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#LaPeorMamá Casi se termina la tradición
Foto de Archivo

¡Ay las tradiciones!

En toda familia, en toda casa existen muchas tradiciones. Algunas las heredamos de nuestras familias, otras las vamos adoptando en el camino. Y eso hice yo con los famosos duendes.

Es una tradición de los estadounidenses que conocí cuando #minispeedy tenía unos 3 años.

Se trata de un duende que llega el 1 de diciembre y se va el 24 de diciembre y es como un espía de Santa Claus. O sea, el duende se encarga de decirle a Santa si los niños se portan bien para que tengan regalos. Además hacen travesuras todas las noches con su magia.

A mi me pareció divertido y bastante útil en el momento. Así que llegó Elfie a nuestra vida y cuando #miniplausi estuvo más grande llegó también Lilly.

Hay diferentes reglas para estos duendes y como en todo pues aplico lo que me acomoda.

Por ejemplo, se supone que los niños no pueden tocar a los duendes porque pierden su magia, sin embargo en mi casa esa regla no existe porque mis hijos aman llevar a sus duendes de arriba para abajo.

Las travesuras no las hacen diario, tengo que aceptar que no siempre tengo la imaginación o la energía para ello. De hecho he recurrido a comprar kits que ya tienen todo planeado.

Pero siempre nos divertimos creando y sobre todo viendo a los chamacos descubrir las travesuras e intentando descifrar cómo le hacen los duendes para escribir, trepar, jugar, etc.

En alguna ocasión sí los hemos usado para poner una advertencia sobre los comportamientos.

Hace un par de años el duende le entregó a #miniplausi un pedazo de carbón con una carta que decía que Santa estaba muy triste por los berrinches que le hacía a mamá y que le dejaba la muestra de lo que iba a llegar al árbol si continuaba haciéndolos.

Por supuesto la pobre chamaca se llevó el susto de su vida e hizo un gran esfuerzo por no hacer berrinches. Hoy sé que los berrinches se solucionan de otra forma pero en aquel momento recurrí a los duendes y fue muy eficiente.

En fin, a lo largo de los años hemos jugado y disfrutado junto con los duendes hasta que cuando llegaron este año, sucedió lo que no había sucedido y que tantas mamás reportan.

A #miniplausi le dio miedo el asunto de los duendes.

Este año los duendes llegaron el día que pusimos el árbol de Navidad como los años
anteriores. Todo fue felicidad hasta que un par de noches después me encontré a mi hija muy seria sentada en su cama aferrada a Lilly antes de dormir.

– Te veo triste.
— Estoy asustada.
– ¿Me quieres contar por qué estas asustada?
— Es que ya no quiero que Lilly se vaya de mi cama. Siento que me ve cuando duermo y me da miedo.

¡Changos! Y ¿ahora? El señor de la casa y yo nos volteamos a ver con cara de preocupación.

– Bueno corazón, si tu no quieres que haga travesuras podríamos hablar con ella.
— Es que sí quiero que haga pero me da miedo.

En ese momento me vinieron a la cabeza todos aquellos comentarios que había leído y
escuchado: Está de miedo eso de que los duendes cobren vida y hagan travesuras.

Es algo que no había pensado que sucedería. Vaya, no había sucedido en los años anteriores. No pensé que sucediera después.

Por supuesto que esa noche no hubo travesura porque hablamos con Lilly y le pedimos que se quedara en la cama. Pero teníamos otro problema: #minispeedy sí quería travesuras.

Entre mis hijos, tan creativos y resolutivos que son, decidieron dejarles una carta a los duendes donde les preguntaban si podían verlos y escucharlos, y les contaban del miedo de #miniplausi.

Esta que les escribe tiene una mente muy rebuscada a veces y no encontraba cómo responder aquella carta, redacté como 5 diferentes en mi cabeza. Pero el señor de la casa tan práctico y conciso como es, contestó que todo era magia y amor por parte de Santa y que lo que menos querían era asustar a nadie.

— Entonces solo lo hacen porque nos quieren ¿verdad? – Concluyó mi hija menor.

Y fue así como la tradición de los duendes siguió viva. Al menos este año.

Ustedes, ¿qué tradiciones siguen?

Gracias por leer

#LaPeorMamá