#LaPeorMamá El baño público


#LaPeorMamá El baño público - Foto de archivo
Foto de archivo

Por Claudia Ma. García Reyes Herrera (@plausi1)


Hoy voy a contar una de esas historias que no viví en carne propia pero me parecen lo suficientemente divertidas o interesantes para contar. Sí, ya le pedí permiso a mi amiga para contarla. Debo decir que ya le debo varias.

Todos tenemos algunos issues ¿no? Digamos nuestros traumas. ¿Uno mío? La puntualidad. Pues mi amiga en cuestión tiene problemas severos con los baños públicos. Yo sé, a nadie nos gusta, no es padre tener que ir a un baño público pero en mi caso, cuando tengo que ir, tengo que ir. Es más, puedo decir que conozco absolutamente todos los baños de los supermercados, para mí ir al super es como un laxante, y hasta ahí llegaré conmigo, demasiada información. Pero volvamos a mi amiga.

Mi amiga, si va a salir a carretera corta su ingesta de líquidos un día antes para no pararse en ningún baño público. No importa que muera de deshidratación. Primero eso que ir al baño. Si va a cualquier lugar prefiere que primero le reviente la vejiga antes que poner un pie en el baño, podría casi asegurar que ni siquiera al baño de mi casa ha entrado. Puede pasar mil horas sin ir al baño. Y miren que lo dice alguien que pronto sufrirá de incontinencia de tanto aguantarse. Ella me rebasa por mucho.

Claro, ella no contaba con lo interesantes que los baños les resultan a los niños. Por alguna razón los niños, y creo que más las niñas, visitan todos, absolutamente todos los baños de cualquier lugar. Basta llegar a un restaurante para que decidan ir al baño y basta que no se nos ocurra empezar a comer caliente porque llega la temida frase “mamá popó”. ¿Por qué? He llegado a pensar que su esfínter tiene una conexión a mi boca. Ok no, eso se lee muy mal. Pero me entienden ¿no? A todas nos pasa. Pues gracias a sus hijos la pobre sufre, sufre tremendamente, quiere matar a sus hijos cada vez que le piden ir al baño en un lugar público, lo he visto, lo he vivido con ella y me he reído a morir. Y ella pues se aguanta con tal de no ir pero sus hijos no tienen la culpa, así que con muchos esfuerzos los lleva bajo la consigna de no tocar nada, no voltear y casi no respirar.

Pero este fin de semana le sucedió una de las mejores anécdotas que le he escuchado y miren que tiene varias.

Fue a un concierto de Guns N´ Roses en el festival Mother of All que se llevó a cabo en el parque Fundidora en Monterrey. No sé si han asistido a uno de estos festivales de música, yo no, pero les cuento lo obvio, no hay baños. Bueno sí hay, Sanirent, o sea baños que no solo son públicos sino portátiles. No sé a quien se le ocurrió la idea de recolectar desecho humano. Es una idea súper ganadora pero neta me causa conflicto pensar a quién y sobre todo bajo qué circunstancias se le ocurrió. Ay, me les voy. Bueno, estos baños básicamente son solo un contenedor de desechos porque obviamente no hay una tubería. Pues mi amiga ignoraba toda esta información. Jamás había entrado a uno.

Por causas femeninas de fuerza mayor tuvo que ir al baño. No le quedó de otra, aún y cuando no había tomado una gota de agua. Allá va aquella mujer muerta de miedo y asco al baño pensando que sería ir como al baño del súper o de la gas.  Y les voy a contar tal cual lo que me contó:

Abrió una puerta y vio que el baño estaba roto. Yo pensé [¿cómo que roto?] pero la dejé seguir hablando. Abrió la siguiente y vio el baño roto también. [No entiendo, ¿habrán estado mal los baños?] Yo sí sabía que tipo de baños ponen en esos eventos. A la tercera puerta que abrió y vio el baño roto fue con una señorita y le dijo:

  • Oiga ¿qué todos los baños están descompuestos?
  • ¿Cómo descompuestos?
  • Sí, no tienen tapa, no tienen depósito de agua ni palanca para jalarle. Están todos sucios.

Ajá, así como se están riendo se rió la señorita en la cara de mi amiga y yo me imagino que entre risa y carcajada como pudo y sin poder casi hablar y con el poco respeto que podría quedarle por ella después de semejante burla le dijo:

  • Señora, así son esos baños. Son portátiles. No se les puede jalar. Ahí cae todo.

Obvio por su mente pasaron cualquier cantidad de cosas, pero creo que la que dominó fue: ¿Por qué a mi? Así tuvo que entrar, no había de otra. Sin tocar nada, sin voltear y conteniendo el aliento. Maldijo a todo el que se le ocurrió poner esas porquerías. Por supuesto que en todo el concierto no bebió nada de nada con tal de no regresar. Y por supuesto que el marido se burló hasta el cansancio. Aunque pienso que seguro se sigue burlando, como yo.

Sí, soy mala, muy mala. Me burlé eternamente de su peripecia pero es que solo a ella le pasan esas cosas. O bueno solo a ella le afectan tanto porque ahora que lo pienso, ese mismo día yo fui a pasear al centro de Monterrey y tuve que entrar con #miniplausi a uno de esos y ya hasta lo había olvidado. Ajá, los baños para mí no son un tema, hago donde sea. ¿Más información?

Yo no sé si a ustedes les ha tocado entrar a uno de esos baños, a mí sí y no solo una vez sino varias y la verdad son de lo más desagradables, pero es lo que hay y cuando la naturaleza llama, no hay mucho que hacer. Aunque debo decir que he visto baños portátiles más limpios que algunos baños de gasolinera eh.

Yo solo les doy un consejo siempre carguen toallitas húmedas, papel y gel antibacterial, porque con los chamacos o sin ellos, uno nunca sabe qué baño tendrá que visitar, con eso estamos del otro lado.

Gracias por leer.

la peor mamá