Nacido un Crimen
Born a Crime / Nacido un crimen. Foto: BBC.

Como forastero, uno puede retirarse, meterse en un caparazón, ser anónimo, ser invisible. O  se puede ir por otro lado. Te proteges abriéndote. No pides que te acepten por todo lo que eres, solo por una parte de ti que estás dispuesto a compartir. Para mí fue el humor. Aprendí que aunque no pertenecía a un grupo, podía ser parte de cualquier grupo que se reía.“

Born a Crime

Trevor Noha

Es extraordinario lo que puede hacer un libro, a mí este me tomó, me impresionó, me revolcó y sin darme cuenta comenzó a evocar espacios de mi historia, haciéndome recordar cosas que tenía olvidadas.  Me ha sorprendido, acompañar al autor en su trayectoria de vida, me ha tocado profundamente, pues hay un sinfín de situaciones que no sabía y que se entrelazan, de alguna manera, con una parte de mi vida, dándole una nueva perspectiva, acercándome más a quien quise tanto. 

Born a Crime  es un viaje al dolor que genera el color de la piel y debo confesar que la traducción del título que le dieron en español me parece pobre, pues “Prohibido Nacer” lo empobrece.

Es difícil poder situar algo que nos es ajeno, algo que traspasa el territorio y se ancla en alguna parte del mundo, donde las clases de historia, someramente, tocan una problemática; estoy hablando del racismo. 

La palabra “apartheid” o segregación racial, apareció  en mi horizonte en algun momento de la preparatoria, y los dibujos y letreros donde en los establecimientos de Johannesburgo se colocaban cosas como: “No permitida la entrada a negros o perros”, me generaban un repudio difícil de explicar. 

Quizá la explicación de esto, se debe a que yo viví durante casi tres años de mi vida, rodeada de seres maravillosos de la etnia de los Miskitos en Nicaragua, un grupo indigena de Centroamérica, del que se sabe muy poco de sus orígenes. 

Yo me sentí acunada por Irene Queen, por su tía y la hija de ésta, que vivían en mi casa. Realmente nunca me percaté de que tenían la piel oscura y que la mía era clara, pues para mí el concepto de diferente, no existía. Todavía  el olor a takru me acompaña cuando huelo a carne asada, y saboreo la yuca que a veces tengo la oportunidad de encontrar. En mi memoria siguen guardadas las canciones que me hacían tocar la tierra con mis pies  descalzos, mientras bailaba siguiendo el compás de los cantos  poseedores de un profundo sentido lúdico, evocando a Cristo, pues son un pueblo profundamente religioso.

Irene tocaba el piano como los dioses y su voz evocaba al cielo, no hablaba español, pero en su lengua y en inglés interpretaba esta canción que a veces tarareo y el coro dice así:

Cristo ya nació en Palacagüina

de Chepe Pavón y una tal María

Ella va a planchar muy humildemente

la ropa que goza la mujer hermosa

del terrateniente.

El sabor de una bebida alcohólica a base de yuca, maíz, caña de azúcar y supa llamada wabul me parecía asquerosa, pero lo increíble es que nunca olvidé su nombre. Son tantos los recuerdos que se agrupan, que me hacen sentir una nostalgia, que embriaga mi corazón. 

Este estado de ánimo se lo debo a los párrafos que han acompañado mis días, mientras devoro el contenido del libro de Trevor Noha. Es verdad; leer no es únicamente ser capaz de descifrar y decodificar un texto. Supone interactuar con él, aportando lo que es de uno, incluir el mapa del mundo, las experiencias y desde ahí poder interpretarlo y hacerlo de uno. Ese es el riesgo al que se enfrenta un escritor: a que lo que ha escrito, se vaya transformando en manos de cada lector.

Lo que encontré en el libro me ha dejado pensativa, nunca imaginé que la existencia para aquellos que tienen en la sangre una mezcla entre lo que llaman negro y blanco, pudiera llevar a un ser humano a tener una vida todavia más dura, que para aquellos que sólo son de piel oscura. Pero al integrarlo, los recuerdos de los insultos que acompañaban mis caminatas en el centro junto a Irene, de pronto cobran todo el sentido, pues ella tenía la tez café con leche.

Siempre he pensado que desde un punto de vista biológico, las razas humanas no existen; es más, lo que da el color son los melanocitos, estas células que producen y contienen pigmentos, y son de colores  como el marrón parduzco (eumelanina), y el rojo amarillento (feomelanina). Así que el color blanco desde esta perspectiva es un espejismo. El tono de la piel dependerá entonces de la cantidad y la proporción de ambos, y sólo eso.

La vida cotidiana que va enmarcado los años de infancia de Trevor, va tejiendo las historias con un humor que duele. Siendo cómico, tiene el arte de esbozar sonrisas donde hay un dolor amargo, convierte un momento de profundo pesar, en algo que esboza una sonrisa. Para mí, ha sido una mezcla de emociones que se entremezclan con conocimientos sobre la cultura, los sistemas de segregación y la historia de Sudáfrica. 

La  madre de Noha me ha fascinado, una mujer soltera, de nombre Patricia que durante el apartheid,  prestaba poca atención a las leyes que la oprimían. El padre, de nacionalidad suiza accede a darle un hijo durante una época en la que las relaciones sexuales entre sudafricanos blancos y negros eran ilegales, eran de hecho un crimen, y de ahí el título, que me ha parecido excelente.

Robert, nunca apoyó la segregación, pero la realidad hacía peligrosa la vida para ellos, así que tuvieron que encontrar cómo arreglárselas, para  que no los vieran con su hijo mestizo.

Resulta que en mis años de juventud, Historia y Literatura eran mis asignaturas favoritas, así que se me quedó muy grabado como los colonizadores holandeses llegaron a Sudáfrica en el siglo XVII, y como utilizaron mano de obra esclava, para administrar sus granjas, en las tierras que hicieron suyas, forjándolas en sangre y esclavitud.  Los sudafricanos blancos son llamados afrikaners, y descienden de estos colonizadores.

Esta zona estaba habitada por tribus que incluían a las tribus zulú, xhosa y sotho, que tenían conflictos entre sí y  eso fue lo que  permitió, que fueran subyugados bajo la ley del apartheid con mayor facilidad, hasta mediados de la década de los 90. ¡Sí, hace apenas 30 años, aunque suene increíble!

Este dato me pareció realmente interesante, pues me recordó  la razón por la que los españoles al llegar a México, pudieron conquistar apenas con un manojo de hombres, un imperio. Así como en Sudáfrica, los colonizadores usaron la división de los pueblos como estrategia militar y lo consiguieron. Parece que las similitudes de ciertas cosas, me hacen pensar que los seres humanos somos básicamente iguales.

Descubrí que este tercer grupo racial en Sudafrica, llamados mestizos o “de color”, tanto durante el apartheid como después de su disolución, eran las personas más marginadas y privadas de derechos. Para mí fue sorprendente, un descubrimiento que me ha dejado perpleja.

Pensar que cuando uno crece con sentimientos que a menudo definen lo que no se es, se convierte en una guerra interna y se desarrollan conductas que definen, lo que es ser suficiente. La pertenencia marca el arraigo, y define quién es uno. Pero si a esto, se le agrega el color de la piel; y a esto, un factor extra, que es el ser no suficientemente claro, como para ser etiquetado como blanco, y no ser lo suficientemente oscuro, como para ser aceptado por completo en la cultura negra, la cosa se complica.

De los once idiomas oficiales de Sudáfrica, Noah podía hablar zulú, tsonga, inglés y afrikaans. Esta habilidad le permitió moverse entre diferentes grupos raciales y culturales en la escuela. Aunque Noah se sentía fuera de lugar en muchos entornos sociales, su capacidad para hablar y empatizar con muchos tipos diferentes de personas, le fue muy útil a lo largo de su vida. Incluso a una edad temprana, Noah entendió que la intimidación que experimentaba también por parte de sus compañeros mestizos, era probablemente el resultado del odio enraizado en  todos los sudafricanos.

Hay una frase que me ha revolcado, porque me parece que atañe el espacio en el que vivo, como si la pobreza tuviera un código universal, un lenguaje que es igual, sin importar donde viva uno.

“En el barrio, incluso si no eres un criminal empedernido, el crimen está en tu vida de una forma u otra. Hay grados de eso. Son todos, desde la madre que compra algo de comida que se cayó de la parte trasera de un camión para alimentar a su familia, hasta las pandillas que venden armas y hardware de grado militar. El barrio me hizo darme cuenta de que el crimen tiene éxito, porque el crimen hace lo único que el gobierno no hace: dar pertenencia. El crimen busca a los niños pequeños que necesitan apoyo y una mano que los levante. Ofrece programas de pasantías y trabajos de verano y oportunidades de progreso. Se involucra en la comunidad. El crimen no discrimina.“

Sin duda esta autobiografía me ha dejado un huracán por dentro, una forma de replantearme muchas cosas. Ahora entiendo el miedo de Irene cuando no salía por las tardes, cuando no podía relacionarse con los de su etnia por ser considerada más clara, y el no pertenecer a los blancos por ser demasiado oscura. Ahí donde esté, la abrazo con el pensamiento, ahora se y eso me conmueve.

Esta historia me ha llevado a recordar momentos maravillosos de mi infancia, donde todavía extraño algo que sonaba así: Ris briaia my darling, darmi girl (a descansar mi dulce niña), mientras me abrazaba con sus largos brazos, Irene era hermosa, y sin darse cuenta sembró en mí un sentido de pertenencia, un regalo de algo que a ella le faltaba.

Por DZ

Claudia Gómez

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