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Con los datos de creación de empleo de la nómina no agrícola que dio a conocer el Departamento del Trabajo de Estados Unidos el viernes pasado, se alejan más las expectativas de un incremento pronto de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed).

Pero con ese dato se abre otra larga lista de expectativas y tensiones que van a contribuir a la inestabilidad financiera de estos tiempos.

A pesar de que el año pasado el gran dato a seguir era la creación de empleos para adivinar qué haría la Fed con su política monetaria, hoy empieza a quedar claro que la economía estadounidense va mucho más allá de ese número.

De entrada, los 150,000 nuevos puestos laborales añadidos en enero son menos de los esperados y confirman que no hay ese despegue económico que justificaba el cambio en el rumbo de las tasas.

La tasa de desocupación en 4.9% encierra muchos datos oscuros que no necesariamente reflejan el pleno empleo; como, por ejemplo, algún número de trabajadores que decidieron ya no seguir en su búsqueda de trabajo o bien algunos baby boomers que ya no reportaron estar buscando trabajo simplemente porque ya se retiraron.

Menos empleos a los esperados, adelanta una economía en desaceleración; es la clase de noticias que no gusta a los mercados bursátiles, donde operan las empresas que deberían estar mostrando esa recuperación que justifique retener sus papeles.

Hoy los analistas creen que existe 50% de posibilidad de que este año la Fed pudiera subir otra vez su tasa de interés. Ni hablar de que alguien crea que el próximo mes de marzo sube esta referencia.

Pero los datos de empleo y otros indicadores del desempeño económico de Estados Unidos empiezan a cruzarse con otro factor de preocupación: las elecciones de noviembre.

Con tiburones del tamaño de Ted Cruz y Donald Trump nadando amenazantes en el estanque de los republicanos, no son pocos los que temen que una nueva bajada en la actividad económica corra en contra de los demócratas, que hoy garantizan más paz y continuidad.

Obama no ha podido dar ese gran discurso de “lo logramos, estamos recuperados después de la gran recesión”.

Lentamente, la economía de Estados Unidos se desacelera, los indicadores de actividad industrial están desde hace meses en el terreno de la contracción y otros indicadores de consumo también se empiezan a deteriorar.

Entonces, ya dejó de ser la decisión de política monetaria el principal tema de angustia en el balance de riesgos. Ahí está, sin duda. Pero hoy lo que rige los ánimos financieros está más hacia el desempeño de las economías del mundo: la misma economía estadounidense y su nueva amenaza de ir hacia los terrenos de la recesión y sin duda la suerte de China, las materias primas, las economías emergentes, Japón y Europa.

Es un coctel que ha hecho de los datos del empleo un engranaje más de las preocupaciones, ya no el gran indicador a seguir como hasta hace no mucho tiempo.