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Chiíes iraquíes desertan por desabastecimiento
Foto de AP

Abu Murtada al-Musawi respondió a una llamada el verano pasado del máximo clérigo chií iraquí de que acudiera a salvar el país del grupo Estado Islámico. Pero tras menos de tres meses en el frente, él y otros amigos volvieron a casa porque se les acabó la comida.

“A veces, no teníamos dinero suficiente para comprar tarjetas telefónicas para llamar a nuestras familias”, dijo al-Musawi, un chií de la ciudad sureña de Basora. “Todos sentíamos que el gobierno se olvidaba de nosotros”.

Ahora, las instituciones religiosas chiíes de Irak están instando a los fieles a donar comida, dinero y suministros. Los clérigos esperan impedir una repetición del colapso que sufrió el año pasado el desmoralizado ejército iraquí ante el veloz avance del grupo Estado Islámico. Los extremistas capturaron entonces la segunda ciudad más grande del país, Mosul, y se abrieron paso hacia el sur acercándose a la capital.

Poco después de su rauda ofensiva en el norte de Irak, decenas miles de chiíes respondieron la llamada a las armas en todo el país que hizo el máximo clérigo chií del país, el gran ayatolá Ali al-Sistani. Muchos voluntarios acudieron desde las zonas más pobres del país, y apenas podían llegar a fin de mes antes de tomar las armas.

A los combatientes chiíes se les reconoce haber ayudado a detener el avance de los extremistas a las afueras de Bagdad, romper el asedio de la ciudad chií de Amirli en agosto, y más tarde de haber expulsado a los islamistas de Yurf al-Sajer, al sur de la capital.

En el acomodado barrio bagdadí de Harthiya, un representante de la oficina de al-Sistani instó hace poco a sus seguidores a donar comida y dinero a las milicias chiíes, advirtiendo de que muchos combatientes ya han desertado.

Isam Abas dijo que él y otros comerciantes de Basora ha empezado a enviar camiones de comida y agua al frente cada mes, como contribución a la guerra contra el grupo Estado Islámico.

“Yo y otros comerciantes no podemos dejar nuestros negocios, así que consideramos nuestras donaciones mensuales como una yihad contra los terroristas”, dijo.

Hasan Saleh, propietario de una cafetería en Sadr City, participó en batallas contra el grupo Estado Islámico al norte de Bagdad el pasado septiembre. Pero ni él ni sus compañeros milicianos recibieron apoyo financiero del gobierno, y dependían por completo de donaciones y de su propio dinero para cubrir sus necesidades diarias, dijo. Para primeros de octubre, volvió a casa para cuidar de su familia.

“La negligencia del gobierno hacia nosotros ha creado amargura entre los combatientes voluntarios que arriesgan su vida para proteger el país”, dijo. “No recibimos ningún salario, mientras que el gobierno sigue pagando los salarios de los soldados y policías que abandonaron sus puestos sin combatir en junio”.

Con información de AP