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#LaPeorMamá Pena ajena

#LaPeorMamá Pena ajena - #LaPeorMamá Lo que puede lograr un niño
Foto de Archivo

Acabo de descubrir que le damos pena ajena a #minispeedy. Sí, a mi hijo de 8 años, tanto el señor de la casa como yo, le damos pena ajena

A todos nos ha dado pena ajena ¿no?

Ese momento en que alguien hace algo y lo única que queremos hacer es escondernos en algún lugar porque “qué oso” que la otra persona esté haciendo eso.

Yo recuerdo haber tenido pena ajena de mis papás muchas veces. No se enojen porfis. Pero lo recuerdo como en la adolescencia. En esa época en la que no importa que hagan, tus papás te caen fatal o te dan pena ajena. No recuerdo haberlo sentido de niña, la verdad.

Pues ¿qué creen? Acabo de descubrir que le damos pena ajena a #minispeedy. Sí, a mi hijo de 8 años, tanto el señor de la casa como yo, le damos pena ajena.

¿Cómo puede ser eso posible? ¿Qué no se supone que debemos ser sus héroes? ¿Qué no se supone que quiere ser como sus amados padres?

¡Pues no!

Y ¿saben qué es lo peor? Que le damos pena aún y cuando no hay nadie más presente.

El otro día estábamos cenando y, el señor de la casa, que tiene un gran talento para componer canciones inexistentes utilizando el ritmo de cualquier canción comenzó a cantar algo así como que los niños están cenando algo super rico y les encanta lo que les cocino.

De pronto vi a #minispeedy escondiéndose tras sus manos y moviendo la cabeza de un lado a otro.

¿Qué pasó? ¿No te gustó la canción de papi de hoy? – Le pregunté. Porque diario hay mínimo una canción.

Mmmmm. – Respuesta profundísima.

Al ratito nos pusimos a bailar una canción que salió en la lista que estábamos escuchando, seguramente fue una de Camilo porque últimamente es lo único que escuchamos porque #miniplausi lo ama. Y pues a nosotros se nos mueve la patita con cualquier ritmo así ‘que baile que baile‘.

Exactamente la misma cara que antes.

¿No te gusta como bailamos? Baila con nosotros.

No gracias.

En ese momento me cayó el veinte. Que por cierto acabo de saber que esa frase hace referencia a los teléfonos públicos de hace mucho tiempo que funcionaban con monedas de veinte centavos y sabías que podías empezar a hablar porque se escuchaba que caía la moneda de veinte dentro del teléfono. Pero me estoy desviando.

Les decía que en ese momento me di cuenta de que le dábamos pena.

¿Te damos pena? – Le pregunté a mi chamaco que nos veía entre sus deditos mientras se tapaba la cara.

Pues un poquito.

Pero si no hay nadie que nos ve.

Silencio.

¿De plano lo hacemos muy mal?

Mal no. Pero no me gusta.

Híjole. ¿Qué vas a hacer cuando invites a tus amigos a la casa y nos vean?

No mamá. Enfrente de mis amigos no pueden hacer eso.

¿Porque no? Si es bien divertido. Igual y hasta tus amigos quieren cantar y bailar.

No creo. Pero mejor no invito a mis amigos.

No he podido superar el asunto. Sé perfecto que no debo molestar a mis hijos, pero ahora cada vez que hay música puesta, ósea casi todo el tiempo, y pasa #minispeedy le canto a todo pulmón y lo saco a bailar.

Oiga, tan jacarandosos que somos en la familia y a este le da pena, no podemos vivir así. Lo tengo que cambiar de bando. No hay más. No puede vivir sintiendo pena por sus divertidos padres.

En su defensa, a veces si hacemos cosas que dan pena.

Gracias por leer

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