Un techo salarial no garantiza transparencia


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Enrique CamposLa Gran Depresión

Aun el papa Francisco, el más austero de los príncipes de la Iglesia católica en los tiempos recientes, tiene reglas para su sobriedad.


Aun el papa Francisco, el más austero de los príncipes de la Iglesia católica en los tiempos recientes, tiene reglas para su sobriedad.

Podrá usar un auto compacto para trasladarse en lugar de la limusina blindada, pero será de una marca patrocinadora. Y no dejará de utilizar toda la infraestructura vaticana para la nada sencilla labor de administrar su Iglesia con su peculiar estilo.

La imagen de austeridad tiene sus dividendos. Ahí está la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar, quien se pagó el viaje a Rusia, viajó en avión comercial en clase turista y pidió vacaciones sin goce de sueldo para asistir a los partidos de su Selección.

Hoy el mundo la ama porque logró la imagen que quería.

Se le recordará empapada por la lluvia y como una mujer sencilla y quizá casi nadie recordará, o se enterará, que Grabar fue partidaria de construir vallas en su país para impedir la entrada de migrantes. La adorable y austera Grabar es adepta a tener un muro al estilo Trump.

Ahí la sencillez y la austeridad le rindieron dividendos a quien buscaba venderse al mundo como una mandataria ejemplar.

El virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, es de hecho un hombre austero en su persona, con todo el derecho de tener un estilo de vida sencillo por decisión propia.

Sin embargo, tratar de imponer un modelo de vivir con lo justo para toda una administración pública federal puede resultar contraproducente. Es mejor imponer un modelo de transparencia antes que de apariencia.

Es absolutamente cierto que se cometen excesos desde el poder público. Secretarios de Estado que mandan cerrar calles para pasar sin tráfico en sus autos blindados escoltados por cuatro o cinco camionetas y motocicletas, uso indiscriminado de aviones, casas de playa que muchos ni siquiera imaginan que posee el gobierno, cuentas exorbitantes en bares y restaurantes. Sí hay un abuso.

Aunque también la “izquierda” arropada ahora por Morena tiene sus muy conocidos representantes del abuso presupuestal.

Pero de ahí a atrofiar las posibilidades de contratación, movilidad y de reacción del gobierno hay gran diferencia. Usar aviones comerciales va a ser incómodo y muy oneroso para todos. Va a dañar a miles de usuarios de la aviación comercial, pero dará la imagen de un presidente franciscanamente austero.

Hacer un museo en Los Pinos, trasladarse en un subcompacto sin seguridad es viable pero innecesario ante tantos recortes que pueden ser más efectivos en el derroche actual de los servidores públicos.

Pero bajar los salarios a los funcionarios públicos atenta en contra de la necesidad de contar con cuadros bien calificados para ocupar la alta burocracia del país.

Un aspirante a subsecretario de Estado, por ejemplo, seguro quiere aspirar a darle a sus hijos una buena educación, cumplir mensualmente con su hipoteca, comprar ropa de calidad para su familia, tener vacaciones, ahorrar, en fin. Todo a cambio de dejar sus horas de trabajo y todo su esfuerzo a favor de su país. No podrá hacerlo en el sector público. ¿Qué perfiles atraerá una limitante salarial?

Es mejor en todo caso saber que se les paga bien a los funcionarios públicos y no tener que preguntarse cómo le hacen para autoexiliarse en París o para no trabajar durante 12 años, en fin.

Sería mucho más efectivo y más democrático tener una total trasparencia, antes que una exagerada austeridad que acabe por atrofiar al gobierno entero.