Al final del reencuentro, no hubo conferencia de prensa conjunta, solución en temas comerciales, ni firma de acuerdos, lo que permitió a cada país dar su versión, con sólo puntos sobre el encuentro, con visiones diferentes y hasta contradictorias
Al cabo de una década, los presidentes Donald Trump y Xi Jinping volvieron a encontrarse en Beijing, China, este 14 de mayo, tras meses de una tensa relación por acusaciones de “robo de propiedad intelectual, violación de prácticas comerciales, amenazas y la imposición de tarifas ilegales”.

En el marco de una coreografía finamente preparada, seguro y estable, el presidente Xi Jinping, marcó distancia desde la llegada de Trump, con un séquito de multimillonarios que le apoyan, recibidos cálidamente en el aeropuerto por Han Zheng, su vicepresidente.
El mundo vio a dos líderes muy diferentes.
Uno, anunciando el 15.º aniversario de un plan para el desarrollo económico y social de impulso y modernización y preservación de la herencia cultural de la civilización de 5000 años, sumado a esfuerzos de cooperación internacional, proyectando la estabilidad de su país, como alternativa a la volatilidad de un cada vez más impredecible Estados Unidos, con afanes de expansión e imposición de medidas ilegales.
Otro, inexperto e impulsivo, obsesionado en expulsar del país a migrantes, pilares del crecimiento económico, ignorando sus aportaciones; que trata de reescribir la historia, mientras no encuentra salida a la costosa e incierta guerra contra Irán, limitada a bombardeos, sin estrategia clara, arrastrado por el plan de expansión de Israel.

Guerra que consumió ya más de 90 mil millones de dólares, con bases militares destruidas por Irán, igual que costosos y sofisticados aviones radar, cazabombarderos, aviones de abastecimiento aéreo; drena peligrosamente su arsenal de misiles y llevó a su país al punto en que la deuda supera ya al producto interno bruto.
Políticas que agudizan los problemas económicos de la población, con el encarecimiento del costo de la vida, en una espiral de aumento de precios de gasolina, alimentos, pérdida de seguro de salud, despidos, mientras él destruye el patrimonio histórico, se aferra a construir proyectos en su honor, como un lujoso salón de fiestas, con cargo a los contribuyentes, que incluye un búnker subterráneo, para refugiarse, si su partido pierde el control de las dos Cámaras del Congreso, en la elección intermedia de fin de año.
Desde su primer encuentro de dos horas, hablaron de temas cruciales para cada país:
Para Trump, la guerra de Irán que lanzó, sin consultar ni informar a aliados ni a su propio Congreso, en la que está atrapado, tras propiciar el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que desestabiliza el abastecimiento global de petróleo, impactando negativamente a todo el mundo, con escasez e incremento de precios de la gasolina, gas, fertilizantes y otros insumos; desacelera la economía global, aumenta la inflación y amenaza con recesión universal.

Y para China, Taiwán, la isla democrática, que durante décadas ha tratado de independizarse, con apoyo de Estados Unidos y sobre la que Beijing reclama soberanía.
Xi Jinping advirtió a Trump que “Taiwán es el asunto más crítico en la relación bilateral” y le recomendó “manejarlo adecuadamente” para evitar “choques y conflictos” entre las dos más grandes economías del mundo.
Urgió a Trump a superar años de tensión y competencia estratégica, para construir una coexistencia pacífica, basada en el respeto mutuo, apertura y comunicación, para propiciar un mundo más predecible y seguro para todos.
“China y Estados Unidos ganan de la cooperación, en un mundo cambiante y turbulento”, dijo, “y pierden en la confrontación; nuestros países deben ser más socios, que rivales.”
Lo que pareció tener eco en el presidente Donald Trump, quien aseguró que “las relaciones entre los dos países serán mejores que nunca,” confiado en que China, el mayor comprador de petróleo iraní, presione al gobierno islámico para reabrir Ormuz.

Analistas consideran que la visita fue importante para mejorar la relación de China y Estados Unidos, y de la que se habló de pocos logros claros, como la compra de productos agrícolas, posible renovación de la venta de carne y sólo 200, de 500 aviones Boeing que había anunciado el presidente Trump, quien continúa asegurando, “podrían ser 750.”
Tras la visita de 43 horas, en la que Trump presenció un desfile militar y pasó revista a las tropas, caminando adelante de su anfitrión, lo que fue considerado una ofensa, Xi Jinping lo llevó también al Templo del Cielo, al que cada año acudían los emperadores chinos, removiendo su corona, para agradecer al cielo las buenas cosechas, logros y estabilidad.
Al final del reencuentro, no hubo conferencia de prensa conjunta, solución en temas comerciales, ni firma de acuerdos, lo que permitió a cada país dar su versión, con sólo puntos sobre el encuentro, con visiones diferentes y hasta contradictorias.
La Casa Blanca señaló que hablaron de Irán, coincidiendo en que “no debe tener bombas nucleares” y lograron acuerdos para abrir el Estrecho de Ormuz.
China informó de pláticas de Medio Oriente, sin mención y menos acuerdos o compromisos al respecto.
La Casa Blanca dijo que discutieron inversiones chinas en industrias de Estados Unidos y formas de controlar el fentanilo, que Trump “quiere ligar a la negociación de minerales raros y Taiwán.
China informa que acordaron comprar 200 aviones a Boeing, cuyas acciones cayeron, porque se esperaba la venta de 500.
Algunos analistas, como James Robertson, concluyen que China apoya a Irán, facilitándole la infraestructura, para desarrollar la capacidad de fabricar drones, misiles y sistemas, para una guerra asimétrica de larga duración, sin lo que no habría podido fabricar drones Shahed, que han destruido aviones, radares y equipo estadounidense, o misiles hipersónicos.

Critican la poca preparación de la cumbre que Trump bautizó como G-2; mientras medios de información destacaron detalles de la visita, que analistas consideran poco favorable para Estados Unidos, a lo que Trump respondió este lunes con ataques a los demócratas, periodistas y analistas.
Expertos se mostraron extrañados de que Trump no abordó el intenso ataque con 1428 drones contra Kiev, Ucrania, que costó la vida a 24 civiles, ordenado por Vladimir Putin —quien llegaría a Beijing este 19 de mayo, para una visita de Estado—, con el propósito de reforzar una alianza, orientada a modificar el balance de poder global.
Rusia firmó el año pasado más de 20 acuerdos de energía, tecnología aeroespacial, IA, agricultura y tecnología industrial, por un valor superior a los 200 mil millones de dólares, que además incrementaron sus exportaciones de níquel a China, a mil millones de dólares, de cobre a 2 mil millones de dólares, y aluminio, un 50%, igual que ventas de trigo, semilla, aceites y, por supuesto, gas y petróleo, mediante rutas alternas al Estrecho de Ormuz.
De regreso a Washington, el presidente Trump, dijo a reporteros en el AF-1 que “no asumió ningún compromiso sobre la entrega del paquete de 14 mil millones de dólares en armas a Taiwán, aprobado por el Congreso, que no firmó para evitar tensión en su visita a China, donde Xi Jinping advirtió que “un error en la relación con Taiwán, sería de gran peligro para toda la relación bilateral”.
