#LaPeorMamá. Mamá, hay un niño que me molesta
Foto de Archivo

Mi hijo saliendo del entrenamiento de futbol, para variar en el coche:
– Mami. Hoy no me gustó ir al entrenamiento.
– ¿Y eso? – Pensando que tal vez el profesor lo había regañado o que había perdido la cascarita.

Porque si hay algo que mi chamaco ama es el fut y espera los entrenamientos y los partidos con toda ilusión.

– Es que X me molestó mucho.
Ya saben que yo a lo primero que me voy es al sentimiento. – Y eso, ¿cómo te hizo sentir?
– Pues triste. Mi corazón se siente muy herido.
– ¿Quieres contarme?
– Todo el entrenamiento me estuvo pateando mi balón hasta el otro lado y no me dejaba trabajar. Iba por él hasta el otro lado y me lo volvía a patear.

Y yo pensaba: Ay, che chamaco. Pero hasta ahí.

– Pero después mamá, cuando fuimos a tomar agua, me quitó mi bote y me echó el agua encima.

Eso ya no me gustó. Y no es que el que le pateara el balón sí me gustara pero digamos que lo vi como un comportamiento natural en un niño de 9 años.

– Y ¿qué le dijiste a X?
– Pues que no me gusta que me moleste y que me enojó que me echara el agua encima. Pero no me hizo caso y siguió.
– Sí debes estar muy molesto. A mí tampoco me gustaría que me hicieran eso. Oye, y, ¿le dijiste al entrenador?
– Sí. Me dijo que iba a hablar con él pero creo que le valió. No entiendo por qué, si ya le he dicho que no me gusta que me moleste, siempre lo hace.
– ¿Cómo que siempre lo hace? ¿Ya te había molestado antes?
– Sí. Cuando perdimos en la final me dijo muchas groserías porque a mi se me pasó un balón que luego fue gol.
– ¿Groserías?
– Sí.
– Bueno, entiendo que ese día estaba muy enojado porque habían perdido la final. No por eso debe insultarte pero quizá no supo cómo expresar su enojo. ¿Ha pasado algo más?                                          – Sí. Siempre que me ve con alguien de algún otro equipo me dice traidor. Pero, mamá, yo puedo tener amigos de otros equipos y no por eso soy traidor. Además, ¿por qué jugaría con alguien de mi equipo si me molesta y me lastima?
– Claro. Tú puedes ser amigo de quien quieras no importa en qué equipo esté. Una cosa no está peleada con la otra. Pero a ver, ¿te ha lastimado físicamente?
– Solo una vez que me agarró con su mano del cuello. Y sí me lastimó.

Ahí sí se despertó la mamá orangután. Empecé a sentir cómo se me calentaba el cuerpo y luego los cachetes empezaron a quemarme. Mi primer pensamiento fue: hijo de la …. Me va a escuchar ese chamaco. Y luego recapacité y pensé que si le decía algo me iba a meter en un gran problema, esa no es la forma.

Así que recobrando un poco la compostura le pregunté:
– ¿Cómo te puedo ayudar?
Entre los dos comentamos algunas ideas como que fuera yo a los entrenamientos a ver qué pasaba, hablar con el entrenador los dos, hablar con sus papás, etc.

Finalmente me dijo:
– ¿Podrías hablar con sus papás? Igual y a ellos sí les hace caso y me deja de molestar.
– Si eso es lo que quieres claro que lo puedo hacer.

No saben, tengo un nudo en el estómago desde entonces, mi cabeza da miles de vueltas sobre cómo abordar la situación con los papás. Siempre he sido de la idea de que los niños pueden y deben arreglar sus diferencias entre ellos pero sé que estas ya no son diferencias, esto ya está cayendo en el abuso y no puedo ni debo permitirlo.

Qué irónico que justo hace una semana escribía yo sobre el bullying.

No puedo ocultar que sentí mucho enojo y miedo pero lo que me llevo de esto por el momento es que mi hijo confía en mí y siente que puede decirme cualquier cosa que le pasa.

Aún no hablo con los papás. Sigo dándole vueltas al asunto pero ya les contaré en qué acaba todo.

Gracias por leer
#LaPeorMamá