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Hay algo muy tóxico en el ánimo público cuando una tragedia como la de Tlahuelilpan adquiere de inmediato el carácter de una batalla política contra el gobierno o a su favor.

El antigobiernismo es una pasión bien sembrada por muchas décadas en la opinión pública mexicana. Con buenas razones, quizá, pero con efectos desmesurados. Echarle la culpa al gobierno de todo lo que sucede es una especie de reflejo pavloviano de nuestra cabeza.

Llueva, truene o tiemble; por omisión, por comisión o por acumulación, el gobierno acaba siendo siempre responsable de los males.

El nuevo gobierno, experto como oposición en ejercer este antigobiernismo primario, lleva ya dos tragos de la misma amarga medicina.

Le gritaron asesino por la muerte en un accidente aéreo del matrimonio Moreno Valle: la gobernadora de Puebla, Erika Alonso, y el líder del PAN en el Senado, Rafael Moreno Valle.

Han empezado a culparlo por inacción en la tragedia de Tlahuelilpan, donde la explosión de un ducto de Pemex mató a 85 e hirió a otros tantos (últimas cifras al cerrar esta columna).

No existe todavía el peritaje del accidente aéreo ni el de la explosión de Tlahuelilpan, pero en ambos casos el gobierno ha sentido ya la mordida ciega del antigobiernismo, que en su momento ayudó a formar y utilizó cuanto pudo.

Los defensores del gobierno han salido al paso con una serpentina conspirativa igualmente ciega: atribuyen ambas tragedias, y las críticas al gobierno, a un proyecto de desestabilización orquestado para resistir, por todos los medios, los cambios que propone el nuevo gobierno.

Lo común a estos dos polos de imputación de culpas es que les importa poco la tragedia. Solo tienen ojos para ver cómo puede usarse la tragedia para defender o atacar al gobierno.

Nada tienen que ver tales reflejos con la crítica ni con el intento genuino de saber lo que sucedió. Tienen que ver con la inhumanidad política y con la ceguera maniquea, típica de la polarización.

Mientras no se demuestre lo contrario, y contra la pulsión de sospechar que corroe nuestra confianza pública, un accidente es un accidente y una tragedia, una tragedia.