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La resistencia institucional de Estados Unidos ha impedido que Donald Trump pueda imitar la destrucción de los contrapesos que ha visto en sus maestros autoritarios, por ejemplo, en México.

Usa en la solapa su Happy Trump, al estilo del Amlito del mesías tropical, pero no logró deshacerse de la autonomía de la Suprema Corte como sí lo consiguió la autollamada Cuarta Transformación.

Hoy, la autonomía de la Corte Suprema estadounidense, pese a su mayoría conservadora nombrada por el propio Trump, le ha dado un duro revés al republicano.

El sistema de pesos y contrapesos estadounidense demostró que, aunque herido, todavía respira. La Corte Suprema sentenció que el Presidente no tiene las facultades constitucionales para imponer aranceles de manera unilateral invocando leyes de emergencia.

La reacción del propio presidente Trump de imponer un arancel global de 10%, que unas horas después el propio republicano elevó a 15%, como si se tratara de lanzar monedas a una fuente, es la mejor muestra de por qué es necesario que en un país existan los contrapesos ante ese poder presidencial que enloquece.

Estados Unidos dejó en claro que es un país de leyes e instituciones, que la Corte no se mete con el contenido y las consecuencias de la política arancelaria de Trump, pero sí marca límites a la pretendida omnipotencia y da el lugar que debe tener el poder legislativo.

Trump optó, por ahora, por jugar a las vencidas con los jueces, pero puede buscar un distractor que desate la pirotecnia mediática que le garantice un real estatus de emergencia.

Si Trump optara por un distractor en contra de los narcoterroristas del sur, lo que ahora vemos sería todo menos un respiro para México, por más que en la parte comercial habría un aparente beneficio.

En pleno año de la revisión del T-MEC, el fallo de la Corte Suprema debilita el uso discrecional de Trump de los aranceles como mecanismo de presión negociadora, pero con la incertidumbre como el nuevo normal, no sabemos por dónde la Casa Blanca puede endurecer su postura frente a México para obtener lo que quiera en una eventual renegociación.

La resolución de la Corte Suprema puede implicar que la batalla por el futuro del T-MEC se pueda volver, paradójicamente, más compleja, porque ahora más que una complicación técnica por el tema de los aranceles podría tomar un camino de presiones más políticas.

Por la cercanía y el impacto de las decisiones en la política estadounidense hay que ver con agrado que la Corte Suprema mantenga esa independencia y fuerza frente a unbPresidente con pulsiones autoritarias.

Por la pérdida de muchos aspectos de la vida democrática en México sí vemos con cierta envidia que se mande allá el mensaje de que nadie, por más poderoso que sea, está por encima de la ley y que las instituciones prevalecen.

Trump parece que ha sido debilitado, pero es un animal político herido, uno de esos que en esa condición suelen ser más peligrosos. La Corte le quitó los dientes de su principal arma: la comercial, pero no el instinto de supervivencia y lo que no consiga con aranceles podría intentarlo por la vía del caos.