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Vamos a imaginar por un momento, que en algún lugar del mundo, los gobernantes de seis de los países más ricos de Occidente, a saber Alemania, Canadá, Francia, Holanda, Japón y el Reino Unido, están sentados a una mesa para una de sus periódicas reuniones que suelen decidir cómo se mueve el mundo.

La hora de la cita se ha cumplido ya, pero falta un comensal: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Yo no sé si entró al salón cinco o diez minutos después de la hora señalada. Lo que sí es cierto es que entró con una sonrisa en los labios y dirigió a todos un saludo escueto: “hola”. Como no hubo respuesta, añadió, en otro tono: “I am the Boss”.

No se trata de un imaginario satírico. Eso sucedió precisamente hace un par de días en la reunión del G7, al pie de los Alpes, en la ciudad francesa de Evian, con los jefes de los seis estados enumerados y el jefe Trump. Whatever happened to class (¿qué le pasó a la clase?) es una bella canción del musical Chicago, añorando los buenos modales.

Nadie puede suponer que un gringo, que bien los conocemos al sur del río Bravo, tenga una puta idea de lo que es el manual de urbanidad y buenas maneras que publicó en 1853 un maestro muy religioso y muy venezolano que se llamó Manuel Antonio Carreño. Vamos, estoy seguro de que pocos mexicanos conocemos esa colección de preceptos sobre cómo comportarnos apropiadamente en todas las circunstancias sociales; en la iglesia, en la mesa, en la visita, en la enfermedad, etc.

La tradición oral por parte de nuestros viejos nos enseñaron las buenas maneras y nos acercaron un poco, afortunadamente sólo un poco, al bien decir.

En torno a la manera de ser de Donald Trump el grave problema de México y su gobierno ya nos hemos acostumbrado. Especialmente la señora presidenta con A de mujer, que por lo menos una vez a la semana, cuando ocurre la avalancha de improperios a su incapacidad de gobernar y su indisposición a dejar en casa su medroso carácter. Su repetida reacción a las diatribas de Trump es la de la mujer golpeada, justificando a su marido golpeador: así es él; es su manera de hacer las cosas. Yo no me voy a pelear.

El discurso sobre Claudia Sheinbaum es cacofónico: ella es una estupenda mujer, pero tiene miedo; los cárteles de la droga son los que mandan en su país. El ritornello fue dicho de nuevo al finalizar la reunión del G7 en Francia: ya redujimos el tráfico de drogas hacia Estados Unidos por mar, ahora vamos por tierra, en México.
Con un pequeño añadido, por parte del vicepresidente Pence: que se cuiden los narcopolíticos.

Lo peor de todo esto es que una gran cantidad de mexicanos aplauden el posible futuro inmediato de intervención.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Pasó lo que me temía: los ratoncitos verdes aprovecharon las trampas y acomodos del sorteo para pasar a la siguiente ronda de la Copa Infantino. Vámonos al Ángel. O la Minerva, que es lo mismo: el pueblo necesita que le diviertan, que le desvíen su atención de los problemas que le ahogan.

No pasará nada más. Con la famélica derrota de los coreanos, México se encuentra exactamente como hace cuatro años antes de iniciar el torneo. Con el aumento del número de países participando, pasar al quinto partido es como pasar al cuarto hace cuatro años.

Volveremos a empezar y nosotros los veremos volver.

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