HeLa

HeLa - Henrietta Lacks, HeLa. Foto de El País.
Henrietta Lacks, HeLa. Foto de El País.

Hace poco me preguntaban de dónde saco las historias que escribo y mi respuesta fue: “las encuentro.”

Todo aquello tejido en el amor

se mantendrá con el paso de los años.

La búsqueda de la inmortalidad; infructuosa.

Para eso se nos dio el alma y en ella

viviremos eternamente. 

Hace poco me preguntaban de dónde saco las historias que escribo y mi respuesta fue: “las encuentro.”

Debo confesar que mentí, pues cada personaje, lugar, o anécdota me encuentra a mí. Soy un trasvase, un recipiente donde reposa el tiempo, un repositorio de signos inherentes del alfabeto que se vuelven significados llenos de vida en mi mente. Aparecen en forma de una melodía, una configuración de susurros que lleva dentro letras que danzan. Estas se van volviendo voces en un ritmo que escucho con tonos musicales. El olfato, el gusto, el oído y la piel se me agudizan y entonces comienza un hilado de palabras aladas, porque estas unidas en frases, son fuego y luz donde la llama del corazón se une en párrafos.

 

Henrietta Lacks. Foto de Wiki Commons.
Henrietta Lacks. Foto de Wiki Commons.

 

Para mí, escribir es la alquimia que produce un traslado, un irme para encontrarme. Dentro mío aparece la magia de volver un acto sedentario que se vive en solitario, regresándome a mi condición de nómada. A la posibilidad de llevar mis piernas a través del tiempo y extasiarme con la experiencia.

Esa información que llega a mi de distintas maneras, busca mis manos para ponerla en papel. Ahí me atrevo a moldear, usando lo que he aprendido de otros, robándome sus ideas y en el resultado voy poniendo un poco de mi. Entonces creo que puedo tocar cada lugar y cada personaje para dejar mi impronta, quizá en ello me juego la posibilidad de no desaparecer en el tiempo, de intentar encontrar la manera de volverme inmortal.

Durante siglos el hombre ha buscado algún truco para vivir eternamente, no envejecer, un sueño utópico que nos ha arrastrado a la locura convirtiendo la búsqueda en un laberinto aberrante como comer mercurio, tomar sangre humana, hacer pactos con el demonio, crear Dioses para vivirnos eternamente desde ellos. Acaso el adrenocromo del que se habla en algunos periódicos extrayéndolo de niños y bebés torturados, es de existir, el elixir de la vida eterna.

 

Placa recordatoria en homenaje a Henrietta Lacks en la localidad de Clover, condado de Halifax, en el estado de Virginia, Estados Unidos. Foto de Wikimedia Commons.
Placa recordatoria en homenaje a Henrietta Lacks en la localidad de Clover, condado de Halifax, en el estado de Virginia, Estados Unidos. Foto de Wikimedia Commons.

 

Ayer en punto de la sobremesa, una de mis hijas me preguntó “¿sabes lo que es HeLa?” Mi mente comenzó a buscar infructuosamente y con rapidez respondí que no. “Son las siglas de Henrietta Lacks” “Quise encontrar semejanza con alguno de los personajes de los que he escrito. Pero no, nunca había escuchado su nombre.

Con la mirada llena de entusiasmo comenzó a narrar su historia, producto de la lectura de un libro escrito por Rebecca Skloot llamado “La Vida Inmortal de Henrietta Lacks” y yo de inmediato caí en el embrujo; mi mente comenzó a hilar palabras.

La búsqueda quimérica de la inmortalidad ha sido fuente infructuosa de conjuros, maleficios y locura. Sin encontrar la receta mágica; envejecemos siendo incapaces de regenerar nuestras células, pues esta es menor que la destrucción de las mismas. Así que hemos encontrado el alma para darnos continuidad en el más allá. Hemos quedado enardecidos cuando nace un hijo y luego un nieto, pues sentimos que en ellos nos volvemos inmortales.

Hace más de 400 años, hombres y mujeres fueron robados de sus hogares en África, obligados a abordar un barco y navegaron durante meses hacia lo desconocido. Su llegada a Virginia fue el comienzo de una historia de cientos de años llenos de tragedia, supervivencia y un legado de resistencia, desigualdad y opresión. El sudor envuelto en sangre construyó las líneas ferroviarias y la explotación minera de esa zona.

Con este linaje en su ADN, en 1920 nace Loreta Plesant una niña de piel tostada, en la humedad del valle que acuna la ciudad de Roanoke. Al tiempo, dando a luz a su décimo hijo su madre fallece y esto la lleva a vivir con su abuelo.

Su casa albergaba una gran cantidad de familiares reunidos en torno a la actividad de cultivo de tabaco que se generaba en Clover. Su abuelo viajaba en carreta con las hojas de tabaco cosechadas para venderlas en South Boston.

Hennie le decían de niña y creció en una casa compartiendo juegos y curiosidades llevándola a una sexualidad temprana, pues todos dormían juntos en el mismo cuarto. No es de sorprenderse que a la edad de 15 años, quedara embarazada de su primo David Lacks con quien finalmente se casó. Ahora usaba el nombre de Henrietta por razones que no se saben.

A lo largo de su vida juntos, tuvieron un total de cinco hijos: un día comenzaron sangrados y dolores abdominales que se volvieron inaguantables, llevándola al consultorio del Dr. Richard W. TeLinde, ginecólogo e investigador del Hopkins, dándole un diagnóstico de cáncer uterino.

En aquel entonces no se sabía del virus del papiloma humano, causante de su enfermedad, pero no se necesitaba ser una lumbrera para saber que era su esposo quien la contagiaba de múltiples infecciones, muestra de su proclividad a las putas, cosa que la llevaba al ginecólogo una y otra vez.

Dr. Richard W. TeLinde llevaba un tiempo intentando probar que todos los cánceres de cuello uterino tenían un origen común. Buscaba la disminución de las altas tasas de mortalidad asociadas.

Mientras el Dr. George Gey director del Departamento de Cultivo Celular del John Hopkins, estaba obsesionado con la creación de un cultivo celular inmortal de origen humano que ya se había logrado en ratas, pero no aún en tejido humano.

Habían recibido varias muestras celulares de cánceres cervicales uterinos y las células dejaban de dividirse a los pocos días y los cultivos morían. Esta situación sería conocida luego como la ley o límite de Hayflick en honor al investigador Leonard Hayflick quién demostró que sin importar el tipo celular, luego de 50 divisiones las células ya no se dividían y morían.

Cuando se enviaron las células del cáncer de Henrietta al laboratorio del Dr. Gey En un principio el ritmo de crecimiento de los cultivos fue alto, y las células se duplicaron a ritmo constante cada 24 horas. El Dr. Gey entonces pidió nuevas muestras de tejido de Henrietta mientras estaba hospitalizada y mostraron la misma conducta. Lo había logrado, había conseguido una línea celular inmortal.

Este año se cumplen 69 años desde su creación y su utilización ha sido fundamental en el desarrollo de la medicina del siglo XX. Al poner en la base de datos PubMed la frase “HeLa Cells”, el buscador arroja un resultado de miles de estudios desde 1952 y más de 60,000 publicaciones.

Gracias a estas células, el Dr Jonas Salk probó la primera vacuna contra la poliomielitis en la década de los 50 que azotaba el norte del continente. A partir de entonces, las células HeLa han sido usadas para investigar el cáncer, SIDA, los efectos de la radiación y sustancias tóxicas, así como el mapeo genético y muchas otras actividades científicas.

Mientras el nombre de Henrietta se fue difuminando tras su dolorosa muerte a los 31 años, dejando cinco niños pequeños. Dos de ellos tuvieron vidas profundamente dolorosas, pues su padre se casó de nuevo con una mujer que los maltrató, dejando huellas emocionales brutales en ellos.

Es increíble cómo alguien que tuvo una vida tan dolorosa, pudiera dejar un legado de semejante envergadura para la humanidad y consiguiendo sin buscarlo, la inmortalidad. Me deja pensando que su nombre y el de tantos más deberían ser parte de la historia que contamos a nuestros hijos. Honrar su camino nos vuelve más humanos.

Normalmente me puedo transformar, viajar en el tiempo, volverme un nahual que cambia la piel. Esta vez no pude, mis manos se deslizaron en el teclado sin poder usar mi recuerdo de nómada. Me quede aquí con una sensación de agradecimiento no solo a ella, sino a mi hija que me llevó a buscar e indagar.

Veo a Henrietta sonreír a lo lejos, ella ha logrado ser inmortal, ha vuelto posible el sueño. Abrió la posibilidad de que la ciencia logre encontrar la manera de frenar el tiempo.

Mientras eso llega, yo se que el promedio de vida a aumentado, que me enfrento al último escaño de mi ciclo de vida, qué me estoy jugando la posibilidad de ser recordada cuando mis hijos y nietos hablen de mi, de plasmarme en la hoja de papel y que quede ahí, entrelazada entre las letras.

Sin darme cuenta me téjo con Henrietta, ella sin saberlo se hizo inmortal y yo sabiéndolo intento hacer lo mismo, es por eso que su nombre acompaña mi anhelo, en tan solo unos cuantos párrafos.

DZ

Paralelamente a estos eventos, en 1951 Estados Unidos estaba en medio de la peor epidemia de poliomielitis de su historia. La cantidad de casos y las secuelas eran abrumadoras. Por eso fue tan importante cuando un investigador de la Universidad de Pittsburgh, Jonas Salk, en 1952 anunció que estaba desarrollando una vacuna contra la polio. Sin embargo necesitaba probarla antes de iniciar los programas de vacunación. Y fue aquí donde el Dr. Gey vislumbró una de las primeras situaciones de aplicación práctica de la línea celular recién descubierta. Con el apoyo de otros científicos demostró que las células HeLa eran especialmente susceptibles a la infección por el poliovirus y por lo tanto probaron ser el paciente ideal en el que probar la vacuna. Además las células HeLa eran poco exigentes para cultivo y transporte, por lo que pudo enviarse muestras de este cultivo celular a prácticamente todo el mundo.
En Tuskegee, que sería conocido como uno de los lugares en los que se llevó a cabo uno de los seguimientos documentados más viles de la historia (que estudió la historia natural de la sífilis en población de color, sin recibir tratamiento), se instaló la fábrica de células HeLa más grande del mundo. De esta manera se pudo probar la vacuna y lograr que en abril de 1955 se anunciara al mundo la existencia de la primera vacuna efectiva contra la polio. El tiempo de las células HeLa había comenzado.

Células hela

Desde 1952 a la fecha las células HeLa han estado involucradas en miles de estudios. Incluso en algún momento infectaron otras líneas celulares y obligaron a desarrollar medidas de aislamiento y purificación de cultivos celulares. Finalmente se llegó a la creación de un comité especial que se preocupara del asunto en Estados Unidos para mantener las distintas líneas celulares desarrolladas en estado puro.

Su aporte a todas las ramas del conocimiento ha sido invaluable. Incluso han ido al espacio exterior, dentro de algunos protocolos de estudio. Son omnipresentes en la realidad científica de hoy. Una de las razones de su universalidad fue la prodigalidad con que el Dr. Gey regaló tubos con células HeLa a quien se las pidiera. Incluso en Chile se llegó a tener células HeLa al parecer entre 1952 y 1954 (me refiero a una de las divisiones tempranas de las células originales, pero no he podido corroborar exactamente la fuente del dato). Se calcula que hasta 2010 se han producido cincuenta toneladas de células HeLa. Entonces, si han sido tan usadas y antiguas, ¿por qué son tan actuales? ¿Qué las llevó incluso a las portadas del New York Times el 23 de marzo del 2013?

 

La vida inmortal de henrietta lacks

1951 marcó el inicio de un gran avance en la biotecnología. Todo empezó con la llegada de una afroestadounidense pobre a un hospital de EE.UU. Sus células revolucionarían la ciencia médica.

Las tomaron de su cuerpo poco antes de que muriera.

Han estado creciendo y multiplicándose desde entonces.

Hoy en día hay billones de estas células en laboratorios de todo el mundo.

Sin embargo, nadie le pidió permiso ni a ella ni a algún familiar para usarlas y su familia tuvo que luchar varios años por sus derechos.

 

Ella y los científicos

En llamado Benjamín Lacks escogió una amante negra entre sus trabajadores. Tuvieron dos hijos que llevaron su apellido y durante tres generaciones la familia Lacks trabajó en el campo.

En 1942, Henrietta Lacks decidió mudarse a la ciudad, así que se llevó a su esposo -el bisnieto de Benjamín- y su familia a Baltimore: en tiempos de guerra había trabajo.

A 10 kilómetros de donde vivía Henrietta estaba el laboratorio del doctor George Gey, cuya ambición era librar al mundo del cáncer.

Estaba convencido de que encontraría la clave para hacerlo dentro de las células humanas.

Durante 30 años había estado tratando de cultivar células de cáncer en el laboratorio.

Para ello mezclaba tejidos cancerosos con sangre de corazones de gallinas vivas, con la esperanza de que esas células enfermas vivieran y se reprodujeran para poder estudiarlas fuera del cuerpo.

El 1º de febrero de 1951 Henrietta Lacks fue llevada al hospital John Hopkins.

“Nunca había visto algo similar, ni lo he vuelto a ver jamás”, le dijo en 1997 Howard Jones, el ginecólogo que la examinó, a Adam Curtis de la BBC.

“Era un tipo muy especial de lo que resultó ser un tumor”.

“Su historia era muy simple: había estado sangrando entre menstruaciones y tenía dolor abdominal, lo que no necesariamente es señal de cáncer”, recuerda el doctor.

“Cuando examiné el cérvix me sorprendí pues no era un tumor normal. Era púrpura y sangraba muy fácilmente al tocarlo”.

El tumor no respondió bien al tratamiento y Henrietta Lacks murió de cáncer cervical en octubre de 1951, cuando tenía apenas 31 años de edad.

Su familia la enterró cerca de las ruinas de la casa donde nació.

Y la ciencia la olvidó.

Pero parte de ella se volvió famosa

Las células de parte de su tumor fueron retenidas en la unidad de cáncer del hospital pues Gey había descubierto que éstas podían cultivarse en el laboratorio indefinidamente.

Era lo que había buscado por tantos años.

Hasta les dio un nombre: la línea celular HeLa, por las dos iniciales del nombre y apellido de Henrietta Lack.

“En cuestión de horas, las HeLa se multiplicaban prolíficamente”, dice John Burn, profesor de Genética de la Universidad de Newcastle, Reino Unido.

Efectivamente, las células de Henrietta reproducían una generación entera en 24 horas, y nunca dejaban de hacerlo.

Fueron las primeras células humanas inmortales que crecieron en un laboratorio.

De hecho, han vivido más tiempo fuera que dentro del cuerpo de Henrietta.

¿Por qué son tan importantes?

“Hay muchas situaciones en las que necesitamos estudiar tejidos o patógenos en el laboratorio”, dice Burn.

“El ejemplo más clásico es la vacuna de polio. Para desarrollarla era necesario que el virus creciera en el laboratorio y para eso se requerían células humanas”.

Las células HeLa resultaron ser perfectas para ese experimento y la vacuna salvó a millones de personas.

Las HeLa se hicieron mundialmente famosas.

Por primera vez cualquier cosa podía probarse en células humanas vivas.

No sólo permitieron el desarrollo de una vacuna contra el polio e incontables tratamientos médicos sino que hasta viajaron al espacio exterior en las primeras misiones espaciales, para que los científicos pudieran anticipar qué le pasaría a la carne humana en gravedad 0.

El ejército de EE.UU. puso grandes frascos de células HeLa en lugares en los que hacían experimentos atómicos.

Además, fueron las primeras en ser compradas, vendidas, empacadas y enviadas a millones de laboratorios de todo el mundo, algunos de ellos dedicados a experimentar con cosméticos, para asegurarse de que sus productos no causaban efectos secundarios indeseados.

En resumen, muchos han ganado billones de dólares con bienes que han sido probados en las células HeLa.

Todo, sin que la familia de Henrietta Lacks lo supiera.

“En los años 40 y 50 se consideraba a los tumores o tejidos que se retiraban en una operación como ‘abandonados’, así que no no era claro que era necesario pedir permiso para usarlo en investigación que fuera más allá del cuidado del dueño”, explica Burn.

No fue sino hasta 1973 que la familia Lacks se enteró por primera vez de que las células de Henrietta todavía estaban vivas.

Un equipo de geneticistas los buscó para examinar su ADN, pues habían surgido la teoría de que la cura del cáncer podía estar en la manipulación de los genes.

Encontraron a su esposo y cuatro hijos, quienes seguían viviendo en Baltimore.

Lo que se dio fue un choque de culturas, según le contó al Smithsonian Rebecca Skloot cuando publicó su libro “La vida inmortal de Henrietta Lacks”.

“Un día un investigador de postdoctorado llamó al esposo de Henrietta, quien no había terminado la escuela y no sabía qué era una célula”.

“Las células que le quitaron la vida han sido la base de decenas de miles de estudios médicos en todo el mundo y sobre todos los aspectos de la ciencia biológica”.

“Fue un elemento crucial en el desarrollo de la ciencia biológica del siglo XX”, declara el experto en Genética.

Como resultado de la campaña de su familia, Henrietta Lacks se convirtió en una heroína científica.

Y en agosto 2013, a la familia Lacks se le confirió un poco de control sobre el acceso de los científicos al código de ADN de las células de Henrietta Lacks.

Además, la familia debe recibir reconocimiento en los estudios resultantes. Henrietta Lacks. el nombre detrás de las células hela, primera línea celular inmortal humana

Claudia GómezDZHeLa
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