había hecho en todos los días que no la vimos; por lo que asumimos que estaba entumida o algo así. 

La primera noche en el depa nuevo fue un suplicio para ella. No entendía nada y no sabía a dónde ir. Muy entendible. Además, estaba súper enojada conmigo, así que prácticamente no se  me acercó ni me hizo caso en 2 o 3 días. Entiendo su enojo. Quizá pensó que ya la había abandonado.  

Un día después, nos dimos cuenta que le dolía mucho la pata. Por lo que decidimos llevarla al veterinario.

El señor de la casa se rifó en la tarea, pues ella no quería estar conmigo. 

Esto del veterinario es como ir con cualquier médico de humanos. Hay que hacer un historial médico cuando se va por primera vez para saber los antecedentes y preexistencia, en fin.

“Señor su perra tiene un soplo, y probablemente glaucoma. Tiene lastimada la pata y para saber realmente que es hay que sedarla, pero no puedo hacerlo hasta saber que todo está bien. Así qué hay que hacerle análisis y la tiene que revisar el cardiólogo para que lo apruebe”

Ayuno para los análisis, medicamento para el dolor y el estómago porque las medicinas le iban a hacer daño. Gotas para los ojos y toda una serie de indicaciones para administrar lo que le mandaron. 

Tengo que decirles que cuando la vi llegar del veterinario, sin quererse mover por el dolor y sin querer comer, me quebré. Lloré de pensar que no estaba bien y que quizá algo de lo que yo había hecho en los últimos días había hecho que empeorara. 

La culpa no me dejó en varios días. 

Sé que es la edad, que con ella vienen varios achaques y que hay que cuidarla mucho para que se sienta mejor. Y por supuesto eso es lo que haremos. 

Aquí la tenemos, cuidándola, apapachándola y vigilándola. No solo de mis hijos, me di cuenta que también puedo ser #LaPeorMamá de mi perra. 

Gracias por leer

#LaPeorMamá

Por Claudia García Reyes

Twitter: @la_peor_mama

#LaPeorMamála peor mamá
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