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Hoy lunes será presentado un documento cuyo expresivo hashtag es #VamosPorMás. El documento habla de la decisión de un grupo de personas, organizaciones civiles, académicas y empresariales, preocupadas por la corrupción, la impunidad y la violación de derechos humanos.

Éstas, dice el documento, son “enfermedades que están minando la salud de la nación y que amenazan su desarrollo económico y social. Padecemos, todos, una profunda e indignante injusticia. No podemos estar ni estamos dispuestos a acostumbrarnos”.

El documento/manifiesto es un alegato a favor del Sistema Nacional Anticorrupción y contra los evidentes síntomas de sabotaje que le van apareciendo en el camino.

“No hay duda”, dice #VamosPorMás, “el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción está despertando; y también está despertando resistencias. Hay grupos de políticos y funcionarios que se oponen al cambio, y otros que son incapaces de construir de la mano de la ciudadanía a la que dicen servir o representar”.

Me gusta el fondo de optimismo obcecado del documento, su certeza de que la exigencia social puede hacer la diferencia frente a las resistencias de falsos aliados.

Me gusta también la puntualidad de sus exigencias, el hecho de que no solo sean precisas y alcanzables, sino obligatorias para el sistema político, en seguimiento de las leyes que él mismo se ha dado.

Por ejemplo:

1. Constituir una fiscalía anticorrupción autónoma, independiente y eficaz, con los controles democráticos adecuados.

2. Hacer los nombramientos de esa fiscalía según las mejores prácticas de imparcialidad, transparencia y méritos, a nivel federal y local.

3. Asignar los recursos suficientes para asegurar la independencia y el funcionamiento de los Comités de Participación Ciudadana, del propio Sistema Nacional Anticorrupción y de los sistemas locales.

3. Revisar las escandalosas omisiones que quedan todavía en las leyes de adquisiciones y obra pública, en las finanzas de los partidos y en el uso del fuero como sinónimo de impunidad legal.

#VamosPorMás no quiere dar por terminado el sexenio, quiere “aprovechar hasta el último día de esta administración para impulsar reformas y acciones”.

Y en eso está. Es la ciudadanía que necesita México.

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