Trump y sus seguidores republicanos luchan desesperados por un golpe de Estado

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Gregorio MerazEE.UU.

A pesar de que Trump continua suspendido en YouTube, Twitch, Snapchat, Facebook, Twitter y otras redes sociales, su campaña de mentiras comienza a tener efecto

Estados Unidos y el mundo siguen incrédulos, paso a paso, la intensa preparación, abiertamente, de un nuevo intento de golpe de Estado de Donald Trump, con apoyo total de los republicanos determinados a hacer “cuanto sea necesario” para “reinstalar” al expresidente, anulando el resultado de la elección del pasado mes de noviembre, basándose en el recuento de votos de empresas privadas en Arizona, Georgia y posiblemente Pensilvania.

Frustrado porque en solo 6 meses, el presidente Demócrata Joe Biden impulsa a Estados Unidos hacia el control de la pandemia de coronavirus, Trump trata de bloquearlo por todos los medios.

La intensa campaña de Biden, para vacunar a cerca de un millón de personas por día, la imposición del distanciamiento social y uso obligatorio de mascarilla en edificios federales hizo posible el desplome de infecciones en un 41%, igual que las muertes, que llegaron a medio millón durante la gestión de Trump.

Esos avances aceleraron la recuperación de empleos; solo en mayo, se crearon 559.000 reduciendo el desempleo del 6.1% de principios de año, a 5.8%, una tercera parte del 14.7% heredado de Donald Trump, tras el colapso de la economía.

Tratando de cumplir su promesa de un bipartidismo más abierto, el presidente Biden busca que el Congreso apruebe un Plan de Inversión en Infraestructura, por 2.3 trillones de dólares, para reducir la actual tasa de 5.8% de desempleo.

Donald Trump, está cada vez más obsesionado con la idea de regresar al poder.

Tanto el expresidente como legisladores republicanos que dependen de su influencia, propagaron la infundada versión de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reinstalaría a Donald Trump en la Casa Blanca, antes del fin de semana de Labor Day o Día del Trabajo.

Michael Lindell, otro de los fanáticos de Trump, declaró en un programa de radio “War Room” o “Cuarto de Guerra” de Steve Bannon, ex asesor de Trump, que “se presentará toda la evidencia de fraude y la participación de comunistas para robar la elección ante la Suprema Corte de Justicia, que, impresionada por las pruebas de fraude, rechazará el resultado de los comicios de 2020 y fijando una nueva fecha para la Inauguración de Trump”.

Los expertos, por supuesto, rechazan esas teorías, considerando que en diciembre, la Suprema Corte de Justicia rechazó la demanda de Ken Paxton, Procurador General de Texas, pidiendo la anulación de votos que dieron la victoria a Biden en 4 estados y considerando que la Suprema Corte de Justicia entrará en un receso de 3 meses a finales del mes de Junio.

Ante fanáticos que no están informados, Trump ha logrado mantener viva su mayor mentira: el supuesto fraude electoral.

William Barr, su ex procurador de Justicia, aclaró enfáticamente que no existe evidencia alguna de fraude electoral, los equipos legales de Trump no pudieron comprobar la mentira ante más de 60 tribunales y la Suprema Corte de Justicia.

Con el control absoluto de un partido Republicano que maneja a su antojo, Trump pregunta continuamente a sus asesores “si podría ser reinstalado y reasumir la presidencia”, pisoteando el resultado de una copiosa votación.

Consciente del avance de 30 investigaciones civiles y criminales que podrían convertirlo en el primer expresidente condenado a prisión, ahora que se encuentra en una posición más vulnerable, Trump lucha contra el tiempo, tratando de evadir la acción de la justicia, con el argumento de que las acusaciones de evasión de impuestos, fraudulentas maniobras para inflar el costo de sus propiedades, para obtener financiamientos o minimizarlos, para evadir impuestos, reembolsos ilegales que pidió al Servicio de Impuestos, acusaciones de asalto sexual, violación de Leyes de Financiamiento de Campañas y otras “son parte de una cacería de brujas” que dice, comenzó desde su ascenso al poder.

Con los republicanos de Arizona a su servicio, han logrado atraer a su auditoría de votos no oficial, a una empresa sin experiencia en el tema electoral. Actualmente Trump presiona a gobernadores o legisladores republicanos de Pensilvania, Georgia y otros estados, para que hagan auditorías similares a la que se hizo en el condado de Maricopa, Arizona.

Con ello trata de expandir la hasta ahora infructuosa búsqueda de alguna falla, en la que pueda sustentar sus intentos de generar dudas sobre la integridad del proceso electoral de 2020 y sobre la legitimidad del gobierno de Joe Biden, aunque eso signifique poner en riesgo la Democracia más grande del mundo o levantar una nueva ola de violencia, lo que analistas consideran sumamente peligroso.

El expresidente urge a los republicanos que le apoyan, a “encontrar argumentos creíbles” como la supuesta “impresión de boletas en China, con residuos de bambú” y que fanáticos seguidores dicen “fueron lanzadas desde un avión” en Arizona.

Engañados o desilusionados, cerca de 73 millones de votantes que lo apoyan, creen cualquier mentira sobre el supuesto “fraude electoral” y “robo de la presidencia” al exmandatario.

Trump asegura una y otra vez a los republicanos, que han contribuido a un fondo de 31 millones de dólares, que “lo reinstalarán el mes de agosto”, generando tensión en todo el país, por la violencia que esa afirmación pueda desatar.

La obsesión del magnate se incrementó a raíz de declaraciones de Sidney Powell, ex integrante del equipo legal de Trump, quien enfrenta una demanda de mil 300 millones de dólares, por difamación de Dominion Voting Systems, que también demandó a Rudy Giuliani.

Durante una Convención de la organización Qanon, promotora de teorías de conspiración, en Dallas, TX, Powell dijo a la multitud que el expresidente “simplemente puede ser reinstalado y solo fijarse una fecha para su inauguración”.

En ése mismo evento, el general retirado Michael Flynn, quien fue el primer Asesor Nacional de Seguridad de Trump, dijo que “no había razón alguna por la que en Estados Unidos no pudiera realizarse un golpe de Estado similar al de Myanmar” “para destituir al presidente Joe Biden y reinstalar a Donald Trump”, lo que después trató de desmentir a través de redes sociales.

Michael Lindell, empresario fabricante de almohadas y fanático de Trump, promueve esa gran mentira, igual que senadores republicanos como Rob Johnson, de Wisconsin, quien niega la insurrección armada del 6 de enero, tratando de proteger a Trump, argumentando, como él, que “se trató de una demostración pacífica, en la que los manifestantes abrazaron y besaron a los policías”.

Con el control que mantiene de la base, Trump depura al partido fundado por Abraham Lincoln, de militantes conservadores que han criticado su gran mentira e intentos de desestabilización, como muestra la destitución de la congresista Liz Cheney, hija del influyente ex vicepresidente Dick Cheney, quien se desempeñaba como la número 3 de la Conferencia Republicana en la Cámara Baja del Congreso.

Cheney fue sustituida por Marjorie Taylor Green, Congresista novata de Georgia, militante de QAnon y promotora de teorías de conspiración.

Trump usa la destitución como “disuasión”, igual que sus amenazas contra 35 legisladores de su partido, que apoyaron la creación de la Comisión Bilateral que investigaría su participación en la insurrección del 6 de enero, que bloqueó la minoría Republicana del Senado.

A pesar de que Trump continua suspendido en YouTube, Twitch, Snapchat, Facebook, Twitter y otras redes sociales, su campaña de mentiras comienza a tener efecto.

El nivel de popularidad de Biden, que en Marzo fue de 55.1 contra 39.1 de desaprobación, bajó de 53 a 40.1.

Una encuesta de la Universidad Monmouth, señala que 65% de estadounidenses considera que Biden ganó como resultado de fraude electoral y 29% afirma que “nunca aceptará a Biden como presidente”.

La gran interrogante es si el pueblo estadounidense permitirá la traición a esta Constitución que llegó ser el sueño y ejemplo para otras naciones del mundo.

¿Se dejarán engañar por el expresidente?

*Texto publicado en Los Angeles Times y reproducido con autorización del autor.

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