Trump y sus leales seguidores desafían el juicio de la historia

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Gregorio MerazEE.UU.

Trump trata desesperado de ganar influencia y poder, ahora que enfrenta más investigaciones criminales sobre su incompetente ejercicio presidencial, plagado de escándalos, abusos y corrupción

Tras dividir y confrontar al pueblo estadounidense a base de mentiras, instigar la violenta insurrección armada que engendró la traición y propició el letal asalto al Capitolio, con la intención de impedir la confirmación del triunfo del presidente demócrata Joe Biden, Donald Trump divide y confronta ahora al débil partido Republicano, en el que sus militantes deben renunciar a sus principios, orgullo, ideología y decencia básica, o enfrentar ataques, insultos y el fin de su carrera política.

El ejemplo más claro y reciente, es la congresista Liz Cheney, de Wyoming, número 3 en la Cámara Baja del Congreso, hija del ex vicepresidente Dick Cheney, presidenta de la Conferencia Republicana y una de 10 republicanos que votaron en favor de la segunda impugnación a Trump.

El ex primer mandatario Trump utiliza el argumento del fraude electoral para presentarse como “víctima”, difundiendo el mensaje de que “él es el presidente legítimo, una mentira que, aunque parezca difícil de creer, ha llevado a más del 70% de los conservadores de este país, a dudar de la legitimidad del presidente Biden.

En la “renovación” del partido Republicano, con base a esa mentira, Trump ordenó a Kevin McCarthy, líder de la minoría en la Cámara Baja, -quien fue a Mar-a-Lago a pedirle perdón por las críticas que le hizo- sustituir a la presidenta de la Conferencia Republicana, por la Congresista Elise Stefanik de New York, quien puede ser vista como una evidencia más de cómo, el desesperado intento de supervivencia, lleva a legisladores conservadores a sacrificar su independencia y valores, para someterse a las condiciones del culto narcisista a Trump.

Stefanik pasó de la dura crítica a Trump, por atacar a familias de caídos en la guerra, la revelación de asaltos sexuales de Trump, en Access Hollywood, entre otros temas, a apoyar la auditoría de votos en Arizona y otros estados, declarando “su apoyo al presidente” quien dice, “ha defendido más que nadie la Constitución de Estados Unidos”.

Liz Cheney ha votado por más iniciativas de ley de Trump que Stefanik; es además más conservadora, pero rechaza la mentira de un inexistente “fraude” y de la campaña para quitar legitimidad al presidente Joe Biden.

Advierte que su partido se encuentra en un momento decisivo en el que debe escoger entre la mentira de Trump y la verdad y fidelidad a la Constitución, como escribió Cheney en un editorial abierto del diario Washington Post.

Para evitar las numerosas investigaciones penales que hay en su contra, el expresidente trata de mantenerse al centro de la atención nacional, librando una guerra contra empresas que defienden el derecho al voto, engañando a obreros y alimentando las expectativas de que buscará de nuevo la presidencia en 2024, criticando al presidente Biden y asegurando que “no está a cargo del país y que las decisiones son tomadas por la vicepresidenta Kamala Harris”.

Abandonando principios y propósito que le dieron origen, el partido Republicano, incursiona peligrosamente en el incierto mundo de fantasía del ex presidente Donald Trump, suprimiendo el derecho al voto de minorías, difundiendo peligrosas mentiras, distorsionando verdades, con un lenguaje similar al que originó el asalto al Capitolio, que podría provocar nuevos actos de violencia.

El gobierno Republicano de Arizona lanzó una desesperada “auditoria de 2.1 millones de votos” del condado de Maricopa, uno de los de mayor afluencia de votantes, para obsequiar al expresidente la “evidencia” de lo que dicen, “podría ser uno de los fraudes electorales al más alto nivel”, según Trump, quien asegura que “hay muchos otros estados como Michigan y Wisconsin en los que también se están auditando los votos”.

Aseguran que “cerca de 40 mil boletas procedentes de Asia, fueron arrojadas de un avión y depositadas en urnas”. Ahora “hacen pruebas” para ver si el papel fue fabricado con bamboo.

A puerta cerrada y a espaldas del pueblo, Brian Kemp, gobernador republicano de Georgia, puso en vigor una de las más restrictivas leyes electorales, mientras la legislatura del estado de Texas “aprobó” en la madrugada otra ley similar, parte de 253 iniciativas de ese tipo, con las que los Republicanos tratan de bloquear votos demócratas.

En Florida, el gobernador Ron DeSantis, uno de los más leales a Trump y aspirante presidencial, puso en vigor otra recalcitrante ley que penaliza y castiga las “manifestaciones contra el abuso policíaco”, mientras priva a los Demócratas de un voto en la Cámara Baja, retrasando la elección especial, para sustituir al Congresista Alcee Hastings, quien murió el mes pasado.

Y en el curso de las próximas semanas, se espera que cada una de las legislaturas estatales controladas por Republicanos, siga el ejemplo, como una absurda “prueba de lealtad” a Trump, quien prepara un nuevo asalto a la democracia, con apoyo de la “nueva membresía” de ese partido.

En tanto Mitch McConnell y Kevin McCarthy, líderes minoritarios en el Congreso, argumentando “el riesgo de un mayor déficit y endeudamiento” que callaron durante la gestión de Trump o el ridículo argumento de “socialismo”, anunciaron el “bloqueo total” a iniciativas del presidente Joe Biden, aprobadas por 58% de la población y desaprobadas solo por un 30%, porque son consideradas medidas urgentes para alivio de la clase media, así como apoyo a pequeñas y medianas empresas o el plan de infraestructura.

Trump trata desesperado de ganar influencia y poder, ahora que enfrenta más investigaciones criminales sobre su incompetente ejercicio presidencial, plagado de escándalos, abusos y corrupción.

Eso podría llegar a nuevas dimensiones en las investigaciones a Trump, tras el cateo a la residencia y oficinas de Rudy Giuliani, su ex abogado personal, cuya firma aparece en numerosos problemas de Trump; como el conflicto con Ucrania, que provocó su primera impugnación; el injustificado despido de Marie Yovanovitch, ex embajadora de Estados Unidos en ese país, por presión de Giuliani; los alegatos de “fraude electoral”, que ocasionaron la demanda de 2.3 billones de dólares contra Giuliani y Sidney Powell; la confirmación del pago de 130.000 dólares a la actriz porno Stormy Daniels, una de las examantes de Trump, para comprar su silencio; además de la sugerencia de “juicios en combate”, parte de la motivación del violento asalto al Capitolio, el 6 de Enero pasado.

*Texto publicado en LA Times y reproducido con autorización del autor

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