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Donald Trump no está para aprender de los errores fiscales y monetarios del pasado de su economía, porque, ni lo entiende, ni le interesa.

Lo que el Presidente de Estados Unidos quiere es que, en lo que resta de su periodo como Presidente, la economía crezca al costo que sea.

Porque, aunque conozca la historia reciente parece dispuesto a ignorarla para repetir los mismos errores.

El demócrata Bill Clinton pudo llevar en mayo de 1999 a cero el déficit presupuestal, pero un año después las tasas de interés ya andaban en 6.5 por ciento.

Al republicano George Bush Jr. le tocó enfrentar el 11 de septiembre del 2001 y eso cambió la suerte económica en la que, además del gasto fiscal, intervino la política monetaria que llevó las tasas a niveles, para ese momento, históricamente bajas.

Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal (Fed) bajó y subió las tasas de forma acelerada tras el impacto financiero del 11S y eso alentó otras calamidades como la crisis subprime.

Cuando la inflación empezó a elevarse ante el ridículo costo del dinero, la tasa interbancaria pasó de 1.0% en el 2004 a 5.25% en dos años y eso hizo imposibles de pagar muchos préstamos que nunca se debieron otorgar.

Otra vez llegó un demócrata al que le explotó la crisis financiera del 2008-2009 y dedicó su política fiscal a la corrección de los excesos republicanos y la política monetaria regresó a la laxitud total.

Cuando se empezaba a corregir la política monetaria dovish llegó la pandemia de Covid-19 y, de nueva cuenta, tanto la política fiscal como la monetaria se pusieron al servicio del salvamento económico.

Tras la pandemia, con sus estragos, se presentó una burbuja inflacionaria sin una recuperación plena de la economía, entonces la parte fiscal se mantuvo como el salvavidas, pero desde la Fed emprendieron una dura campaña contra la alta inflación.

A Jerome Powell, actual presidente de la Fed, designado por el propio Trump, le tocó desde el 2018, derrumbar las tasas, mantenerlas prácticamente en cero y después tomar vuelo muy rápidamente para combatir la burbuja inflacionaria.

Esta generación actual de banqueros centrales de Estados Unidos, con el gobernador Christopher Waller, candidato de Trump a suceder a Powell, incluido, saben lo complejo que ha sido ganar la actual guerra contra la alta inflación.

Este es uno de los momentos más complejos para un banquero central para equilibrar con pulso de cirujano el costo del dinero entre la alta inflación persistente y la baja en la creación de empleos.

Este viernes, el discurso más esperado de la reunión de Jackson Hole ( The Federal Reserve Bank of Kansas City’s Economic Symposium) es justamente del de Jerome Powell, quien deberá convencer de que tiene la estrategia para ese aterrizaje tan de alto riesgo.

El problema es que tiene frente a sí al tan intransigente como poderoso presidente Trump que quiere imponer su voluntad monetaria al costo que sea y eso es ruido puro para la correcta aplicación de la política monetaria.

Más que una defensa de Powell es el peligro de que aquellos que tienen toda la experiencia del pasado monetario reciente no puedan aplicar sus conocimientos ante la actitud imperial de La Casa Blanca.

Este viernes, el discurso más esperado de la reunión de Jackson Hole ( The Federal Reserve Bank of Kansas City’s Economic Symposium) es justamente el de Jerome Powell.