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Efectivamente, México es un paraíso comparado con Bolivia o Argentina, como dice Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia. No parece que seamos la tierra prometida si la comparación se hace con España, con todo y su proceso de integración de gobierno, o Inglaterra, a pesar de su Brexit.

Curioso que las comparaciones de este alto funcionario las haga con países con algún tipo de crisis. Bolivia y las revueltas provocadas por los intentos de fraude de Evo Morales o Argentina y los estragos financieros del regreso del populismo.

No es de mucha ayuda comparar a México con países en crisis. Hay que aspirar a que el punto de referencia sea con países con crecimiento y con estabilidad. Pero, en fin, es parte de una estrategia que al menos da buenos rendimientos entre los seguidores de la 4T.

La economía no tendrá los mejores resultados, pero al menos los ciudadanos están conformes con el actual gobierno. Basta con echarle un ojo a los niveles de aprobación presidencial para ver que no importa el cero crecimiento o estar en el cierre del año más violento de la historia reciente del país, el presidente Andrés Manuel López Obrador goza de cabal salud política.

Hay un indicador que sirve de muy poco para la toma de decisiones empresariales en el sector comercial, pero que debe ser un referente para los que miden los niveles de popularidad presidencial.

El Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), que a través de encuestas elaboran de manera conjunta el Inegi y el Banco de México, tiene más parecido con el comportamiento de las encuestas de popularidad presidencial que con indicadores como el consumo al menudeo o las mediciones del Producto Interno Bruto en su conjunto.

Desde principios del año pasado este indicador subió como la espuma y alcanzó niveles máximos históricos tras la toma de posesión del presidente López Obrador. Los niveles de aceptación presidencial son muy similares a los del ICC.

De hecho, la economía pintaba tres trimestres consecutivos en el terreno negativo, eso que técnicamente se llama recesión, cuando los consumidores se mostraban más confiados que nunca.

Y mientras el ejercicio del poder también se ha encargado de desgastar un poco esos niveles estratosféricos de aceptación del presidente López Obrador, así ha bajado la confianza del consumidor.

De hecho, hoy son más los encuestados que creen que la economía del país está mejor hoy que hace un año, en sentido contrario a cualquier medición objetiva. Pero este optimismo desbordado se compensa con la realidad de que son menos los que hoy confiesan que pueden comprar un bien duradero.

Esa esperanza que levanta la 4T entre los consumidores ayuda en buena medida a que México sea ese paraíso del que habla Romo y no haya manifestaciones de descontento como en Chile o Colombia.

Pero no hay popularidad carismática que aguante la falta de resultados y un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos. Así que para mantener el paraíso hay que dar resultados.