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#LaPeorMamá. Persiguiendo sueños
Foto de Archivo

¿Ya les he contado que la primera palabra de #minispeedy, mi hijo mayor, fue gol? No mamá, no papá, no leche, no agua: GOL.

Siempre ha tenido un balón o una pelota cerca, y sin importar que el balón era más grande que sus piernas lo iba pateando de aquí para allá.

Hay unos videos maravillosos de él tirando a una portería y gritando emocionadísimo “¡gol, gol!”, celebrando con los brazos arriba o con una marometa.

Su sueño, por supuesto es ser futbolista.

Desde que pudo entrar a una escuela de futbol, a los 3, ha estado ahí y no hay nada que haga que falte a una práctica. En verdad es muy feliz en los partidos y ha aprendido muchísimo de frustración, resiliencia y compañerismo en el camino. Sin mencionar lo importante que es que haga deporte y tenga algo más en qué enfocarse que videojuegos, tele y videos.

Por supuesto que los dos años de pandemia no han ayudado mucho en el desarrollo del pobre futbolista, pero cada vez qué hay oportunidad sigue jugando. Por cierto, su equipo llegó a la final del torneo en diciembre, final que aún estamos esperando que se reprograme y por supuesto que se gane.

Cómo toda mamá, apoyo sus sueños. Pero si soy honesta, en mi mente está que aún y cuando ama el futbol, probablemente estudiará una carrera y hará algo increíble con su vida en otro ámbito que no será el futbol.

Mi mente estaba muy en paz con esto hasta que, el fin de semana vi la peli “Rey Richard”, sobre la historia del papá de Serena y Venus Williams y como logra que lleguen a jugar tenis profesional contra todo pronóstico.

Siempre pensé que los niños tienen que ser niños y jugar y tener tiempo de disfrutar la niñez.

La vida de mis compañeros de escuela que iban todos los días a entrenar y no podían ni siquiera reunirse para hacer un trabajo en equipo no me latía para mis hijos.

De hecho, el señor de la casa fue uno de esos niños y cuando lo conocí y me contaba de los entrenamientos diarios, a veces antes de ir a la escuela y luego saliendo, yo pensaba: eso no es vida para un niño, y tampoco para los papás que son esclavos también de los entrenamientos.

Ahora que mis hijos nadan por las tardes, los invitaron a nadar los sábados. Sin pensarlo mucho dije que no porque odio levantarme temprano los sábados. Y en realidad, sí les gusta nadar pero también les gusta dormir y cuando les conté también dijeron: No ma, los sábados por favor no.

El señor Williams me dejó helada. No paró, nada lo detuvo hasta lograr lo que se propuso. Y me dejó pensando si quizá tengamos que hacer algo diferente con respecto a la pasión de mi hijo por el futbol.

Si ya vieron la película, sabrán y si no, disculpen el spoiler, que a las niñas les gustaba el tenis pero quien realmente moría porque llegaran a profesionales era el papá. Muchas cosas me molestaron del señor, como su doble moral de decirles que debían ser amables y humildes y cómo él era sumamente egoísta y presumido en determinados momentos.

Digamos que su forma de educar no estaba muy apegada a la crianza respetuosa pero definitivamente logró su cometido a base de esfuerzo, dedicación, sacrificios y muchísima perseverancia; así como la de sus hijas.

No sé. Sigo pensando. ¿Tendré un Messi en potencia y no lo estoy dejando brillar? ¿Debo cambiar las cosas?

En fin. Uno de esos grandes dilemas de la paternidad que se me presentan casi todos los días.

¿Tú tienes hijos en deporte de alto rendimiento? Cuéntame.

Gracias por leer
#LaPeorMamá