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Es el propio presidente Andrés Manuel López Obrador el que quiere ir a Estados Unidos para agradecer a Donald Trump por los favores recibidos en la pandemia.

También dijo que quiere ir a China, como para equilibrar la balanza con sus seguidores sentados más a la izquierda del líder.

Y mientras al republicano en campaña le brillaban los ojos, como lobo feroz, de este lado de la frontera del muro y la vigilancia migratoria de la Guardia Nacional, algunos de los colaboradores más sensatos de la 4T trataban de argumentar, sin molestar al tlatoani, sobre la imprudencia de ponerse en bandeja de plata frente a Donald Trump.

Todavía tienen tiempo de echarse para atrás y no caer en las fauces del presidente de Estados Unidos, pero si López Obrador insiste, estamos cerca de un espectáculo político nunca antes visto. O quizá sólo cuando Trump vino a México a visitar a Peña Nieto.

Está visto que una de las piñatas favoritas de Trump durante su campaña presidencial fue México. A sus bases les gusta ese juego de menospreciar a los del sur y si en Palacio Nacional no se han enterado, Trump está de vuelta en campaña.

Como una forma de lavar la cara diplomática mexicana, como para que no suene que el feligrés va al templo a agradecer al santo los favores recibidos en la pandemia, se ha tejido el discurso de que el encuentro es por la entrada en vigor, el miércoles, del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, alias el T-MEC.

Los políticos más hábiles de este gobierno buscan a como dé lugar involucrar en este lance al primer ministro Justin Trudeau, quien hay que ver si muerde el anzuelo.

Porque hay algo en especial que el estadounidense le tendrá reservado al mexicano y que tiene que ver, precisamente con ese pretexto comercial que ahora le quieren endilgar a la visita de agradecimiento que pretende López Obrador.

Ahí estará Donald Trump con un reclamo sensato y con argumentos de la Asociación de fabricantes de combustibles y petroquímicos de Estados Unidos que, a través de una carta, hacen del conocimiento de la Casa Blanca que el gobierno de López Obrador está violando sus derechos, garantizados en la reforma energética del 2013.

Retraso en los permisos, límites en los cupos de importación, implementación de barreras y pretextos para favorecer a Pemex. Toda una lista de razones que hoy conoce Trump y que afectan a uno de los sectores más importantes de la industria estadounidense, una actividad repleta de votantes y donadores.

En la carta, los productores de energéticos estadounidenses le recuerdan a Trump que generan muchos empleos, que México es su principal destino de exportación y que obtienen grandes beneficios para su país. Le hacen ver a Trump que México no estaría cumpliendo con sus compromisos.

López Obrador quiere ir a la Casa Blanca a dar las gracias, pero puede salir de ahí utilizado y hasta regañado… si atendemos a los alcances del impredecible Trump.