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Un experimento con Inteligencia Artificial de un economista estadounidense está de moda en Wall Street.

El Vicious Cycle Index (VCI) es un indicador dinámico de posibilidades de entrar en una recesión que diseñó Mark Zandi, economista en jefe de Moody’s, y que ahora confirma que el mundo estaría en una fase de “equilibrio precario”.

A diferencia de otros indicadores que miran fotos fijas del pasado, este VCI se enfoca en la dinámica de retroalimentación entre tres pilares: el empleo, la confianza del consumidor y el gasto.

Su función es medir el riesgo de que la economía estadounidense caiga en una espiral donde el miedo se alimenta a sí mismo: las empresas, ante la incertidumbre reducen la contratación; esto mina la confianza de los consumidores, que reducen su gasto y cierran con eso el círculo vicioso con los despidos laborales.

Según este indicador, desarrollado por Zandi con código de Claude, las posibilidades de que Estados Unidos entre en una recesión formal han escalado a 49 por ciento. Es un punto medio en el que el mercado laboral empieza a dar señales de agotamiento y con una inflación estancada que impide que la Reserva Federal pueda actuar como el salvavidas que muchos quisieran ver.

Esta fragilidad, capturada prácticamente en tiempo real en el norte, proyecta una sombra inmediata sobre las expectativas para México. Acá, lo tendremos que ver desde el espejo retrovisor cuando los datos estén disponibles, pero los analistas ya interpretan con absoluta claridad: la desaceleración no es una posibilidad remota, es un proceso en marcha.

La encuesta de Citi México revela un ajuste a la baja en las expectativas de crecimiento del PIB para este año a un modesto 1.4%, en línea con las expectativas de los analistas que consulta el Banco de México y su estimado en promedio de una expansión económica este 2026 de 1.49% y con una inflación general elevada a 4.21 por ciento.

Sin embargo, desde Palacio Nacional se asolean desde una ventana que ve al optimismo que plasmaron en los Precriterios 2027, donde mantienen una expectativa desconectada del consenso privado y proyectan un crecimiento para este año, entre 1.8 y 2.8%; que, además, sostienen que será el consumo interno y la inversión lo que habrá de sostener ese dinamismo.

Estamos pues ante una fractura de expectativas, allá con los datos avanzados del VCI que advierten que la economía de Estados Unidos está a un paso de la parálisis por desconfianza; y, acá, con las expectativas de los analistas privados que ven una economía que pierde tracción rápidamente.

El “Círculo Vicioso” de Zandi en el norte se alimenta del combustible geopolítico. La guerra entre Estados Unidos e Irán tiene un impacto directo en los precios de los energéticos, que se suman a las distorsiones de la agresiva política arancelaria de Trump, lo que apabulla al gasto y al empleo en aquel país.

Si en el norte el ciclo se alimenta de esos choques externos y geopolítica, nuestros vicios locales se nutren de la negación, los dogmas y una obsesión autoritaria que termina por asfixiar el apetito de los inversionistas.

Aún sin tener un indicador que mida en tiempo real la erosión institucional, como el de Zandi, el efecto de nuestros propios círculos viciosos es igual de predecible.