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El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo, antes de tomar posesión, que el uso de la violencia contra cárteles mexicanos declarados grupos terroristas era una opción que estaba “a la disposición del presidente”. Pero que él, como secretario de Estado, prefería un camino de “cooperación”.

Los cárteles ya han sido declarados terroristas por el presidente Trump, pero creo que sigue abierta la puerta de la cooperación de la que habla el secretario Rubio. Creo que es la verdadera puerta que quiere abrir Trump, a su estilo: amedrentando al interlocutor con el infierno.

Que yo sepa, hay en México, publicado, al menos un esbozo de la posible vía de cooperación “propuesta por Rubio”.

Es una propuesta que podría integrarse, como nuevo horizonte a explorar, en las conversaciones inminentes sobre el T-MEC.

Se trata de crear un Tratado de Seguridad para América del Norte, como extensión del tratado que ya nos rige en lo económico, con sus propias características de confidencialidad.

Los objetivos inmediatos de ese tratado, propuesto por Eduardo Guerrero, consultor especialista en la materia, serían:

1. Profundizar la cooperación trilateral frente al crimen organizado que afecta la seguridad interior y exterior de Norteamérica.

2. Avanzar en la profesionalización de las fuerzas policiacas y militares de México, así como en sus agencias de inteligencia y de investigación criminal.

3. Crear grupos operativos (task forces) de alto rendimiento y blancos precisos, para erradicar núcleos de crimen organizado de gran escala.

No hay una historia de colaboración propicia para este entendimiento entre México y Estados Unidos. La colaboración, de hecho, fue suspendida por el anterior gobierno mexicano.

Pero hay un nuevo gobierno poderoso en Estados Unidos, obsesionado con el tema. Hay también un nuevo gobierno poderoso en México, capaz de negociar esto. Y estamos en la inminencia de un cambio de gobierno en Canadá.

No hay duda de que el país rector de este acuerdo trilateral de seguridad sería Estados Unidos. Tampoco hay duda, creo, de quién sería el más beneficiado por esa negociación: México.

(La propuesta de Eduardo Guerrero puede leerse en la edición de la revista Nexos de febrero 2024).