Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La Calva

La Calva

Fama de berrinchuda y de salirse con la suya; parece que de niña logró que su papá la llevara a navegar, llegándose a cortar el pelo rojo que él le decía que era un impedimento

Hay un ambiente de zozobra, un barco argelino está al alcance y el capitán no está en la proa. La tripulación desconcertada, el mar está picado y las cosas se deslizan de un lugar a otro mientras izan las velas. Esta vez entro en el escenario sin problema; no tuve que pensar en la ropa, me la enfundo en un segundo. Tengo la piel curtida por el sol, estoy impregnada de ese olor nauseabundo entre pescado y falta de baño. Traigo el pelo graso y con la lengua veo que me faltan dientes. Llevo sombrero y los zapatos tienen dos grandes hebillas. La humedad se acentúa con el frío. Estoy todo, menos cómoda y sí, me he metido en el cuerpo de un hombre.

 

Foto de El Clarín.
Foto de El Clarín.

 

Los gritos de los marineros comienzan a hacerse más fuertes “¡Capitán, capitán piratas!”. La piel se me eriza, ahora estoy apanicada. Como estoy cerca de la puerta que da a los camarotes me piden que vaya por él. Bajo las escaleras de madrera con gran rapidez y al fondo escucho el llanto de un niño. Toco la puerta, me pide que entre y encuentro a una mujer con un bebé recién nacido entre los brazos, es el camarote del capitán, pero no veo a ningún hombre.

Con una voz contundente me grita “acércame la ropa limpia que está en la mesa y cuida al bebé.” Se quita la camisola ensangrentada y sale con su espada enfundada en el pantalón, en el pasillo empieza a girar instrucciones. Yo sostengo al bebé que llora y no estoy entendiendo nada.

Pasado un largo rato regresa al camarote, la mujer de pelo rojo y semblante pálido, ha logrado que su tripulación se reorganice y han ganado la batalla. Arriba ya no se oyen las voces desesperadas, el orden va tomado los espacios de la carabela y ella una vez más sigue haciendo honor a su envergadura y el respeto de su tripulación se fortalece mientras tiran los cuerpos de los asaltantes por la borda.

 

Foto Especial / Archivo Claudia Gómez.
Foto Especial / Archivo Claudia Gómez.

 

Dueña de un vasto territorio en las costas de Irlanda, Grace O’Malley cuenta con todo lo que se necesita para ser un gran líder. Hija de lideres, esposa de líderes, temida como pirata y respetada por sus súbditos como defensora de la causa irlandesa ante la presión de Inglaterra.

Nacida noble, apodada “La Calva” y mejor conocida como “la Reina del mar de Connaught.” Viuda por primera vez a esta altura del relato y con tres hijos que le ha dejado su marido, además de procurarse con su flota y sus bienes, aunque la ley y la familia de él, no lo quisieran. Lo logró a base de ganarse a cada uno de los marineros, a cada uno de los mercenarios, soldados y mercaderes. A una mujer así no se le dice que no.

Embelesada con el ser humano que tengo por delante le extiendo al bebé, el niño al encontrar el pecho de su madre se calma y ella me pide que le ayude con agua dulce para bañarlo y que le quite las sabanas ensangrentadas. Parece inaudito lo que estoy viviendo, una mujer en pleno siglo XVI que capitanea su barco mientras está embarazada, que da a luz y además pelea con gran entereza.

“Se llamará Theobolt” me dice sin mirarme. Es el primer hijo de su segundo marido.

El mar se ha tranquilizado, parece que la paz va cobrándose el espacio y yo hoy me he convertido en su más fiel servidor.

A veces pasa que uno encuentra fechas del nacimiento y muerte de alguien, pero en el caso de Grace nadie se pone de acuerdo, solo se especula que debió nacer cerca de 1530 en Irlanda de una familia noble que le procuró una educación refinada.

Tiene fama de berrinchuda y de salirse con la suya y parece que de niña logró a base de gestionar por todos los medios que su papá la llevara a navegar, llegándose a cortar el pelo rojo que él le decía que era un impedimento para llevarla con él. Así que cuando la vio tan decidida se la llevó a España a un viaje de negocios y de ahí salió el apodo de “La Calva”.

Un día en un enfrentamiento con piratas siendo ella apenas una niña, salió con un cuchillo a atacar por la espalda a un hombre que iba a matar a su padre, desobedeciendo una vez más las instrucciones de esconderse. Gritó tanto que pudo prevenirlo y le salvó la vida. Este hecho le concedió el privilegio de ir con su padre y a partir de ahí la llevó a todas partes, mientras aprendía del negocio del comercio y se fijaba en como izar las velas, como agarrar una espada, como pelear hasta la extenuación y como hacer transacciones mercantiles.

En el camarote mientras revisa los mapas de navegación le pregunto sobre su familia y me narra su linaje, orgullosa menciona a su padre “Se llama Owen Dubhdarra O’Malley, nacido noble y heredero de una amplia flota con la que realiza transacciones comerciales. Además de presionar a los pescadores que navegan por sus aguas para cobrarles impuestos”. Una sonrisa ilumina su rostro y con picardía me guiñe un ojo.

Le paso los instrumentos para marcar la ruta y me narra la historia de su primer marido a quien desposó con apenas 16 años de nombre Dónal An-Chogaidh O’Flaherty, con quien tuvo tres hijos, dos niños y una niña. “Junto a él me dedique al comercio marítimo, a la piratería y a sembrar el terror en los castillos cercanos, algunos de los cuales tomamos por la fuerza. Pero al morir me afane en defender los amplios territorios que habíamos conquistado. Seis años después, me casé por segunda vez con Richard Burkeo. Esta vez lo he hecho amparándome en la ley de Brehon que estipula que la relación conyugal se extendería un máximo de un año. Cosa que está apunto de pasar y con ello me quedaré con algunas propiedades estratégicas para ampliar mis posesiones”.

Cuando uno es quien lleva el mando en la narración el tiempo puede achicarse o alargarse a conveniencia y en resumen durante los siguientes años acompañé en la flota a distintos destinos. Pero durante la guerra de nueve años entre Inglaterra e Irlanda, Grace se unió a la lucha peleando contra viento y marea del lado de sus compatriotas. Eso de ser católicos se había convertido en un problema para los ingleses, pues podían unirse con sus enemigos los españoles y eso era una amenaza grave.

Yo me he vuelto un gran marinero, ya no vomito a diestra y a siniestra por la borda, he superado la disentería y otros males que me aquejan y las encías ya no me duelen. La comida sigue siendo pésima y escasa pero parece que a todo se adapta uno.

El Earl de Desmond, la a tomado prisionera, yo estoy en otra embarcación lejos de ahí y me entero junto con la tripulación varias semanas después. Este se ha vengado de todas sus intrusiones, de robarle sin piedad en sus territorios humillándolo hasta el cansancio. La lleva de un lugar a otro para que no podamos encontrarla. Sin saber bien porqué, la suelta en 1577 y de ahí en adelante desaparece de los records ingleses reapareciendo en 1586. Yo me quedo en tierra disfrutando de un paisaje hermoso y feliz porque me he hecho rico. La generosidad de Grace procuró que cada uno de sus hombres estuviera bien provisto y repartía los botines entre su tripulación.

Mientras, Sir Richard Bigham es nombrado gobernador de Connaught y su hermano, que es capitán de un barco, mata al hijo mayor de Grace. Aterrado por la venganza comienza una campaña de desprestigio que la coloca en una situación complicada incluso al borde de perder sus bienes. Y él, para detenerla, toma prisioneros a dos de sus hijos.

Aquí ella toma una decisión arrebatada, con ese arrobo y determinación que la caracterizaba llevó a su flota a Inglaterra y entró por el río Támesis a ver a la reina. Yo me he subido a uno de los barcos, esto no me lo pierdo por nada. Entre junio y septiembre probablemente en julio, la reina acepta verla y vestida de amarillo con algunas canas a cuestas Grace de unos cincuenta años fue recibida en el palacio.

Me he situado entre la corte, quiero observarla, verla entrar majestuosa como reina de los mares. El silencio se hace en el gran salón ocupando el espacio. Ataviada con sus más finas galas, la reina la observa con curiosidad. Grace ha llegado hasta donde esta y no se arrodilla no se hinca ante la soberana porque ella no la reconoce como tal. A todos sorprende que la reina no gesticule ningún desapruebo. Tras dialogar en latín, cosa que sigue hasta al día de hoy en discusión, ambas mujeres llegaron a un acuerdo. Grace se comprometía a dejar la lucha; a cambio, Isabel liberaría a sus hijos destituiría a sir Richard y le daría la posesión de todos sus bienes dejando así un legado seguro para su familia.

Lo que queda como una duda, es porqué la reina no cumple su promesa, puede que haya sido por la desgracia de que la guerra entre ambos territorios se alargó hasta el año de la muerte de ambas o porque no le dio tanta importancia, esto será un misterio sin duda que acompañará su historia.

Grace fallece el mismo año que la reina de Inglaterra, en una fecha indeterminada del año 1603. Y queda en los registros de la historia con sus leyendas y verdades acuñada en entre sus páginas.

Yo decido quedarme por estas tierras un rato más, sigo estando más cómoda siendo mujer así que abandono el cuerpo que he fabricado para mí, no regreso a mi tiempo pues no hay lugar más hermoso donde quisiera estar. Los campos verdes, las ovejas y la belleza de una tierra que siempre me ha fascinado me retiene, aunque no he llevado a mi cuerpo material nunca por ahí, los libros, las fotos y películas han logrado dejar una idea y un deseo enorme por conocer.

Por DZ

Claudia Gómez

Twitter: @claudia56044195

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