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La diferencia entre la operación actual en Venezuela y la invasión a Irak en 2003 es que George W. Bush no retuvo el petróleo y nosotros sí lo haremos, le dijo Donald Trump el lunes al comunicador Joe Scarborough.

¿Qué quiere decir esto? Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano, pero lo tomará bajo su control, porque no quiere que China lo tenga a su disposición, en condiciones muy favorables. No lo necesita porque, desde la década pasada, se convirtió en el mayor productor petrolero del mundo. El millón de barriles diarios venezolanos no hacen la diferencia frente a los 14 millones de barriles que bombea Estados Unidos.

No es petróleo de alta calidad, como afirma Donald Trump. El crudo venezolano es muy pesado y sólo algunas refinerías de Estados Unidos lo pueden procesar. Es muy valioso por lo que significa. Lo importante es dejar fuera a China y poner al gobierno venezolano una zanahoria de 2,000 millones de dólares. Luego se verá qué hacer con el petróleo. A Estados Unidos no le hace falta. Podría producir 50 millones de barriles en cuatro días. Tiene unas reservas estratégicas que ascienden a más de 600 millones de barriles.

El petróleo está en el centro del interés de Trump por Venezuela, pero es más un articulador de la narrativa que una materia prima vital. Resolución Absoluta es una operación que tiene mucho que ver con el Ego de Trump. El presidente tiene los reflectores y los micrófonos, pero le falta afinar el guion. Se nota que no quiere que a su aventura venezolana se le atribuyan objetivos humanitarios. No está ahí para restaurar la democracia ni para liberar a un pueblo que ha sido víctima de un pésimo gobierno, sino para dar un manotazo en el tablero de la geopolítica y para defender los intereses de Estados Unidos.

Venezuela es un nuevo escenario de la competencia con China y una oportunidad de tomar revancha frente a una camarilla que quitó las oportunidades de negocio a las empresas estadounidenses. Es también el primer laboratorio donde se despliega la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump. América para los americanos, versión 2025.

Venezuela le viene como anillo al dedo a la Doctrina Donroe. Nicolás Maduro perdió las elecciones del 2024 y se las robó, por tanto se le puede considerar un presidente ilegítimo. El grupo que gobierna es extremadamente corrupto y se ha aliado con adversarios o enemigos de Estados Unidos: Irán, China y, quizá, narcotraficantes. Si fuera un país pobre, bastaría con aislarlo. Como es un país riquísimo, no se le puede dejar suelto ni a disposición de los rivales. Hay que encontrar la manera de explotar su riqueza…aunque el modelo que pregona Trump parece más del siglo XIX que para el siglo XXI.

La recuperación de Venezuela no será fácil ni rápida. Para poner de pie la industria petrolera venezolana se necesitarían inversiones de alrededor de 100,000 millones de dólares, pero hay una mosca en la Sopa: otros lugares de la región ofrecen mejores oportunidades en el corto plazo, Guyana y Argentina, por ejemplo.

Las empresas petroleras estadounidenses no están tan eufóricas por Venezuela como los funcionarios de la Casa Blanca. Para algunas, el mejor negocio no está en los campos petroleros de Venezuela sino en la posibilidad de ganar litigios por medidas tomadas por el Chavismo desde hace dos décadas. A juzgar por la reacción de los mercados, hay más interés por hacer negocios en Venezuela para los proveedores de la industria petrolera que para las petroleras.

Además, del petróleo, ¿hay otros recursos que hagan atractiva a Venezuela? Tiene minerales en abundancia: hierro, níquel, oro, bauxita (que sirve para producir aluminio) y tierras raras. No sería extraño que en los próximos días, Donald Trump, empiece a hablar con más frecuencia y entusiasmo del potencial minero de Venezuela. No hay que olvidar que la justificación del operativo en Venezuela es un guion al que le faltan páginas.

El funcionamiento cotidiano de las empresas estadounidenses en Venezuela requiere condiciones que ahora no existen y no está claro cuándo existirán: no hay personal calificado ni condiciones mínimas para llevarlo desde Estados Unidos u otros lugares. El país es un polvorín, con niveles muy elevados de violencia e inseguridad. Para sectores, como el petrolero y el minero, que trabajan con plazos muy largos, hay demasiada incertidumbre. Empezando por una cuestión que es política y geopolítica: Quién mandará en Venezuela y en Estados Unidos dentro de 5 o 10 años. Qué planes tendrá para América del Sur. En otras palabras, quién pondrá las reglas para operar en uno de los territorios más ricos del mundo.