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No habrá sorpresas: el juicio político de Donald Trump concluirá mañana y será exonerado. En el Senado, los republicanos ni siquiera aceptaron nuevas pruebas o testimonios para poder juzgar con toda la información sobre la mesa. En estos tiempos, ni los datos duros ni el sentir de la opinión pública cuentan mucho.

Al contrastar este juicio político con el que enfrentó Bill Clinton, comenté en este espacio que, a diferencia de entonces, esta vez no veríamos los cruces de líneas partidistas y tampoco se daría entrada a testimonios clave. En 1999, la política estaba menos polarizada y sí importaba que la gente percibiera cierta objetividad en el proceso.

La situación ahora es muy distinta. Frente a los datos duros, se impone la realidad alternativa. Y la amplitud de apoyos es rebasada por la intensidad de las lealtades.

A una figura como Trump, la polarización le sienta bien. Según la más reciente encuesta de NBC/WSJ, 81% de los electores tiene posiciones extremas sobre Trump; a 32% de ellos les entusiasma y 49% lo repudia. En contraste, con Joe Biden, los encuestados, en su mayoría, solo dicen sentirse cómodos (44%) o tener algunas dudas sobre él (21%).

Por eso, pese a las evidencias de abuso de poder, la popularidad del presidente se mantuvo intacta. De hecho, el efecto más notable del juicio fue el reforzamiento de su base. Según la misma encuesta, el segmento de quienes dicen apoyarlo en cualquier escenario pasó de 31 a 36% en las últimas semanas.

En esas condiciones era impensable que los legisladores republicanos lo abandonaran. La obviedad del resultado del juicio se reflejó en una audiencia televisiva muy baja.

Cuando un país está tan dividido como hoy se encuentra Estados Unidos, las posiciones se vuelven inamovibles y, por ende, absolutamente predecibles. Tanto, como el discurso y la conducta de Trump.

Ahora, el presidente se dirá reivindicado, se sentirá aún más libre de restricciones y por encima de la ley. Ningún remordimiento por haber pasado a la historia del lado equivocado. El juicio ni lo arrinconó ni lo echó para atrás. Por el contrario, lo dejó turbocargado y con nuevo impulso para buscar su reelección.