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No son pocos los que consideran que los cálculos políticos de los demócratas, respecto al futuro de Donald Trump, son equivocados. Que al final ni lo podrán condenar en un proceso de impeachment y que tampoco podrán evitar su reelección.

Claro que el partido opositor al presidente republicano tiene claro que no cuenta con los votos necesarios en el Senado para continuar con un proceso de juicio político, pero la estimación es que pueden lograr el suficiente desprestigio electoral de Trump como para impedir que consiga los colegios electorales que necesita para quedarse cuatro años más en la Casa Blanca.

No sólo es la habilidad del presidente de Estados Unidos para manipular el discurso y convertirlo en las palabras que quiere escuchar su base electoral, es la realidad de que tiene como respaldo un muy aceptable desempeño de la economía de su país.

Entre sus electores no hay una discusión sobre las señales de una posible recesión o de los índices de volatilidad y demás indicadores propios de los analistas. Para los estadounidenses de a pie hoy hay trabajo.

El mes pasado se crearon 266,000 plazas laborales no agrícolas, cuando en el mercado esperaban hasta 100,000 puestos laborales menos.

Hay estabilidad en los precios. La inflación es baja y los precios de los combustibles se han mantenido estables por meses. La inflación general está en torno a 2% y un galón de gasolina cuesta en promedio en ese país 2.60 dólares, unos 12 pesos por litro.

La confianza del consumidor que mide la Universidad de Michigan ha tenido siete incrementos consecutivos y también ha superado las expectativas de los analistas.

En fin, Donald Trump, el impresentable presidente de Estados Unidos, tiene para su causa muy buenos resultados económicos, muchos de ellos dados por la suerte de gobernar en la parte expansiva del ciclo económico.

Malo sería que un populista, con un discurso polarizante y que busca dividir a la sociedad para salirse siempre con la suya, tuviera una economía con cero crecimiento y sin inversiones. Porque con ese escenario, por más que dominara un discurso que encante a su clientela política, llegaría el momento en el que hasta los más crédulos resentirían en el bolsillo esos malos manejos y lo abandonarían por inepto.

Y, lo dicho, para los analistas la perspectiva es otra. Sin alguien ha acercado a la economía estadounidense a un escenario recesivo, ése es Donald Trump.

La guerra comercial contra China puede desembocar en una recesión inducida que tarde o temprano llegaría hasta los que no entienden de pronósticos y estimaciones.

Pero, por lo pronto, lo que tiene Donald Trump es una economía en expansión, cientos de miles de nuevos empleos, un poder de compra que se eleva y electores que escuchan un discurso belicoso que les gusta.

Así será difícil que lo puedan sacar de la Casa Blanca, salvo que pierda la carrera que libra contra una posible recesión.

Lo cierto es que hoy se le ve a la economía estadounidense el empuje suficiente para mantener durante varios trimestres un proceso de expansión. Para la buena suerte de Donald Trump.