Lula, amplio favorito para ganar el domingo, pero no tiene seguro definir la elección en Primera Vuelta: Zovatto
Varias personas caminan frente a un puesto callejero de toallas con imágenes del actual presidente de Brasil y candidato a la reelección, Jair Bolsonaro, y su contendiente, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en Río de Janeiro. EFE/ André Coelho.

Las últimas encuestas mantienen el mismo escenario de ayer: Luiz Inácio Lula Da Silva es el amplio favorito de ganar las elecciones el próximo domingo 2 de octubre en Brasil, pero aún no es seguro que logre definir la presidencia en la Primera Vuelta.

De acuerdo con el politólogo y jurista, el Doctor Daniel Zovatto, aunque no es seguro, Lula, sin embargo, tiene posibilidades de lograrlo, según encuestas recientes, que han venido aumentando su ventaja en los últimos días.

“Lula sigue siendo el favorito para ganar la Primera Vuelta, pero aún no es seguro que logre definir la presidencia. Si bien sus probabilidades de lograrlo, según encuestas recientes, han venido aumentando en los últimos días”, señaló el experto en procesos democráticos para López-Dóriga Digital.

Para el experto en elecciones y democracia, hay varios factores que serán determinantes en la definición del resultado de la elección presidencial de este domingo, mismos a los que hay que prestar atención:

1) El nivel de abstención, y quiénes se abstienen;

2) El papel de los indecisos, que a la fecha, se calculan son alrededor de 10 por ciento;

3) El peso del voto útil, principalmente de partidarios de los candidatos Ciro Gomez y Simone Tebet;

4) Lo que pueda dejar el “voto oculto”; es decir, aquellos ciudadanos que, por vergüenza a expresar por quién votará o por miedo, no revelan en las encuestas su intención.

“En una elección en que la definición en primera vuelta o la necesidad de ir a un balotaje (50 por ciento más uno de los votos válidos) podría ser determinada por un porcentaje muy cerrado, la combinación de estos factores será determinante”, explica Daniel Zovatto, director regional para América Latina y el Caribe en el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA International).

Los brasileños acudirán el próximo domingo a las urnas en unas elecciones envueltas en un inédito clima de tensión, alimentado por las dudas que ha sembrado el presidente Jair Bolsonaro acerca de si reconocerá la eventual derrota que le vaticinan todas las encuestas.

Los ataques del líder de la ultraderecha contra el sistema electoral han sido crecientes desde que asumió el poder en 2018 y el propio Bolsonaro, con declaraciones ambiguas, ha azuzado el fantasma de un golpe de Estado.

“La historia se puede repetir”, advirtió Bolsonaro el pasado 7 de septiembre, durante un discurso con motivo del Día de la Independencia, después de ennumerar varias fechas históricas, algunas de ellas alusivas a levantamientos militares y al golpe de Estado de 1964.

Ese día, numerosos seguidores y corifeos le pidieron en un multitudinario mitin impulsar una intervención militar, clausurar el Parlamento y destituir a los jueces del Supremo.

Él, lejos de desautorizar estos exabruptos, los ha amparado en el marco de la libertad de expresión.

La posibilidad de que Bolsonaro no reconozca el resultado de las elecciones no se puede descartar, ni tampoco el riesgo de que se trate de emular el asalto al Capitolio de Estados Unidos, que protagonizaron los seguidores del entonces presidente Donald Trump en 2021.

“Las democracias comienzan a morir cuando los políticos cuestionan el sistema electoral y cuando se atacan las instituciones democráticas. Trump lo hizo y Bolsonaro no está distante. Sus ideólogos son los mismos”, comenta Paulo Ramírez, profesor de la Escuela de Sociología y Política de Sao Paulo.

Hasta el momento, según este analista, las instituciones brasileñas han conseguido “neutralizar” todos los ataques al sistema electoral que han partido del bolsonarismo.

El Parlamento rechazó recuperar el voto impreso, como pedía Bolsonaro en el marco de una campaña de descrédito de la seguridad de las urnas electrónicas, a pesar de que nunca se detectó un fraude desde que se introdujeron en el país en 1996.

El Tribunal Electoral, asimismo, ha introducido cambios en el sistema de recuento de votos en aras de la transparencia, para evitar la posibilidad de cualquier cuestionamiento por parte de los militares, que por primera vez se han inscrito como observadores del proceso electoral.

La oposición de la sociedad civil a los ataques de Bolsonaro también ha sido firme y se ha plasmado en manifiestos a favor de la democracia, que han sido respaldados por asociaciones empresariales, universidades, grupos sociales e incontables personalidades.

Una campaña manchada por la violencia

El riesgo más palpable, para los analistas, es que el alto nivel de crispación derive en nuevos episodios violentos, tales como los dos asesinatos políticos que se han conocido en el país en los dos últimos meses, una situación inédita en elecciones pasadas.

En ambos casos, los crímenes fueron perpetrados por seguidores de Bolsonaro, que mataron a votantes del principal candidato opositor, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Y a pesar de que todas las encuestas favorecen a Lula, Bolsonaro no duda en seguir tensando el ambiente al extender un manto de sospecha en relación a cualquier resultado que no le sea favorable en las urnas el próximo domingo.

Con información de López-Dóriga Digital