Es muy difícil, casi imposible, determinar algún periodo de la historia del Medio Oriente, la zona que irónicamente llaman fieles de tres diferentes religiones Tierra Santa, como ausente de conflictos bélicos extremos
Es muy difícil, casi imposible, determinar algún periodo de la historia del Medio Oriente, la zona que irónicamente llaman fieles de tres diferentes religiones Tierra Santa, como ausente de conflictos bélicos extremos. De paz, ni hablamos.
La guerra prolongada que ayer cumplió tres años de haber reventado de manera espectacular ha sido indudablemente el más cruento de los episodios intermitentes de un conflicto que tiene siglos de arrastrar rencores tribales, raciales, religiosos y de Estado: todos ellos incontrolables.
La mañana del 7 de octubre de 2023, el movimiento de resistencia islámica, cuyo acrónimo es Hamás, lanzó una ofensiva brutalmente coordinada desde la Franja de Gaza en contra de la zona fronteriza de Israel, con un inicio de cinco mil cohetes que no solamente dañaron las cercanías, sino que llegaron a zonas estratégicas como Tel Aviv, Bersheeba o Jerusalén. El operativo fue una mezcla de preparación militar fanatizada y una serie de informaciones mal interpretadas o menospreciadas por parte de los servicios de inteligencia de Israel, el Mossad, que tiene la fama de ser el más eficiente del mundo en su campo.
Más aún, vecinos como Egipto y Arabia Saudita habían advertido a Israel de los preparativos que estaba realizando Hamás para un golpe espectacular. El primer ministro Netanyahu, que había llegado al poder a inicios de 2023, desestimó las advertencias. Alrededor de cinco mil hombres de Hamás cruzaron la frontera en numerosos puntos, atacando objetivos militares y comunidades de los llamados kibutz, granjas colectivas de trabajo.
1,200 personas murieron del lado de Israel esos dos días de la ofensiva. Algunos fueron víctimas del llamado “protocolo Aníbal”, una instrucción secreta que instruye a los soldados de Israel a no permitir que uno solo de ellos sea tomado prisionero —aunque lo tenga que matar el fuego de sus propias tropas—, y que no se había aplicado en años. Aquí se puso en práctica.
251 civiles fueron tomados como rehenes y conducidos por la red de túneles de Hamás en la Franja de Gaza; sus destinos fueron secretos durante los meses siguientes, en los que Hamás e Israel, con mediación de medio mundo, negociaban el intercambio de prisioneros y de odios mutuos.
Lo demás es historia contemporánea.
La respuesta de Israel fue igualmente ruda. Palestina ha perdido cientos de miles de hombres, mujeres y niños, según sus propias fuentes, en los indiscriminados bombardeos de Israel sobre escuelas, hospitales y casas, en donde Israel supone había soldados de Hamás. El fuego llegó al vecino del norte, Líbano, en donde otro grupo islámico, el Hezbolá, tiene preeminencia.
La convicción de los Estados Unidos e Israel de que el régimen teocrático de Irán, la antigua Persia, tiene no solamente los recursos sino también la decisión de desarrollar bombas atómicas, hizo de este conflicto de la Franja de Gaza una guerra en la que —al querer o no— todos los países de la zona están involucrados, como militantes o como daño colateral.
Si el 6 de octubre de 2023 la deseada paz en el Medio Oriente se veía muy lejana, con el islam rabioso por los supuestos ultrajes a la mezquita de Al-Aqsa, que está en Jerusalén y es la tercera en importancia universal sólo superada por La Meca y Medina, hoy se ve como imposible.
Se supone que de Al-Aqsa se elevó al cielo el profeta Mahoma.
Y si viera lo que dejó aquí abajo…
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Coincidimos con mi hermano en la charla que no hay liderazgos políticos sólidos en el México de nuestro tiempo.
Desde luego, no en la oposición, si es que algo queda de ella, que pueda disputarle a Morena el mando del país.
Tampoco el partido gobernante abunda en prospectos: el único notorio, evidente, manifiesto, elogiado y mediáticamente expuesto es el jefe de la seguridad del Estado, Omar García Harfuch.
Nadie le discute su eminencia, capacidad o presencia.
Hasta que llega un supuesto correligionario suyo, Manuel Velasco, líder del Partido Verde Ecologista en el Senado, y sale con su batea de babas: “es como el Pedro Infante de la política”. No me defiendas, compadre.
El elogio es tan imbécil que fácilmente debe tomarse como una velada agresión con intención de quemarlo.
