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Misión cumplida. En lo que amenaza con ser un debate de retórica populista entre el gobierno entrante de Donald Trump y la administración de Claudia Sheinbaum, la mandataria mexicana logró colar en los medios de Estados Unidos un revés a los dichos del republicano.

En la edición digital de The New York Times se puede leer: “Poking fun at Trump. Mexico’s president suggests US should be called Mexican America”, algo así como, burlándose de Trump, la presidenta de México sugiere llamar a Estados Unidos América Mexicana.

Ahí está, un revés a Trump en el mismísimo y criticadísimo New York Times, pero ese es un debate totalmente inútil, como bien lo identifica Marcelo Ebrard dentro del propio gobierno mexicano.

Lo que creen es que el populismo de Donald Trump les ha caído como anillo al dedo al régimen de este país, porque tienen la oportunidad de conseguir aquel “enemigo externo” que marcan los manuales del populista, con un discurso simple y que llame a la unidad nacional.

Ahora, el doble filo está en el hecho de que el próximo Presidente de Estados Unidos claramente se ha adiestrado en las artes de la demagogia.

Donald Trump tuvo cuatro años para ponerse al corriente de las más recientes tácticas de los populistas del mundo y no hay duda de que una de sus inspiraciones fue “Juan Trump”. Ya le copió, por ejemplo, aquello de desaparecer el horario de verano.

El problema es que en México hay escuela, pero no está el maestro. Ponerse al tú por tú en ese terreno populista puede no ser fácil, porque uno de los componentes básicos de esa retórica es el carisma.

Para el ejercicio propagandístico interno le viene bien al régimen entrar en una discusión sobre la antigüedad del nombre del Golfo de México, porque ayuda para ganar esa partida, eso nunca va a suceder, mientras que los peligros reales pasan de noche para esas mayorías.

Imposición de tarifas arancelarias a las importaciones ante el creciente déficit comercial, aplicación de esquemas de deportación inmediata de inmigrantes ilegales, designación de organizaciones terroristas a los grupos criminales, ahí están las preocupaciones, pero al final son temas áridos para una parte importante de la clientela política del régimen.

Es un hecho, el regreso de Donald Trump a La Casa Blanca habrá de incrementar la incertidumbre económica, financiera, comercial, migratoria, política y demás, con malas expectativas para nuestro país.

Y esto sucede en medio de un proceso de concentración del poder y un deterioro democrático interno acelerado.

Las expectativas para México este año no son halagüeñas porque aun antes de que se cumpla cualquiera de las amenazas de Trump ya tiene este país un escenario de desaceleración económica, incluso con posibilidades de recesión, que claramente se agravarían si se cumplen las amenazas del republicano.

Así que las distracciones populistas ayudan a controlar la retórica interna, pero pueden generar tensiones adicionales con aquel que parece dispuesto a todo para usar la demagogia para concentrar todo el poder que le sea posible en su segundo mandato.