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Volatilidad es incertidumbre y riesgo en sí mismo. Y ese es el panorama en los días por venir. De ahí las medidas de recorte presupuestal que pretenden anticipar efectos negativos en la economía ya no sólo para 2015 sino en los dos años siguientes, 2016 y 2017, en que potencialmente, los ingresos para el gobierno pueden seguir siendo menores tanto interna como externamente.  

El tema es ya no sólo de mantener la estabilidad de las variables macroeconómicas que prevalecen aún, sino de evitar fuertes desequilibrios por la falta de ingresos y el mantenimiento de un presupuesto de egresos alto e improductivo. 

Los analistas financieros institucionales están revisando a detalle las implicaciones para medir el impacto que tendrá el recorte presupuestario anunciado el viernes pasado por el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray. Pero de antemano, el escenario común seguirá siendo de incertidumbre frente a una economía internacional de bajo dinamismo, una caída persistente en el precio del petróleo; y en el caso de México de un mercado doméstico que sigue sin crecer y elevadas tasas impositivas.

El impacto del recorte será marginal para el 2015 señaló el titular de la SHCP en su anuncio durante el cual también remarcó que se haría una revisión de programas y proyectos de gobierno para evitar duplicidades o que, de plano no están sirviendo y sirven sólo para el despilfarro, de modo tal que en el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2016 sean eliminados o corregidos. Esta decisión se alinea con las observaciones del Banco de México hechas un día antes de que el secretario Videgaray diera a conocer el recorte, en el sentido de que el presupuesto público no estaba generando crecimiento económico.

Pero también, el Banco de México apunta otro hecho que puede impactar de manera desfavorable a los ingresos tributarios: el consumo interno no crece, no al menos en tasas suficientes para potenciar el crecimiento de la economía. 

Esos altos niveles de impuestos captados son los que ha permitido un cierto fortalecimiento en las finanzas gubernamentales, pero han generado desincentivo por otro lado.

Anunciar que el objetivo del recorte es el de aplicar una medida preventiva que evite el endeudamiento es pertinente técnicamente. Mejor aún si en verdad se revisan programas y proyectos que en nada contribuyen a incentivar la actividad económica. El problema es que se aplique de manera cierta. Por ahora la previsión en el recorte al gasto corriente es disminuir los servicios personales, asesorías y consultorías. Lo que habrá que considerar es que el gasto de inversión recortado no afecte a cadenas productivas.

Si bien las previsiones de crecimiento económico para 2015 no se modificaron por parte de la Secretaría de Hacienda y tampoco por parte de algunos analistas como los del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp), Banamex y BBVA Bancomer, la pregunta es cómo se logrará impulsar el consumo interno y la inversión, sobre todo cuando los indicadores de confianza divulgados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) siguen marcan do niveles bajos.

Los temas de seguridad y altas tasas impositivas siguen incidiendo en la confianza empresarial. 

El mensaje de confianza a la inversión que envía la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es para las de largo plazo; tanto las de inversión directa sobre todo extranjera como para las de carácter financiero.

Otro de los mensajes centrales enviados por el Secretario Luis Videgaray es que, al final, todas estas medidas tienen como fin asegurar la estabilidad macroeconómica en el corto plazo para evitar afectaciones a la economía familiar. La razón técnica es que no puede financiarse un gasto público elevado e improductivo a costa del endeudamiento porque no sólo implica seguir fincando el futuro del país para sufragar el presente, sino que ello puede incidir en una elevación de las tasas de interés y, por consecuencia, creciente inflación.

Y la experiencia que hemos vivido los mexicanos de “la generación de las crisis” es que el peor cáncer de la economía individual y familiar es la inflación.

La apuesta está echada. Pero hay un largo camino por recorrer que se basa en buscar los mecanismos para incentivar el consumo y mercado interno así como hacer del gasto público un motor verdaderamente productivo que genere crecimientos y que no sólo sea fuente de dispendio.

Postscriptum.- Y como en el caso del narcotráfico, el creciente delito de tomas clandestinas de energéticos sigue llevando a preguntarse si en verdad las autoridades están siguiendo la ruta del dinero. Es decir, quién compra ilícitamente y quién maneja los dineros mal habidos. El cuestionamiento viene a cuento a raíz de las declaraciones de Francisco Fernández Lagos, subdirector de Distribución de Pemex Refinación, quien aseguró que en 2014 se alcanzó la cifra histórica de 4 mil 127 tomas clandestinas. Y con tal precisión dio otro dato alarmante: en promedio, cada dos horas y a una distancia entre cada una de ellas de 3.5 kilómetros, bandas de delincuentes perforan ductos para extraer de manera ilegal desde gasolinas, diésel, gas, petróleo crudo o petroquímicos productos que se venden en el mercado negro. Todo un menú energético. ¿Quiénes con los clientes y a qué cuentas van a parar los recursos?