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La sobreexposición de Evo Morales en su vida pública aquí resta cada día puntos a la 4T, porque representa todo en lo que puede acabar México: un país fracturado y abierto a la dominación de las biblias, las botas militares, la cacería humana…

Tiene más presencia mediática que un secretario de Estado e influye: el presidente mexicano galvanizó su agenda racial desde la llegada de su huésped, quien condujo una funesta hegemonía cultural de tres lustros en Bolivia, que hoy tiene a sus compatriotas matándose entre sí en las calles.

En un año, el presidente mencionó 27 veces el término “racismo”, según la cuenta del doctor Luis Estrada. Pero, al día siguiente del arribo de Morales, lo dijo ocho veces y, ayer, cuatro. Además, el fin de semana anunció que tomará decisiones en función de la raza de sus gobernados.

La presencia de Morales recuerda la de 25 días de Fidel Castro al Chile de Allende en 1971. Recorrió el país como candidato presidencial. Allende le solicitó al socialista Carlos Altamirano que le pidiera mesura al visitante, a lo que éste respondió que se lo dijera Allende, quien… no lo hizo.

“No aceptan que los indios puedan hacer historia”, dijo Morales el sábado en la campaña presidencial que realiza aquí desde su condición de asilado. Un día después, el presidente mexicano anunció que la pensión para adultos mayores será a los 65 años para los indígenas y a los 68 para los no indígenas.

Claro: el Estado mexicano actuó con altura de miras y conciencia histórica, al acoger a un político perseguido de muerte en su país, como antes a republicanos españoles, Trotsky, el sha de Irán, anticastristas en los años sesentas, sudamericanos, antimaduristas hoy: sin distingos políticos, pues.

Quien se desempeña mal es Morales: se pasea con una guardia pretoriana (el propio presidente mexicano trata de que la suya se vea poco) y anda de rockstar fotografiándose con figuras de la 4T, desde el canciller a la jefa de gobierno, pasando por secretarios de Estado y legisladores del gobierno.

Y no es sólo que, con ello, viole el derecho internacional (un asilado no puede hacer política), sino que le está dando el beso del diablo a sus anfitriones: en las encuestas diarias de Mitofsky, el presidente baja a diario desde que llegó Morales, a quien ayer WSJ reseñó como un narcopresidente:

–El miércoles pasado, día de la llegada de Morales, el presidente tenía 58.6 por ciento de aceptación

–El jueves (58.3)

–El viernes (58.1)

–El sábado (58.0)

–Ayer (57.5)

Todo, por el comportamiento de adolescentes emocionales en el gobierno, obnubilados por la presencia de un delincuente electoral probado por la ONU…

Y sépase que más.