Alrededor de unos diecinueve años, creo

“Jamás cometí pecado mortal. Porque en tal caso mis voces me lo hubieran reprochado y mis Espíritus me hubiesen desamparado.”

Frase famosa de Juana de Arco

Cuando fue procesada, se le preguntó respecto a su edad y dijo: “Alrededor de unos diecinueve años, creo”.

La mayor parte de los campesinos de la época no sabían leer ni escribir, mucho menos conocían la fecha de su nacimiento.

En el juicio, confesó que el arcángel San Miguel le había mandado a  luchar contra el ejército inglés.

Así  fue quemada en  la hoguera; ¿el cargo? Usar ropa de hombre cuando se le había prohibido.

Cuando escuchamos un veredicto de esta magnitud con ojos contemporáneos, nos cuesta trabajo entender y se genera un rechazo inmediato. Pero cuando nos trasladamos al siglo XV quizá pueda uno entender lo que le ocurrió a la Doncella de Orleans.

Como pasa en tantas ocasiones los rumores  de que no había muerto quemada en la hoguera, corrieron por las calles de todo Francia, a voces se contaba que habría sido sustituida por otra muchacha el día de su ejecución y que se había desposado con Roberto des Armoises.

Y es que las leyendas tienen un mucho de magia, una alquimia que nos hace suspirar, venerar y creer que esa advocación que le da sentido a nuestra existencia, mientras se  adorna con elementos fantásticos o maravillosas exaltaciones del folklore que ensanchan y  exageran lo ocurrido.

Tenia quince años cuando puse mis pies en la meseta de Chinon, ahí donde  esta termina en un contrafuerte que casi llega hasta el río. El sol y un cielo azul celeste me abrazaron.

Fortificado desde el tiempo de los romanos soportó durante diez siglos una historia convulsa y llena de sangre que deja sobre sus calles empedradas una  trágica escencia.

La vida me llevo entonces a sus murallas con el corazón abrumado y dolido, mi papá nos llevo a mi hermana y a mi en un viaje para apaciguar el dolor que habitaba en nuestra alma. Mi mamá se había cortado las venas y dejo una marca, una herida que  supuró durante años, hasta que un día cuando pude entender su dolor, entonces el mio encontró resguardo.

Sigo guardando un tríptico que compre por un par de francos, donde se contaba como Juana había sido escoltada por seis soldados, desde Lorena  hasta ahí, sin encontrar ninguna de las tropas armadas que asolaban el país.

Ahí donde un calzado inconveniente me había sacado ampollas, me imagine como al llegar ella, que ya era una leyenda,  el pueblo se había abalanzado  a sus pies,  anhelando en ella un signo de protección divina.

Espero ser recibida por el rey, se alojó en una hospedería de la parte baja de la ciudad, donde cuentan que permaneció ayunando y orando.

Como parte de lo extraordinario de su existencia, llegó hasta nuestros días una anécdota donde se cobra en grandeza como extraordinaria si existencia.

Resulta que le dieron audiencia una tarde, el rey instruido por sus asesores trataron de confundirla, será que si tiene un don divino pueda encontrar al rey disfrazado entre la multitud.

Imagino el gran salón, iluminado con antorchas como se usaba; he de confesar que la imagen me vienen de alguna película que he visto con anterioridad.

Hay al menos un ciento de hombres gentiles, vestidos ricamente que estaban allí reunidos; el rey intentó disimular su presencia escondiéndose tras ellos, mientras que un cortesano lucía los ropajes del rey.

Así avanzó tímidamente entre los hombres de salón y se cuenta que lo reconoció, de inmediato.

Haciendo una reverencia  al verdadero rey pese a que este pretendía no serlo, se abrazó a sus rodillas diciendo: “el rey de los cielos me envía para deciros que vos seréis consagrado y coronado en la ciudad de Reims y seréis el legado del Rey de los Cielos que es el rey de Francia”.

El contexto histórico en el que aparece su figura se acompaña de una cruel guerra que se perpetuaba desde hacía mucho tiempo entre ingleses y franceses llamada la guerra de los cien años.

Este conflicto, baño el norte de Francia con sangre de millones de muertos a lo largo de 116 años de guerra,  iniciada en 1337 dando comenzó  un periodo devastador y uno de los más crueles conflictos bélicos de la Edad Media.

Desde muy niña me ha apasionado conocer los hechos sobre la vida de aquellos héroes, de aquellas figuras oscuras, de aquellos que no figuran en los libros de historia.

Siempre he cuestionado la historia que nos cuentan, se que mucho es folklore, pero aun así me ayudan a darles peso a su existencia.

Recuerdo haber comprado un libro sobre su existencia, sentarme con mi papa y mi hermana en un cafe, recuerdo haberme perdido en su historia, distrayéndo mi sobrio estado.

Nacida en el seno de una familia campesina con recursos, ella siempre se hizo llamar  Jeannette La Pucelle hoy es conocida como Juana de Arco.

Su infancia estuvo bañada del sangriento conflicto enmarcado en la guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra por el trono francés, y que provocó la ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas.

En esa época era muy usual que algunos tuvieran experiencias místicas y este fue el caso de ella también. A los trece años, confesó haber visto a san Miguel, a santa Catalina y a santa Margarita. Incluso  declaró que sus voces la exhortaban a llevar una vida devota y piadosa.

Unos años más tarde, se sintió llamada por Dios a una misión que no parecía al alcance de una campesina analfabeta: dirigir el ejército francés, coronar como rey al delfín en Reims y expulsar a los ingleses del país.

¿Qué tanto de la historia ha sido adornada, crecida, inventada? es difícil saber. pero lo que ha llegado hasta nuestros días es una narrativa que habla de una mujer que en una época convulsa hizo historia.

Sus cientos de monumentos por toda Francia le regalan un reconocimiento por su osadía, por su tenacidad y la iglesia le dio incluso el título de Santa por mártir.

¿Como habrá sido 1428 en esa zona cuando viajó hasta Vaucouleurs con la intención de unirse a las tropas del príncipe Carlos?

¿Una chica? Era esperado que fuera rechazada. A los pocos meses, el asedio de Orleans por los ingleses agravó la delicada situación francesa y obligó al delfín a refugiarse en Chinon, localidad a la que acudió Juana, con una escolta facilitada por Roberto de Baudricourt, para informar a Carlos acerca del carácter de su misión.

Después de la escena donde lo reconoció, el príncipe Carlos, la hizo examinar por varios teólogos, accedió al fin a confiarle el mando de un ejército de cinco mil hombres, con el que Juana de Arco consiguió derrotar a los ingleses y levantar el cerco de Orleans el 8 de mayo de 1429.

Realizó campañas victoriosas que abrieron al delfín el camino hacia Reims y permitieron su coronación como Carlos VII de Francia el 17 de julio de 1429.

Cuentan que acabada su empresa, dejó de oír sus voces interiores y pidió permiso para volver a casa, pero ante la insistencia de quienes le pedían que se quedara, continuó combatiendo, primero en el infructuoso ataque contra París de septiembre de 1429, y luego en el asedio de Compiègne, donde fue capturada por los borgoñones el 24 de mayo de 1430.

Entregada a los ingleses, Juana de Arco fue trasladada a Ruán y juzgada por un tribunal eclesiástico acusada de brujería, con el argumento de que las voces que le hablaban procedían del diablo, con lo cual se pretendía presentar a Carlos VII de Francia como seguidor de una bruja para desprestigiarlo.

«Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo». Son palabras que acompañan su leyenda.

Tras un proceso inquisitorial de tres meses, fue declarada culpable de herejía y hechicería; pese a que ella había defendido siempre su inocencia, acabó por retractarse de sus afirmaciones, lo cual permitió conmutar la inicial sentencia de muerte por la de cadena perpetua.

Días más tarde, sin embargo, recusó la abjuración y reafirmó el origen divino de las voces que oía, por lo que, condenada a la hoguera, fue ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del mercado viejo de Ruán.

En 1456, Juana de Arco fue rehabilitada solemnemente por el papa Calixto III, a instancias de Carlos VII, quien promovió la revisión del proceso.

Aquí es donde en la revisión de los documentos,  aparece la verdadera causa de su muerte. Usar ropa de hombre….

Considerada una mártir y convertida en el símbolo de la unidad francesa, fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, año en que Francia la proclamó su patrona.

Su historia marco mi vida, yo tenia entonces apenas quince y su imagen levanto

mi espíritu, si una chica más de quinientos años atrás, había tenido esa valentía, yo seria capaz de sobreponerme, de encontrar los hilos para suturarme y así lo hice.

Por DZ

Claudia Gómez

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