Minuto a Minuto

Deportes Liverpool prepara millonaria oferta por la promesa mexicana Gilberto Mora
El medio 'Football Insider' detalló que Gilberto Mora ha despertado el interés de varios clubes europeos, entre ellos los de la Premier league
Nacional La SEP dará acompañamiento tras ataque armado en secundaria de Torreón
La dependencia expresó sus condolencias a familiares y amigos de la víctima, así como a toda la comunidad educativa
Nacional Hallan 7 cuerpos en Morelos con huellas de violencia
Los cuerpos de cinco hombres y dos mujeres fueron hallados sobre la carretera de dos municipios de Morelos
Nacional “Soy tan mexicana como quienes nacieron aquí”: Jasmine Bugarín explica su nacionalidad
Citó el artículo 30 de la Constitución, que reconoce como mexicanos a quienes nacen en el extranjero y son hijos de madre o padre mexicanos
Nacional Alerta Amarilla en la CDMX por fuertes lluvias para hoy jueves 1 de octubre de 2026: ¿Qué alcaldías están afectadas?
El Gobierno de la CDMX activó la Alerta Amarilla por fuertes lluvias para la tarde y noche del jueves 1 de octubre de 2026

La Cámara de Diputados debería ser el espacio donde las diferencias políticas se confrontan con argumentos, ideas y propuestas. Sin embargo, lo ocurrido la noche de este jueves en San Lázaro entre el diputado morenista Zenyazen Escobar y el priista Carlos Mancilla volvió a exhibir una de las peores caras de la política mexicana: la incapacidad de algunos representantes para mantener la compostura incluso en el recinto legislativo más importante del país.

Las imágenes difundidas hablan por sí solas. En plena sesión, rodeado de legisladores, personal del recinto y cámaras, el exsecretario de Educación de Veracruz terminó encarando a otro diputado como si estuviera arriba de un ring. Los videos muestran reclamos, empujones verbales y una postura desafiante que poco tiene que ver con la investidura de un legislador federal.

No se trata únicamente de un momento de enojo. El problema es el mensaje que se manda a la ciudadanía. Mientras millones de mexicanos esperan debates serios sobre seguridad, economía, salud o educación, algunos actores políticos parecen más interesados en protagonizar escándalos virales que en construir acuerdos.

La defensa de Zenyazen Escobar ha sido negar que estuviera en estado inconveniente, luego de las versiones surgidas en redes sociales. Y aunque eso no pudiera comprobarse, el daño político ya está hecho. Porque más allá de cualquier especulación, lo verdaderamente grave es la conducta mostrada dentro del pleno legislativo.

Este episodio tampoco ocurre en el vacío. El diputado veracruzano ha estado rodeado de polémicas constantes, varias de ellas amplificadas por redes sociales y por su propia exposición pública. En política, la percepción pesa tanto como los hechos, y cuando un funcionario acumula controversias, termina alimentando una narrativa de confrontación permanente.

Morena ha construido buena parte de su discurso en torno a representar un cambio frente a “la vieja política”. Pero escenas como esta hacen preguntarse si realmente existe una diferencia cuando los representantes populares caen en provocaciones, retos y desplantes que recuerdan más a pleitos callejeros que a debates parlamentarios.

El desgaste no solo es individual. También alcanza a las instituciones. Cada vez que un diputado convierte una sesión en espectáculo, se erosiona aún más la confianza ciudadana en el Congreso. Y esa confianza ya viene bastante golpeada.

México necesita legisladores capaces de debatir con firmeza, sí, pero también con altura. La pasión política jamás puede justificar conductas que degradan el espacio público.

Porque cuando un diputado se pone “en guardia” para pelear, quien termina perdiendo no es únicamente él: pierde la política, pierde el Congreso y pierde la ciudadanía que esperaba representación, no confrontación.