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#LaPeorMamá. No le gusta mi comida
Foto de Archivo

Si hay algo que nos puede mortificar a las mamás, es que los hijos no coman. Se vuelve una lucha constante cuando los niños no comen. O si no les gustan las verduras o las frutas.

Empezamos a buscar trucos para que los chamacos se coman todo, porque alguien nos dijo que todo nos tenemos que comer.

Les ponemos verduras molidas en las sopas, o revueltas con la carne o el pollo. Les rogamos y rogamos. Los llevamos al pediatra o al nutriólogo, los amenazamos. Todo, hacemos todo porque nos aterra que se nos mueran de hambre o desnutrición.

Ok, ok. No que se mueran pero pareciera.

Cuando #minispeedy cumplió 2 años dejó de comer. Antes de eso comía de todo. En un inicio pensé que era el cambio de la comida de la guardería a la mía y después aprendí que era una etapa.

¿Cómo me di cuenta? Leí un libro maravilloso que me ayudó a entender por qué a veces los niños no comen, o no les gustan algunos alimentos o les dejan de gustar.

Es uno de los libros que más paz me ha dado durante la maternidad. Finalmente me ayudó a dejar de preocuparme al extremo por si mi hijo comía o no de todo y en el momento en que “tocaba”.

Sí claro, con gusto te comparto el título del libro: “Mi niño no me come” de Carlos González. Si tienes angustia porque tus hijos no comen, vale la pena que lo leas.

Pero me desvíe terriblemente. En realidad hoy vengo a contar mi trauma. No es que mis hijos no coman, aunque algún día lo fue.

Hoy mi gran frustración es que #miniplausi me diga que no le gusta absolutamente todo lo que cocino. No importa que sea. No importa si ya lo había probado antes y le encantó. Nada le gusta.

Después de discusiones, corajes y comer lo mismo todas las semanas, decidí que le daría gusto unos días pero otros me daría gusto a mí, al hermano y al señor de la casa.

Me cansé de cocinar pensando en que sí le gustará. Porque además jamás le atinaba.

Así que, cuando me dice que algo no le gusta o no se lo quiere comer ella va al refri y se prepara algo más. Porque como bien decía mi mamá: esto no es restaurante. Pero ahora que paso por ellos a la escuela y comen en el coche, esa opción no existe.

Hoy les llevé pacholas. Para quien no las conoce es carne molida con pan, huevo, cebolla y perejil; tipo hamburguesas. Años haciéndolas. Pero hoy decidió que eso no le gustaba.

Desde que le di su recipiente con comida comenzó el drama.
– No quiero.
– No me gustan.
– No voy a comer.
Todo a grito pelado.
– No traigo otra cosa. – Le dije. – Si no las quieres cómete aunque sea el arroz porque no vas a tener energía para nadar.
– No. No quiero nada.

Por dentro mi sangre hervía. Tenía ganas de aventarle la comida en la cabeza. Pero mi
prudencia y autocontrol ganaron.
– Si no quieres no comas. En la noche que lleguemos cenas.
– Pero me voy a morir de hambre.
De verdad no solté la carcajada pero ganas no me faltaron.
– La única que puede decidir si comer o no eres tú.
Al cabo de unos minutos me dijo.
– Dame mi comida por favor. Voy a hacer un esfuerzo.
Y se comió todo lo que le había puesto.
¿No que no tronabas pistolita?
Hoy salió bien. Hoy comió. Mañana quien sabe. Ya les contaré si se queda sin comer.

Gracias por leer.
#LaPeorMamá